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Techint construye la mayor planta de desalinización para la minería en Chiledomingo, 13 de septiembre 2026
Techint construye la mayor planta de desalinización para la minería en Chile
Techint levanta en Tocopilla una planta desalinizadora de US$1000 millones para Codelco y la minería chilena. (
Nacional
Por: Yexika Montilla | 30 de septiembre 2025 | 15:21
Pie de foto: La planta desalinizadora de Techint en Tocopilla es la primera gran obra de este tipo en la minería chilena y será clave para que en 2034 dos tercios del agua minera provenga del mar.
Chile apuesta a que en 2034 dos tercios del agua usada en la minería provenga del mar. En Tocopilla, Techint Ingeniería y Construcción levanta una planta de desalinización de US$1000 millones para abastecer a Codelco. El megaproyecto, uno de los más complejos en la historia de la compañía, también podría beneficiar a futuros yacimientos de cobre en Argentina.
A 1500 kilómetros al norte de Santiago, en la región de Antofagasta, Techint Ingeniería y Construcción desarrolla una obra destinada a transformar la provisión de agua en la principal industria chilena: la minería del cobre. Chile produce cerca de 5,7 millones de toneladas anuales, un cuarto de la oferta mundial. Para garantizar su sostenibilidad, el país fijó como meta que en 2034 el 66% del consumo hídrico de la minería provenga del océano Pacífico, frente al 43% actual. Hace apenas once años, más del 90% del agua utilizada procedía del deshielo cordillerano. La presión social por el uso de recursos hídricos destinados a consumo humano llevó a que empresas e instituciones impulsaran alternativas más sostenibles, como la desalinización. Hoy existen 24 plantas en funcionamiento, y casi el 80% de su producción se destina a la minería.
Inversión millonaria y actores internacionales
El proyecto de Techint se ubica en Tocopilla, localidad marcada en el pasado por cinco centrales térmicas, de las cuales cuatro ya cerraron. La inversión asciende a US$1000 millones, financiados por un consorcio de 14 bancos internacionales. El cliente principal es Aguas Horizonte, integrado por la japonesa Marubeni y la privada Transelec, con capitales canadienses y chinos. El contrato garantiza la provisión de agua industrial durante veinte años a la estatal Codelco, que aporta el 20% del cobre chileno. La magnitud del financiamiento obligó a la empresa a cumplir exigentes estándares de construcción y sostenibilidad. El megaproyecto no solo busca asegurar el abastecimiento minero, sino también instalar un modelo replicable en la región andina, donde la escasez de agua se ha convertido en un desafío creciente para la explotación de minerales estratégicos.
La obra en Tocopilla: técnica y desafíos
El corazón del proyecto comienza en el Pacífico, con la instalación de dos tuberías de 1,8 metros de diámetro y 740 metros de largo para captar agua de mar a casi 100 metros de profundidad. Un tercer ducto, de descarga, devuelve la salmuera a 540 metros de la costa mediante difusores diseñados para reducir el impacto en la biodiversidad marina. El tendido de las tuberías implicó el trabajo de cinco embarcaciones y medio centenar de buzos, que prepararon el lecho rocoso mediante explosiones controladas. En el extremo de captación se ancló una estructura de hormigón de ocho metros de diámetro y siete de altura que filtra los residuos sólidos. La conducción de agua hacia tierra se conecta a la planta desaladora por un túnel excavado bajo la ruta nacional 1, garantizando seguridad en la operación. El diseño contempla capacidad inicial de 840 litros por segundo, pero puede ampliarse a casi 2000 en función de la demanda futura de la minería.
