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PRISMA: el proyecto chileno que busca frenar la llegada de plantas invasoras a la Antárticalunes, 21 de septiembre 2026
PRISMA: el proyecto chileno que busca frenar la llegada de plantas invasoras a la Antártica
PRISMA es un proyecto chileno de 36 meses que prueba 10 plantas invasoras para crear un ranking de riesgo y reforzar la bioseguridad en la Antártica.
Innovación/Medio Ambiente
Por: Yexika Montilla | 20 de enero 2026 | 21:09
Pie de foto: En una cámara de crecimiento, investigadores de la Universidad de Talca simulan luz, temperatura y humedad antárticas para evaluar la germinación de 10 plantas invasoras.
Un equipo de la Universidad de Talca lidera PRISMA, una investigación de 36 meses que probará 10 plantas invasoras globales en cámaras de crecimiento con suelo antártico real. El proyecto medirá germinación y competencia para crear un ranking de riesgo que oriente protocolos de bioseguridad para turistas y bases científicas, con encuestas a visitantes y personal logístico. Participan el British Antarctic Survey y centros de Polonia, Sudáfrica, España y Finlandia.
A medida que los glaciares retroceden y crecen las áreas libres de hielo, la ventana de oportunidad para especies exóticas se ensancha. Con ese telón de fondo, la Universidad de Talca lanzó PRISMA, un estudio interdisciplinario de tres años que integra biología, ecología, genética, modelación y econometría para anticipar el riesgo de invasión vegetal en la Antártica. El equipo —liderado por Ian Acuña Rodríguez, del Centro de Ecología Integrativa— ensayará en laboratorio condiciones ambientales del continente blanco y levantará evidencia socioecológica para reforzar normas de prevención. La meta es convertir resultados científicos en insumos concretos para actualizar protocolos de limpieza y monitoreo en turismo y logística, fortaleciendo la incidencia de Chile en los foros del Sistema del Tratado Antártico. La iniciativa fue presentada con objetivos, cronograma y participación internacional a fines de 2025 e inicios de 2026.
La amenaza: cómo llegan las especies a la Antártica
La Antártica no es impermeable a las invasiones biológicas. Las semillas o fragmentos vegetales pueden viajar adheridos a ropa, calzado y equipos; también llegan como bioincrustaciones en cascos de buques o mezcladas en carga y suministros. La masificación del turismo y el crecimiento de campañas científicas elevan el riesgo: en la temporada 2023–24 se contabilizaron 122.072 visitantes, y para 2024–25 las estimaciones se mantienen por sobre las cien mil personas, cifras impensadas hace una década. Cada flujo humano multiplica puntos de entrada y dispersión potencial, especialmente en áreas costeras y sitios frecuentados por cruceros de expedición. Por eso, las guías de bioseguridad recomiendan limpiar metódicamente vestuario, mochilas y velcros, y revisar suelas con herramientas simples antes de cualquier desembarco. Prevenir la introducción es mucho más eficaz —y barata— que intentar erradicar una especie establecida en un ecosistema extremo.
La metodología: cámaras de crecimiento y suelo antártico real
PRISMA montará experimentos en cámaras de crecimiento que reproducen temperaturas, fotoperiodos y humedad de la Antártica, usando suelo real recolectado en terreno para maximizar la validez ecológica. El equipo evaluará 10 plantas invasoras globales —entre ellas Poa annua, Poa pratensis y Taraxacum officinale— para medir germinación, crecimiento y competencia frente a flora nativa bajo escenarios térmicos plausibles. La literatura reciente sugiere que la respuesta de no nativas depende del sustrato y del calentamiento, lo que justifica ensayos comparativos con distintos tipos de suelo y microhábitats. Además, se registrarán rasgos fisiológicos y asociaciones microbianas que podrían favorecer el establecimiento. Con estos datos, PRISMA calibrará modelos de idoneidad y expansión potencial en zonas actualmente libres de hielo, incorporando incertidumbre experimental. Los resultados alimentarán un sistema de puntuación transparente para orientar decisiones de bioseguridad y monitoreo.
El ranking de riesgo biológico: de la evidencia al protocolo
El “ranking PRISMA” clasificará especies según su probabilidad de ingresar, establecerse y competir con la flora nativa. Entre los criterios figuran tasa de germinación en condiciones antárticas, tolerancia térmica e hídrica, velocidad de crecimiento, presión propagular asociada al turismo y facilidad de dispersión. La puntuación también integrará impactos esperados en comunidades vegetales locales y en servicios ecosistémicos, priorizando medidas en sitios de mayor tráfico humano. La idea no es solo ordenar amenazas, sino traducirlas en “hojas de ruta” para limpiar, inspeccionar y, cuando proceda, restringir materiales, rutas o tiempos de visita. Esta lógica coincide con manuales y guías del Sistema del Tratado Antártico, que instan a prevenir transferencias antropogénicas de especies no nativas entre bioregiones. Un ranking operativo, con umbrales claros, facilita fiscalización y enfoque de recursos en temporadas altas.
