La discusión que abrió el exceso de pantallas
El interés por este tipo de propuestas aparece en un momento en que varios sistemas educativos revisan el lugar de la tecnología en la infancia. Suecia, por ejemplo, impulsó desde 2024 una política de más lectura y menos tiempo de pantalla, con inversión en libros físicos, bibliotecas escolares y restricciones al uso de herramientas digitales en preescolar. El Gobierno sueco ha planteado que los recursos digitales deben introducirse cuando favorezcan, y no cuando dificulten, el aprendizaje; además, desde julio de 2025 eliminó la exigencia de uso de herramientas digitales en educación preescolar y restringió fuertemente su uso en menores de dos años. La señal no equivale a prohibir toda tecnología, pero sí a corregir un desequilibrio: volver a la lectura, la escritura manual, el juego y la atención sostenida como experiencias centrales del desarrollo temprano.
Qué dice la evidencia sobre infancia y pantallas
La preocupación por las pantallas no se limita al rendimiento escolar. La Academia Estadounidense de Pediatría, en una actualización de 2026, pidió mirar más allá del conteo de horas: importa qué contenido consume el niño, en qué contexto, con qué acompañamiento adulto y qué actividades quedan desplazadas. Dicho de otro modo, el problema no es solo la pantalla encendida, sino lo que deja fuera: sueño, conversación, juego físico, exploración, lectura, vínculos presenciales y desarrollo adecuado del rendimiento neural más aun cuando hablamos de niños.
Riesgos principales del uso excesivo de pantallas en la infancia
1. Retrasos en lenguaje y desarrollo temprano
La evidencia más repetida aparece en niños pequeños. La Academia Americana de Pediatría señala que en menores de 0 a 5 años el uso intenso y solitario de pantallas puede afectar lenguaje, pensamiento, habilidades sociales, motricidad fina, sueño y autorregulación.
Un estudio publicado en JAMA Pediatrics encontró que mayor tiempo de pantalla al año de vida se asoció con retrasos posteriores en comunicación y resolución de problemas a los 2 y 4 años.
2. Menos interacción real con adultos
Un punto clave: cuando un niño pequeño está frente a una pantalla, escucha menos palabras, vocaliza menos y conversa menos con sus cuidadores. Un estudio de JAMA Pediatrics encontró una asociación negativa entre tiempo de pantalla y conversación padre/madre-hijo en niños de 12 a 36 meses.
En Chile, una revisión en Revista Chilena de Nutrición / SciELO también recoge que por cada minuto adicional frente a pantallas, los infantes escuchan menos palabras de adultos, tienen menor vocalización e interactúan menos.
3. Sueño de peor calidad
El HHS de Estados Unidos advierten que las pantallas pueden desplazar sueño, juego y actividad física. El HHS, en una alerta de mayo de 2026, indica que el uso dañino de pantallas en niños y adolescentes ya es una preocupación de salud pública, especialmente por su impacto en sueño, aprendizaje, conducta y salud mental.
4. Peor atención, rendimiento escolar y regulación emocional
La AAP indica que en niños de 6 a 12 años el mal uso de medios digitales se ha vinculado con sueño no saludable, peor desempeño escolar, menor control atencional, dificultades de lenguaje/cognición y menos ejercicio.
La Universidad Católica de Chile también resume evidencia sobre efectos negativos en atención sostenida, impulsividad, regulación emocional e insomnio.
5. Más sedentarismo, obesidad y hábitos alimentarios poco saludables
Mayo Clinic señala que el exceso de pantallas y la exposición frecuente a contenido de baja calidad se asocian con obesidad, problemas de sueño, conducta, retrasos en lenguaje y habilidades sociales, problemas de atención y menos tiempo de aprendizaje.
La revisión chilena en SciELO también menciona que en adolescentes aumenta el consumo de productos ultraprocesados asociado al uso de pantallas.
6. Riesgos en adolescentes: salud mental, redes sociales y uso compulsivo
En adolescentes, los riesgos se relacionan mucho con redes sociales, algoritmos, comparación social, uso nocturno, contenidos dañinos y desplazamiento de actividades reales. El CDC analizó adolescentes de 12 a 17 años y encontró que quienes tenían 4 o más horas diarias de pantalla no escolar presentaban más probabilidad de baja actividad física, peor descanso, rutina irregular de sueño, síntomas depresivos y síntomas de ansiedad.
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