Captación y bombeo a gran escala
Desde la planta, el agua procesada se impulsa por un acueducto de 160 kilómetros hasta tres minas estratégicas: Radomiro Tomic, Chuquicamata —la mayor mina de cobre a cielo abierto del mundo— y Ministro Hales. Todas son operadas por Codelco. El acueducto se apoya en tres estaciones de bombeo y en una primera etapa debió superar un desafío monumental: ascender un farellón de mil metros de altura en apenas tres kilómetros de recorrido. Para ello se instaló un cablecarril capaz de transportar cargas de hasta 14 toneladas, lo que permitió realizar soldaduras y excavaciones manuales en terrenos con pendientes de hasta 39 grados. El sistema de ósmosis inversa se organiza en cuatro trenes con capacidad de 210 litros por segundo cada uno, totalizando los 840 l/s previstos. La complejidad de la ingeniería convirtió a la obra en la primera en adjudicar a una sola empresa todas las etapas: desde la toma marina hasta la instalación eléctrica.
Impacto regional y proyección hacia Argentina
La megaobra no se limita al territorio chileno. La experiencia tecnológica podría replicarse en los proyectos de cobre que avanzan en exploración en el norte argentino. Según Alejo Calcagno, director de Operaciones del Área Sur de Techint, “los yacimientos de cobre en Chile y Argentina están empatados, en muchos casos son binacionales”. A medida que los emprendimientos evolucionen, podrían abastecerse del agua industrial chilena o desarrollar sistemas paralelos. En caso contrario, la alternativa sería trasladar agua desde el río Paraná, con costos significativamente mayores. Este escenario abre la puerta a una integración regional en torno a la infraestructura hídrica, potenciando la competitividad de ambos países en el mercado global del cobre, un mineral clave para la transición energética.
Techint y Codelco: un modelo integrado inédito
El consorcio Aguas Horizonte adjudicó a Techint la totalidad del proyecto, desde la obra marina hasta el acueducto de 160 km y las instalaciones eléctricas de alta tensión. Para la compañía argentina, dirigida por Paolo Rocca, es la primera experiencia en construcción de plantas desalinizadoras de esta escala. La obra cuenta con la supervisión de profesionales jóvenes, como la ingeniera química Martina Smocovich, de 32 años, a cargo de las operaciones marinas junto con la empresa subcontratista Belfi. La coordinación con Codelco asegura que el suministro alcance de manera eficiente a tres minas responsables de gran parte de la producción nacional. “Es la primera vez que en minería se adjudica a una sola empresa todo el proyecto integrado”, explicó Rodrigo Larralde Campos, director adjunto del emprendimiento. La visita del presidente Gabriel Boric en 2023 evidenció la relevancia política y social del proyecto para Chile.
Energía y sustentabilidad del sistema
El consumo energético de la obra asciende a 45 MW, provistos principalmente por la planta solar Tamaya, que reemplazó a las antiguas centrales térmicas de Tocopilla. Este cambio refuerza el carácter sostenible del proyecto y se alinea con los objetivos climáticos de Chile. La transición energética en la región de Antofagasta se refleja en el cierre de cuatro de las cinco centrales a carbón que funcionaban en la zona. La combinación de desalinización y energía solar convierte a este emprendimiento en un caso emblemático de reconversión productiva, donde una localidad históricamente asociada a la generación térmica ahora se proyecta como un polo de innovación hídrica y energética. De esta forma, la obra no solo garantiza agua para la minería, sino que también fortalece el compromiso ambiental y la aceptación social en comunidades tradicionalmente críticas frente al consumo de agua continental en los proyectos extractivos.
Perspectivas a futuro y replicabilidad del modelo
La desalinización se consolida como un elemento clave para sostener la producción de cobre en el desierto más árido del mundo. La posibilidad de ampliar la capacidad a casi 2000 litros por segundo demuestra la visión de largo plazo con la que se diseñó el sistema. En paralelo, la experiencia adquirida abre un camino de cooperación regional, donde Argentina podría aprovechar el know how chileno para potenciar sus propios proyectos mineros. Si la transición energética global sigue acelerándose, la demanda de cobre crecerá en proporciones históricas y los sistemas de abastecimiento hídrico serán determinantes para la competitividad. Tocopilla se convierte así en un caso de estudio sobre cómo la ingeniería, la inversión internacional y la planificación estatal pueden articularse para enfrentar desafíos ambientales y productivos de escala continental.


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