El componente humano: encuestas y comportamiento en terreno
Las mejores normas fallan si no se cumplen. Por eso, PRISMA incorporará encuestas a turistas, tripulaciones y personal logístico para medir percepción de riesgo, hábitos de limpieza y puntos ciegos en operaciones cotidianas. Los cuestionarios —validados éticamente— recogerán información sobre preparación previa, materiales más propensos a transportar propágulos (velcros, fibras sintéticas, bolsillos interiores) y cumplimiento de protocolos a bordo y antes del desembarco. Con esta base, el equipo identificará brechas de capacitación y diseñará mensajes conductuales de “alto retorno” (checklists visibles, estaciones de limpieza, recordatorios de cabina). La modelación socioecológica conectará comportamiento con riesgo estimado por especie y sitio, de modo que la prevención no dependa solo de la voluntad individual, sino de sistemas que faciliten la conducta correcta en el momento preciso. La meta final: menos propágulos y más trazabilidad de acciones preventivas.
Evidencias y antecedentes: lo que ya sabemos (y preocupa)
La Antártica ya registra un “caso de estudio”: Poa annua logró establecerse de manera sostenida en la Antártica Marítima, interfiriendo con especies nativas y generando alertas regulatorias. Revisiones científicas y experimentos de laboratorio muestran que otras gramíneas y herbáceas cosmopolitas —como Holcus lanatus y Trifolium repens— exhiben crecimiento bajo condiciones subantárticas y marítimo-antárticas, lo que sugiere que el calentamiento amplía su rango potencial. La identificación de “puntos calientes” de entrada, como bahías de alta operación logística o destinos turísticos recurrentes, permite priorizar medidas y monitoreo genético temprano para distinguir propagaciones secundarias. En paralelo, el Comité para la Protección del Medio Ambiente ha emitido manuales y lineamientos para evitar introducciones y movimientos intra-Antártica, con un principio simple: conservar la biodiversidad evitando transportes no intencionales entre bioregiones.
Cooperación internacional y gobernanza: Chile en la mesa que decide
PRISMA se apoya en una red de colaboración que incluye al British Antarctic Survey y la Academia Polaca de Ciencias, además de universidades de Sudáfrica, España y Finlandia. Esta cooperación trasciende el laboratorio: los resultados se comunicarán en el Comité para la Protección del Medio Ambiente (CEP) y en la Reunión Consultiva del Tratado Antártico (ATCM), donde se debaten medidas de bioseguridad y educación para operadores y Estados Parte. Chile, como puerta de entrada al continente, puede traducir ciencia en diplomacia: proponer mejoras a listas de verificación, estándares mínimos de limpieza personal y de carga, y esquemas de reporte de incidentes. Al incorporar evidencia experimental y social, PRISMA busca que los ajustes normativos estén justificados y sean operables por guías, tripulaciones y bases que ya operan con altos estándares, pero enfrentan volúmenes crecientes de tránsito.
Educación y territorio: del Maule al Polo Sur
El proyecto integra el programa “Conexión Maule–Polo Sur” para acercar ciencia polar a escuelas rurales de la Región del Maule. La estrategia incluye charlas remotas con investigadores en campaña, kits de observación y actividades sobre prevención de especies exóticas en patios y huertos escolares. El aprendizaje por proyectos permitirá que estudiantes identifiquen “vectores” cotidianos —desde barro en zapatillas hasta semillas atrapadas en mochilas— y conecten esas prácticas con desafíos globales en la Antártica. Este enfoque formativo no es accesorio: la gobernanza ambiental se sostiene en comunidades informadas que toman decisiones basadas en evidencia. A la larga, los esfuerzos locales construyen cultura de bioseguridad y reducen riesgos en corredores logísticos, puertos y aeropuertos que conectan Chile con el continente blanco, cerrando el círculo entre investigación, educación y política pública.
Próximos pasos y cómo se medirá el éxito
El calendario de PRISMA prevé fases de laboratorio, salidas de terreno y análisis integrados para alimentar el ranking de riesgo y recomendaciones aplicables en la temporada siguiente. Éxito no será solo publicar artículos o completar encuestas, sino reducir la “carga propagular” por visitante, aumentar tasas de cumplimiento en limpieza y documentar protocolos mejorados en operadores turísticos y bases. Se espera, además, presentar insumos técnicos al CEP para fortalecer manuales y anexos sobre especies no nativas. En paralelo, el equipo liberará materiales de comunicación para usuarios de alta rotación —desde expedicionarios hasta personal de muelle— con mensajes claros, traducibles y auditables. La evidencia sugiere que, con guías estrictas y verificación simple, la Antártica puede seguir siendo un laboratorio natural único sin repetir historias de invasiones biológicas vistas en islas subantárticas.
Fuente: Universidad de Talca, British Antarctic Survey, Cooperativa Ciencia, Secretaría del Tratado Antártico, CEP


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