Un equipo de la Universidad de Talca lidera PRISMA, una investigación de 36 meses que probará 10 plantas invasoras globales en cámaras de crecimiento con suelo antártico real. El proyecto medirá germinación y competencia para crear un ranking de riesgo que oriente protocolos de bioseguridad para turistas y bases científicas, con encuestas a visitantes y personal logístico. Participan el British Antarctic Survey y centros de Polonia, Sudáfrica, España y Finlandia.
A medida que los glaciares retroceden y crecen las áreas libres de hielo, la ventana de oportunidad para especies exóticas se ensancha. Con ese telón de fondo, la Universidad de Talca lanzó PRISMA, un estudio interdisciplinario de tres años que integra biología, ecología, genética, modelación y econometría para anticipar el riesgo de invasión vegetal en la Antártica. El equipo —liderado por Ian Acuña Rodríguez, del Centro de Ecología Integrativa— ensayará en laboratorio condiciones ambientales del continente blanco y levantará evidencia socioecológica para reforzar normas de prevención. La meta es convertir resultados científicos en insumos concretos para actualizar protocolos de limpieza y monitoreo en turismo y logística, fortaleciendo la incidencia de Chile en los foros del Sistema del Tratado Antártico. La iniciativa fue presentada con objetivos, cronograma y participación internacional a fines de 2025 e inicios de 2026.
La amenaza: cómo llegan las especies a la Antártica
La Antártica no es impermeable a las invasiones biológicas. Las semillas o fragmentos vegetales pueden viajar adheridos a ropa, calzado y equipos; también llegan como bioincrustaciones en cascos de buques o mezcladas en carga y suministros. La masificación del turismo y el crecimiento de campañas científicas elevan el riesgo: en la temporada 2023–24 se contabilizaron 122.072 visitantes, y para 2024–25 las estimaciones se mantienen por sobre las cien mil personas, cifras impensadas hace una década. Cada flujo humano multiplica puntos de entrada y dispersión potencial, especialmente en áreas costeras y sitios frecuentados por cruceros de expedición. Por eso, las guías de bioseguridad recomiendan limpiar metódicamente vestuario, mochilas y velcros, y revisar suelas con herramientas simples antes de cualquier desembarco. Prevenir la introducción es mucho más eficaz —y barata— que intentar erradicar una especie establecida en un ecosistema extremo.
La metodología: cámaras de crecimiento y suelo antártico real
PRISMA montará experimentos en cámaras de crecimiento que reproducen temperaturas, fotoperiodos y humedad de la Antártica, usando suelo real recolectado en terreno para maximizar la validez ecológica. El equipo evaluará 10 plantas invasoras globales —entre ellas Poa annua, Poa pratensis y Taraxacum officinale— para medir germinación, crecimiento y competencia frente a flora nativa bajo escenarios térmicos plausibles. La literatura reciente sugiere que la respuesta de no nativas depende del sustrato y del calentamiento, lo que justifica ensayos comparativos con distintos tipos de suelo y microhábitats. Además, se registrarán rasgos fisiológicos y asociaciones microbianas que podrían favorecer el establecimiento. Con estos datos, PRISMA calibrará modelos de idoneidad y expansión potencial en zonas actualmente libres de hielo, incorporando incertidumbre experimental. Los resultados alimentarán un sistema de puntuación transparente para orientar decisiones de bioseguridad y monitoreo.



Suscribete
Twitter
Facebook
Instagram
Linkedin
Enviar