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Universidad del Quindío instala “hoteles” para abejas nativas en Armenia

domingo, 13 de septiembre 2026

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Universidad del Quindío instala “hoteles” para abejas nativas en Armenia

Los nuevos “hoteles para abejas” y jardines polinizadores impulsan conservación y ciencia ciudadana.

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Apicultura

Por: Yexika Montilla | 27 de noviembre 2025 | 16:29

Universidad del Quindío instala “hoteles” para abejas nativas en Armenia

Pie de foto: Hotel para abejas hecho con madera reciclada y cañas en la Universidad del Quindío, ofrece cavidades de 2–10 mm para abejas solitarias y otros polinizadores.

La Universidad del Quindío - Colombia - desplegó una red de “hoteles” y jardines para polinizadores en su campus de Armenia. El proyecto —liderado por Mónica Patricia Valencia Rojas, junto a Delly Rocío García y Óscar Humberto Marín— combina conservación y educación ambiental. La evidencia internacional estima que cerca del 75% de los cultivos alimentarios del mundo dependen, en alguna medida, de la polinización animal, hoy amenazada por pérdida de hábitat y pesticidas.

En junio de 2025, un equipo de docentes y estudiantes del programa de Biología puso en marcha tres “hoteles para polinizadores” en puntos estratégicos del campus: la entrada del sendero Cedro Rosado, la esquina noroccidental de la pista de atletismo y un tercero sobre la carrera 15, para hacerlos visibles a la ciudadanía. La iniciativa se concibió con un doble objetivo: crear refugios de nidificación para abejas solitarias y otros insectos benéficos, y usar esas estructuras como aulas abiertas para derribar mitos, despertar curiosidad y sumar a la comunidad universitaria al monitoreo ecológico. La universidad formalizó la inauguración el 16 de septiembre de 2025 y detalló la alianza institucional que respalda el proyecto, con participación del Jardín Botánico del Quindío y dependencias académicas y de extensión de la propia UQ.

Cómo funcionan los “hoteles”: diseño, materiales y jardines

Los refugios fueron construidos con madera reutilizada de podas internas y sustratos mixtos —arcilla, guadua/bambú y paja—, perforados con cavidades de distintos diámetros para atraer un rango de especies solitarias. La literatura técnica sugiere incluir orificios entre 2 y 10 milímetros (preferencia de 3–5 mm) y mantener las piezas secas, firmes y orientadas al sol suave, criterios que el equipo adoptó en su diseño. El entorno inmediato se enriqueció con jardines de plantas nativas y naturalizadas, buscando floración escalonada durante el año y una paleta cromática que favorezca la visita de abejas —con énfasis en azules, violetas y blancos—, colores documentados como especialmente visibles para estos insectos. La combinación de cavidades seguras y alimento cercano aumenta la probabilidad de ocupación y reduce el est.és por competencia en hábitats urbanos fragmentados.

Abejas nativas vs. Apis mellifera: por qué importa distinguirlas

En Colombia conviven cientos de especies de abejas nativas —muchas solitarias— con Apis mellifera, la abeja europea introducida por colonos a partir del siglo XVII. Esta última, social y manejada por la apicultura, forma colonias muy numerosas, lo que puede intensificar la competencia por recursos florales en periodos de escasez. Reconocer la diversidad local, desde las meliponinas o abejas sin aguijón —como Tetragonisca angustula (“angelita”)— hasta halíctidos y megachílidos, resulta clave para diseñar intervenciones urbanas que no solo “pongan cajas”, sino que respondan a los requerimientos de nidificación y alimentación de las especies realmente presentes en el territorio. Además, varias mieles de abejas nativas tienen usos tradicionales y propiedades fisicoquímicas particulares que sustentan prácticas de conservación y producción a pequeña escala con identidad cultural [6][7].

Resultados preliminares: 54 nidos en dos meses y huéspedes inesperados

A los dos meses de instaladas las estructuras, el equipo reportó 54 nidos activos en los refugios del campus, un indicador temprano del valor de estas microinfraestructuras cuando se combinan con jardines funcionales. Entre los primeros “huéspedes” se confirmaron abejas solitarias de la familia Halictidae y avispas de la familia Sphecidae, ambas con roles en control biológico y polinización. La universidad adelantó que los hoteles son la columna vertebral de un plan de investigación con tres ejes: inventariar abejas en diez puntos del norte de Armenia, identificar las plantas más visitadas y desarrollar estrategias de apropiación social del conocimiento. El interés ciudadano creció al ritmo de los hallazgos, con pedidos para replicar la experiencia en colegios y otros espacios públicos del municipio y del departamento.

Ciencia ciudadana: escuchar, mirar y registrar a las abejas

La estrategia se apoya en herramientas de ciencia ciudadana para ampliar el muestreo y acelerar el aprendizaje colectivo. Estudiantes y vecinos utilizan iNaturalist para subir fotografías y georreferenciar encuentros con abejas, lo que facilita validaciones por especialistas y la construcción de listas locales de especies. En paralelo, cada hotel incluye códigos QR que remiten a audios y materiales didácticos, y se realizan actividades lúdicas —desde experimentar cómo ven las flores con “gafas UV” hasta poesía colaborativa— para traducir conceptos ecológicos en experiencias memorables. Esta combinación de datos abiertos y educación experiencial mejora la percepción de seguridad frente a abejas no agresivas y fomenta cuidados básicos del hábitat urbano, como evitar fumigaciones indiscriminadas o preservar sustratos y hojarasca útiles para nidificación.

Contexto global: la Iniciativa Internacional de Polinizadores y el 75%

El proyecto uniquindiano se alinea con marcos internacionales vigentes. Desde 2000, el Convenio sobre la Diversidad Biológica impulsa la Iniciativa Internacional de Polinizadores (IPI), coordinada por la FAO, que en su fase 2.0 (Plan de Acción 2018–2030) promueve acciones coordinadas para conservar polinizadores gestionados y silvestres, sus hábitats y los servicios que prestan a los sistemas agroalimentarios. Organismos de Naciones Unidas y evaluaciones científicas intergubernamentales han sintetizado el estado del conocimiento: alrededor del 75% de los cultivos alimentarios del mundo dependen, en distinta medida, de animales polinizadores, y casi el 90% de las plantas silvestres con flores también los requieren, de ahí que su declive tenga implicancias ecosistémicas y económicas a escala planetaria.

Próximos pasos: métricas, mantenimiento y réplica local

El equipo plantea consolidar un protocolo de seguimiento que mida ocupación por diámetro de cavidad, riqueza y abundancia de especies por temporada, y uso floral en los jardines, además del efecto educativo en percepciones y conductas de la comunidad. En lo práctico, el mantenimiento incluye reemplazar cañas deterioradas, limpiar cavidades desocupadas al final del ciclo y mantener techumbres y anclajes firmes y secos. A escala de ciudad, la replicabilidad exige tres condiciones sencillas: elegir sitios con resguardo y sol suave, plantar nativas de floración escalonada y evitar pesticidas de amplio espectro en radio de unas decenas de metros. Las guías internacionales para espacios urbanos —parques, campus y jardines— ofrecen recomendaciones transferibles y de bajo costo para gobiernos locales, instituciones educativas y juntas de acción comunal.

Fuente: Univ. del Quindío, IPBES, USGS, iNaturalist, FAO

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