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Un estudio revela qué tipo de cocción aumenta más los carotenoides del tomate y la zanahoriadomingo, 13 de septiembre 2026
Un estudio revela qué tipo de cocción aumenta más los carotenoides del tomate y la zanahoria
La investigación de la Universidad de Sevilla compara cómo horno, microondas y freidora de aire alteran los carotenoides de tomate y zanahoria.
Alimentación Saludable
Por: Yexika Montilla | 07 de marzo 2026 | 15:17
Pie de foto: La forma de cocinar también importa: técnicas como el horno o la freidora de aire pueden mejorar la disponibilidad de carotenoides en alimentos como el tomate y la zanahoria.
Investigadores del Laboratorio de Color y Calidad de Alimentos de la Universidad de Sevilla analizaron cómo distintos métodos de cocinado modifican la bioaccesibilidad de carotenoides en tomate y zanahoria. El trabajo observó aumentos relevantes frente al consumo en crudo y también diferencias claras en eficiencia energética según la técnica usada. En zanahoria, el horno disparó la fracción potencialmente absorbible; en tomate, los mejores resultados se asociaron a la freidora de aire y al horno convencional. Los resultados fueron difundidos por la propia universidad y se apoyan en dos artículos publicados en Food & Function y Food Chemistry.
Durante años, buena parte de la conversación nutricional se resumió en una idea simple: cuanto menos se toque una verdura, mejor. El nuevo trabajo difundido por la Universidad de Sevilla matiza esa intuición con datos bastante más concretos. No siempre comer crudo equivale a aprovechar más nutrientes. En el caso del tomate y la zanahoria, cocinar puede aumentar la cantidad de carotenoides que quedan potencialmente disponibles para ser absorbidos por el organismo tras la digestión, un parámetro que los investigadores describen como bioaccesibilidad. El punto importante no es solo que el calor altere el alimento, sino cómo lo hace y con qué equilibrio entre tiempo, temperatura y consumo eléctrico. Ahí aparece el concepto que vertebra el hallazgo: una cocina que no pienda solo en sabor o textura, sino también en rendimiento nutricional y energético.
Qué midieron exactamente los investigadores y por qué importa
El equipo del Laboratorio de Color y Calidad de Alimentos estudió distintos métodos de cocinado en tomates y zanahorias, dos hortalizas muy presentes en la dieta y relevantes por su contenido en carotenoides. Estos compuestos incluyen pigmentos conocidos y otros incoloros, y varios de ellos tienen interés nutricional porque algunos actúan como precursores de la vitamina A. La clave del estudio no fue medir únicamente cuánto carotenoide queda en el alimento tras cocinarlo, sino cuánto de ese contenido pasa a ser potencialmente accesible para la absorción después de una digestión simulada. Esa diferencia cambia por completo la lectura práctica. Un alimento puede perder parte de un compuesto durante el calentamiento y, aun así, ofrecer una fracción más aprovechable para el cuerpo. La literatura científica ya venía apuntando en esa dirección para distintos procesos térmicos, pero estos trabajos lo aterrizan con detalle en zanahoria y tomate y añaden además una comparación de eficiencia energética.
En la zanahoria, el horno logró el mayor salto en bioaccesibilidad
Los datos más vistosos del estudio aparecen en la zanahoria. Según la nota de la Universidad de Sevilla y el artículo de Food & Function, la bioaccesibilidad total de carotenoides llegó a multiplicarse aproximadamente por nueve cuando este alimento se cocinó en horno convencional, en comparación con la zanahoria cruda. La cifra es potente porque rompe con la idea de que el tratamiento térmico degrada de forma lineal el valor nutricional. En realidad, el calor puede ablandar tejidos y favorecer la liberación de compuestos atrapados en la matriz vegetal, lo que mejora su disponibilidad durante la digestión. El propio artículo científico describe aumentos estadísticamente significativos de la bioaccesibilidad total en distintos tratamientos, aunque el horneado destacó especialmente en este alimento. No significa que toda zanahoria cocinada sea automáticamente “mejor” en cualquier contexto, pero sí que la técnica usada cambia de forma sustancial el aprovechamiento potencial de estos compuestos.
