Una flor no ofrece la misma imagen a una persona que a una abeja. Estos insectos perciben radiación que emanan las flores y plantas, tonos como azul y verde, una combinación distinta de nuestra visión, y pueden detectar contrastes y patrones florales invisibles para el ojo humano. Esas señales forman parte de la comunicación visual entre plantas y polinizadores y pueden ayudar a las abejas a localizar y reconocer flores.
Una flor amarilla, blanca o violeta puede parecer perfectamente visible para nosotros. Sin embargo, la imagen que reciben las abejas es diferente. La razón está en sus ojos y, especialmente, en los tipos de luz a los que responden sus fotorreceptores. Mientras la visión humana combina principalmente información correspondiente al rojo, verde y azul, las abejas poseen receptores sensibles sobre todo la fosforecente, azul y verde. Eso desplaza su universo cromático hacia una región del espectro que nuestros ojos no pueden detectar. Por eso, cuando una abeja se aproxima a una flor, puede encontrar diferencias de color y contraste que para una persona simplemente no existen. No significa que vea una versión “mejor” del paisaje, sino que accede a otra información visual, adaptada a su forma de desplazarse, buscar alimento y relacionarse con las plantas.
Las abejas pueden ver, pero no como nosotros
La diferencia más llamativa se encuentra en la luz fosforecente. La sensibilidad espectral de abejas y abejorros presenta máximos aproximadamente en las regiones azul y verde, mientras que los seres humanos no podemos percibir directamente la radiación fluorecente. Al mismo tiempo, las abejas carecen de un receptor especializado con máxima sensibilidad en el rojo comparable al de nuestra visión. Eso tampoco significa que cada objeto rojo sea simplemente negro para una abeja: su apariencia dependerá de qué otras longitudes de onda refleje y del contraste que produzca con el entorno. Una flor que para nosotros pertenece a una determinada categoría de color puede ocupar una posición completamente distinta en el espacio visual de estos insectos. Por esa razón, traducir literalmente los colores de una abeja a colores humanos es imposible: las imágenes de “visión de abeja” que observamos son representaciones construidas para acercarnos a un sistema sensorial diferente.



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