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El cinturón verde del planeta se desplaza al noreste, según un estudio en PNAS

sábado, 19 de septiembre 2026

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El cinturón verde del planeta se desplaza al noreste, según un estudio en PNAS

Cinturón verde del planeta se mueve al noreste: en julio alcanza Islandia y en marzo Liberia, pero ya no regresa al mismo punto.

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Cambio Climático

Por: Yexika Montilla | 26 de febrero 2026 | 09:58

El cinturón verde del planeta se desplaza al noreste, según un estudio en PNAS

Pie de foto: El pulso de la biosfera cambia de rumbo: el “centro verde” de la Tierra —medido por satélite— muestra un desplazamiento sostenido hacia el noreste.

La vegetación terrestre, vista desde satélite, forma una “ola verde” estacional cuyo centro de masa puede calcularse como si cada zona tuviera un peso proporcional a su densidad foliar. Un trabajo publicado en PNAS detecta que ese “centro verde” no solo oscila cada año entre el Atlántico Norte y África occidental: también muestra un desplazamiento sostenido hacia el noreste y una componente hacia el este que no se había reportado antes. El método busca condensar en una sola trayectoria el pulso global de la biosfera y conectar ese movimiento con cambios en clima, uso del suelo y dinámica de ecosistemas. 

La Tierra respira por estaciones, pero su respiración vegetal ya no es un vaivén simétrico. Un equipo liderado por la Universidad de Leipzig, el Centro Alemán para la Investigación Integrativa de la Biodiversidad (iDiv) y el Helmholtz Centre for Environmental Research (UFZ) ha propuesto una forma de medir el “latido” del verdor global como una trayectoria: el centro de masa del cinturón verde. Al seguirlo durante décadas con observaciones satelitales y datos de modelos, hallaron una señal doble: la ola verde se desplaza de forma consistente hacia el norte en todas las estaciones y, además, avanza hacia el este con una aceleración que sorprende incluso a sus autores. La idea, dicen, no es solo describir un fenómeno: es aportar una brújula que permita comparar regiones, periodos y causas con una misma escala.

Una brújula para resumir la complejidad del verdor

El concepto es tan físico como intuitivo: imaginar un globo perfecto al que se le adhieren “pesos” donde hay hojas, de modo que el planeta se equilibraría apuntando hacia el punto donde se concentra la masa verde. Ese punto —el “centro verde”— se calcula matemáticamente a partir de medidas de verdor y se sigue en el tiempo para reconstruir una trayectoria. El estudio lo presenta como un intento de crear una métrica unificada de la fenología global (los ritmos estacionales de la vegetación) y de sus tendencias direccionales. En términos técnicos, el objetivo es comprimir millones de píxeles y biomas en una señal que conserve dirección, velocidad y cambios de amplitud. En palabras del investigador Gustau Camps-Valls (Universitat de València), el enfoque “comprime la complejidad de la biosfera en un único latido”. 

Dónde está el “centro verde” en julio y en marzo

La nueva brújula no elimina el ciclo anual: lo hace visible de otra forma. En ritmo con las estaciones, el verdor se desplaza como una ola entre hemisferios, y el centro de esa ola oscila entre dos puntos de referencia que el trabajo identifica con claridad. La posición más septentrional se alcanza a mediados de julio en el Atlántico Norte, cerca de Islandia; la más meridional se sitúa en marzo frente a la costa de Liberia. Es, en cierto modo, la firma geográfica del calendario vegetal planetario: un movimiento que, año tras año, se repite… pero ya no vuelve exactamente al mismo lugar. A partir de varias décadas de datos, la trayectoria muestra un corrimiento progresivo que sirve para medir, con unidades espaciales, cómo se reorganiza el verdor terrestre en el tiempo. 

La sorpresa: el este entra en escena

El giro inesperado no fue únicamente hacia el norte. Al cruzar décadas de información, el equipo detectó un desplazamiento hacia el este que describe como un fenómeno no reportado previamente y que, además, estaría acelerándose. La hipótesis de trabajo apunta a “hotspots” de reverdecimiento en regiones orientales y euroasiáticas —India, China y Rusia aparecen como focos destacados en la comunicación institucional—, capaces de “tirar” del centro de masa global como lo haría un contrapeso. El hallazgo obliga a afinar la lectura: la ola verde no es solo un termómetro del calentamiento, también puede reflejar cambios regionales en productividad, manejo del suelo o recuperación de coberturas vegetales. Precisamente por eso, los autores insisten en que la componente oriental es una pista que requiere más investigación causal, no un veredicto definitivo.

CO₂, temporadas más largas y un patrón asimétrico entre hemisferios

El trabajo se inscribe en el debate sobre el reverdecimiento global, entendido como el aumento general de densidad vegetal observado en distintos registros. En la explicación de fondo aparecen dos mecanismos que suelen citarse juntos: el CO₂ atmosférico como “fertilizante” que potencia la fotosíntesis y el calentamiento que prolonga temporadas de crecimiento en muchas regiones. Sin embargo, el resultado más incómodo para la intuición inicial fue la asimetría: los autores habían planteado la posibilidad de un corrimiento hacia el sur en el verano austral, pero no lo observaron. En cambio, reportan que el centroide se mueve hacia el norte incluso durante el verano del hemisferio sur, y que ese desplazamiento austral supera de forma consistente al boreal en los conjuntos de datos analizados. Esa combinación reduce la amplitud total de la trayectoria y, según proyecciones, podría intensificarse durante el siglo.

Más allá del verdor: medir “olas” del sistema terrestre

El método no pretende quedarse en la vegetación. La misma lógica del centro de masa puede adaptarse para rastrear otras “olas” planetarias: una “ola azul” vinculada a variables oceánicas o una “ola roja” asociada a anomalías térmicas, como olas de calor. La promesa es práctica: si la biosfera cambia por sequías, incendios, cambios de uso del suelo o variabilidad climática, una métrica comparable ayudaría a detectar cuándo el sistema entra en una nueva fase. La comunicación de la Universitat de València lo resume como el inicio de una herramienta multidimensional para monitorizar el pulso del planeta y conectar procesos que suelen estudiarse por separado. En ese cruce —clima y biosfera, tierra y océano, estación y tendencia— la trayectoria del “centro verde” funciona como un indicador sintético: no sustituye a los mapas detallados, pero permite seguir la dirección del cambio con una sola mirada.

Preguntas Frecuentes

Fuente: PubMed, iDiv, Universitat de València

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