En el tomate, la freidora de aire y el horno convencional quedaron arriba
El tomate mostró un patrón distinto. En este caso, la Universidad de Sevilla informó de que los valores máximos de bioaccesibilidad se obtuvieron cocinando tanto en freidora de aire como en horno convencional, sin diferencias significativas entre ambos métodos para ese resultado principal. La nota concreta además dos condiciones de referencia: freidora de aire a 190 grados durante 10 minutos y horno convencional a 180 grados durante 20 minutos. El aumento frente al tomate crudo fue más moderado que en la zanahoria, pero siguió siendo significativo. El registro que difundió la universidad habla de una multiplicación por 1,5 de la bioaccesibilidad total, mientras que la monografía de la Red Española de Carotenoides resume aumentos del 51,8 % en horno y del 38 % en freidora de aire, una diferencia de formulación que conviene leer como dos maneras de expresar el mismo tipo de mejora, no como una contradicción frontal. En todo caso, el mensaje práctico es estable: cocinar tomate puede aumentar la fracción potencialmente absorbible de carotenoides.
La vitamina A aparece en el fondo del hallazgo, pero sin convertirlo en milagro
Uno de los ángulos más delicados del estudio es su relación con la vitamina A. Los investigadores destacan que varios carotenoides presentes en estos alimentos son precursores de esa vitamina, un nutriente esencial implicado en funciones como la visión, la respuesta inmunitaria y el mantenimiento de tejidos. La Universidad de Sevilla subraya que, en el tomate, la bioaccesibilidad de carotenoides precursores como el alfa-caroteno y el beta-caroteno aumentó de forma muy marcada bajo ciertas condiciones térmicas. Ese dato refuerza la relevancia del hallazgo, pero no conviene traducirlo en promesas simplistas del tipo “esta cocción cura carencias” o “un electrodoméstico vuelve un alimento mucho más saludable por sí mismo”. Lo que muestran estos trabajos es una mejora del acceso potencial a compuestos de interés nutricional dentro de una digestión in vitro estandarizada. Es un avance valioso para pensar mejor la cocina cotidiana, no una licencia para exagerar beneficios individuales sin contexto dietético general.
La gran novedad no está solo en los nutrientes: también en la electricidad
El elemento más original de la investigación quizá no sea el nutricional, sino el energético. La propia universidad presenta estos resultados como una forma de avanzar hacia el concepto de “cocinado sostenible”, entendido como aquel que mejora el acceso a compuestos beneficiosos sin disparar el consumo de electricidad.
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En zanahoria, el microondas fue la técnica más eficiente desde ese punto de vista y permitió una reducción del 96 % del consumo eléctrico respecto al horno convencional, según la nota institucional.
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En tomate, la freidora de aire no solo alcanzó los valores máximos de bioaccesibilidad descritos por el equipo, sino que además permitió una reducción del 80 % del consumo energético frente al horno.
Este cruce entre nutrición y energía vuelve el tema especialmente atractivo para lectores que buscan utilidad real: no se trata solo de si una técnica “mejora” un alimento, sino de si lo hace de manera razonable en tiempo, gasto y resultado nutricional.
Lo que este trabajo sí permite decir sobre la cocina de cada día
Sí, la forma de cocinar importa. Sí, en determinados alimentos y bajo determinadas condiciones, el calentamiento puede aumentar la bioaccesibilidad de compuestos valiosos. Y sí, algunos métodos domésticos pueden ofrecer un equilibrio mejor entre calidad nutricional y consumo energético. Pero el trabajo no autoriza a convertir una freidora de aire en un símbolo universal de alimentación saludable ni a despreciar cualquier consumo en crudo. Lo razonable es entender que la cocina modifica la estructura del alimento, que esa modificación puede ayudar o perjudicar según el compuesto y la matriz vegetal, y que conviene pensar en técnicas adaptadas a cada caso. En tomate y zanahoria, la evidencia reunida por el grupo sevillano apunta a que cocinar bien puede ser una estrategia inteligente, sobre todo cuando se busca combinar aprovechamiento nutricional con eficiencia doméstica.
Preguntas Frecuentes
Fuente: Universidad de Sevilla, Food & Function, PubMed, Red Española de Carotenoides CaRED


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