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Lluvias en floración de frutales: 7 revisiones clave para septiembre en Chile

sábado, 19 de septiembre 2026

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Lluvias en floración de frutales: 7 revisiones clave para septiembre en Chile

Lluvias en floración de frutales podrían llegar a 5–7 mm/h: revise fenología, drenaje, sanidad, suelo y labores antes del frente.

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AgroTips

Por: Constanza Sanhueza G. | 04 de septiembre 2026 | 14:46

Lluvias en floración de frutales: 7 revisiones clave para septiembre en Chile

Pie de foto: Lluvias en floración aumentan los riesgos sanitarios y productivos en los huertos frutales.

La presencia de la corriente del niño aumenta la probabilidad de lluvias intensas durante septiembre, octubre y noviembre de 2026 en la zona central y centro-sur de Chile. Para los huertos que avanzan en brotación, floración o cuaja, el riesgo no depende solo de cuántos milímetros caigan: también importa el estado del cultivo cuando llegue la lluvia. Siete revisiones permiten anticipar decisiones antes y después del evento.

Septiembre abre una etapa especialmente sensible para numerosos frutales. INIA Quilamapu advirtió el 24 de agosto que las precipitaciones primaverales asociadas a El Niño podrían alcanzar intensidades del orden de 5 a 7 milímetros por hora, además de presentarse episodios con viento o granizo.En floración, una lluvia intensa puede afectar directamente las flores y coincidir con condiciones de humedad favorables para problemas sanitarios. Por eso, la primera revisión debe ser 1. identificar el estado fenológico de cada cuartel: brotación, botón floral, plena floración o cuaja. La segunda es 2. comprobar drenajes y sectores donde se acumula agua, especialmente depresiones, caminos interiores y áreas con infiltración lenta. La lluvia es la misma, pero la vulnerabilidad puede cambiar incluso dentro de un mismo predio.

Flores, sanidad y polinizadores bajo vigilancia

La tercera revisión corresponde a 3. observar la sanidad de flores y tejidos. Investigadores de INIA Quilamapu señalaron en abril de 2026 que Botrytis cinerea y Monilinia spp. pueden colonizar tejidos florales y comprometer su viabilidad.El antecedente no implica realizar aplicaciones automáticas ante cada pronóstico, sino integrar historial sanitario, especie, estado fenológico y condiciones reales del huerto. El cuarto punto es 4. observar la actividad de los polinizadores. INIA también advierte que las condiciones de lluvia pueden limitar el trabajo de insectos polinizadores y reducir la eficiencia de la cuaja. En cultivos dependientes de abejas, registrar las horas efectivas de vuelo puede entregar información útil para interpretar posteriormente una floración o cuaja irregular.

Suelo, coberturas y labores antes de la lluvia

La quinta revisión es 5. comprobar la humedad del suelo antes de modificar el riego. Después de una precipitación importante, volver automáticamente al calendario habitual puede aportar agua cuando el perfil aún conserva suficiente humedad. INIA Intihuasi recomienda verificar directamente la condición del suelo antes de retomar el riego y revisar tranques, filtros y otros componentes cuando el agua haya transportado sedimentos. El sexto punto es 6. inspeccionar coberturas y macrotúneles, verificando tensores, roturas, anclajes y evacuación de agua. INIA ha señalado que estas estructuras pueden reducir la incidencia directa de las precipitaciones sobre cultivos como la cereza y frutilla. La protección, sin embargo, depende de que la infraestructura esté operativa antes del evento y no de descubrir sus fallas durante la lluvia.

La séptima revisión: ajustar las labores programadas

La última comprobación es 7. revisar qué trabajos están programados antes y después del frente. Poda, aplicaciones, ingreso de maquinaria y riego no deberían ejecutarse solo porque estaban anotados en el calendario. INIA Intihuasi recomienda, por ejemplo, evitar la poda entre tres y cuatro días antes de una lluvia para reducir riesgos asociados al ingreso de hongos por los cortes. Otra recomendación preventiva del instituto es evitar aplicaciones de plaguicidas durante las 48 horas previas a precipitaciones, debido al posible lavado de los productos. La ventana de 48 horas puede utilizarse así como una señal práctica: revisar primero fenología, drenaje, suelo, sanidad, polinizadores, coberturas y labores; después del evento, volver a observar antes de reactivar trabajos. 

Septiembre cambia entonces la pregunta que conviene hacerse en el campo. Ya no es solamente “¿va a llover?”, sino “¿en qué estado estará mi cultivo cuando llueva?”. Una precipitación puede ayudar a recuperar reservas hídricas y, al mismo tiempo, convertirse en un problema si coincide con una floración sensible. El AgroTip es simple: convertir cada pronóstico en una revisión del huerto y cada revisión en una decisión mejor informada.

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