Los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) habían pedido reunir a las más altas autoridades y expertos del mundo para discutir sobre un tema en crecimiento exponencial: la neurotecnología. Un trabajo similar al que ya habían realizado en 2021 con otra tecnología emergente similar: la Inteligencia Artificial.
Esta petición se concretó el pasado 11 de agosto, cuando los máximos representantes de diferentes países de todo el mundo se dieron cita en París para participar en la “Conferencia Internacional sobre la Ética de la Neurotecnología”, instancia a la que asistió la subsecretaria del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Carolina Gainza Cortés.
El objetivo de esta reunión fue consensuar una serie de recomendaciones globales para reglamentar y orientar el desarrollo de la neurotecnología, desde una perspectiva de la ética y el resguardo de los derechos humanos.
En dicha instancia la subdirectora General de Ciencias Sociales y Humanas de la Unesco, Gabriela Ramos, señaló que la neurociencia está ayudando a comprender y tratar problemas de salud como el alzheimer o el parkinson y también están siendo utilizadas en la industria. Sin embargo, estas aplicaciones pueden ser potencialmente dañinas por cuanto “los algoritmos nos permitirán descodificar los procesos mentales de las personas y manipular directamente los mecanismos cerebrales”.
Ante esta problemática, la subsecretaria Gainza, destacó durante su intervención que:
“La regulación debe estar enmarcada en una profunda reflexión sobre qué sociedad nos gustaría construir, que involucre a la ciudadanía, y no solo a las y los expertos, en una conversación pública sobre estos temas; una idea en la que hubo consenso al final de la reunión. El desarrollo de la neurociencia y la neurotecnología ha tenido avances excepcionales en los últimos años. Lo que antes parecía ciencia ficción, como la posibilidad de mapear nuestros pensamientos, acceder a recuerdos o controlar dispositivos electrónicos directamente con nuestra mente está cerca de convertirse en realidad, pero no está exento de riesgo”, insistió.
¿Cuáles son estos riesgos?
“Se trata de una tecnología que interactúa con el órgano donde están nuestros pensamientos, el cerebro, y eso nos obliga a plantearnos cuestiones de identidad, conciencia, el libre albedrío y qué significa ser humano. Si no se regulan adecuadamente, los desarrollos podrían representar una amenaza para los derechos humanos y la democracia. Teniendo en cuenta los avances de las neurotecnologías y la Inteligencia Artificial, es tiempo de que tengamos una discusión seria sobre cuál es la sociedad a la que queremos apuntar”, explicó Gainza.
¿Qué son los Neuroderechos?
Para entender mejor esta ley y comprender su impacto, debemos comenzar por entender qué son los neuroderechos. Son aquellos que conforman el marco jurídico de derechos humanos destinados específicamente a proteger el cerebro y su actividad a medida que se producen avances en neurotecnología.
Ahora bien, con neurotecnología nos referimos a cualquier tecnología que registre o interfiera con la actividad cerebral que, combinado con el machine learning y los avances actuales, podría tener el potencial de alterar nuestra sociedad.
Quizás esto pueda parecer salido de una película de ciencia ficción, pero hoy en día ya se están desarrollando tecnologías que interactúan con la mente humana y la información y pensamientos allí alojados.
Una de las empresas más reconocidas es Neuralink, fundada por Elon Musk, que cuenta con un proyecto de un sensor que busca tratar distintas enfermedades causadas por desórdenes neurológicos. Se trata de una minúscula sonda que contiene más de 3.000 electrodos conectados a hilos flexibles, que pueden monitorear la actividad de 1.000 neuronas cerebrales permitiendo así recoger en tiempo real la actividad cerebral registrada y enviarla a una computadora o smartphone para procesarla.
Otro ejemplo es el dispositivo cerebral desarrollado por científicos de la Universidad de California para ‘eliminar’ los pensamientos negativos a través de estimulación eléctrica. La investigación publicada a principios de mes demuestra su efectividad en el tratamiento de un paciente con depresión severa.



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