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SAG confirma caso de influenza aviar H5N1 en aves de traspatio de Melipilla

domingo, 13 de septiembre 2026

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SAG confirma caso de influenza aviar H5N1 en aves de traspatio de Melipilla

Influenza aviar H5N1 en Melipilla: SAG detecta foco en traspatio tras mortalidad de aves y refuerza vigilancia ante nuevos casos en zona central.

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Avícola

Por: Yexika Montilla | 19 de marzo 2026 | 15:51

SAG confirma caso de influenza aviar H5N1 en aves de traspatio de Melipilla

Pie de foto: SAG confirma influenza aviar H5N1 en aves de traspatio en Melipilla, activando protocolos sanitarios y reforzando la vigilancia para contener el brote en la zona central de Chile

El Servicio Agrícola y Ganadero confirmó influenza aviar altamente patógena H5N1 en un traspatio del sector de Bollenar, en la comuna de Melipilla, Región Metropolitana. El caso fue detectado tras una denuncia por mortalidad de aves domésticas y activó los protocolos sanitarios para contener la propagación del virus. La autoridad reforzó la vigilancia en cuerpos de agua, traspatios y planteles, e insistió en que la notificación temprana sigue siendo la principal barrera para frenar nuevos focos.

El avance del virus volvió a encender las alertas sanitarias en la zona central. Esta vez, el foco no apareció en un humedal ni en aves migratorias, sino en un traspatio del sector de Bollenar, en Melipilla, donde el SAG confirmó la presencia de influenza aviar de alta patogenicidad H5N1 luego de analizar muestras tomadas tras una denuncia por mortalidad de aves domésticas. La confirmación se conoció en un momento especialmente sensible para la vigilancia animal: el país ya había activado el Sistema Nacional de Emergencia Sanitaria el 4 de marzo, después del hallazgo del virus en cisnes coscoroba del humedal El Yali, en la Región de Valparaíso, y luego de nuevas detecciones en Maule, Valparaíso y O’Higgins. 

El dato clave no es solo la presencia del H5N1, sino el tipo de unidad afectada. Un traspatio reúne aves de autoconsumo o de pequeña escala, muchas veces criadas en espacios abiertos o con barreras incompletas frente al contacto con fauna silvestre. Esa interfaz es la que preocupa a la autoridad sanitaria, porque facilita el salto del virus desde aves migratorias o residentes infectadas hacia gallinas, patos y otras aves domésticas. En el comunicado, el SAG informó que ya activó los protocolos de control definidos por la Organización Mundial de Sanidad Animal y que el caso fue comunicado a la Mesa Técnica sobre Influenza Aviar encabezada por Senapred, donde participan también Salud, Sernapesca, Conaf y otros organismos públicos.

La Región Metropolitana no había quedado fuera de la reaparición del virus, pero cada confirmación en aves domésticas aumenta la presión sobre los sistemas de vigilancia y respuesta, en especial en comunas rurales o periurbanas con alta presencia de traspatios. En paralelo, el SAG remarcó que Chile mantiene su condición de país libre de influenza aviar altamente patógena en planteles comerciales, precisamente porque hasta ahora no hay casos positivos en ese segmento productivo. Esa distinción sanitaria no es menor: separa el impacto sobre pequeños criadores del escenario más grave, que sería la entrada del virus a granjas comerciales con efectos directos sobre abastecimiento, bioseguridad y comercio exterior.

Un mapa de focos que se expandió en pocos días

La detección en Melipilla no apareció de manera aislada. El 4 de marzo, el SAG confirmó la presencia de influenza aviar H5N1 en aves silvestres del humedal El Yali, en Valparaíso, tras una denuncia por mortandad de cisnes coscoroba. Dos hechos siguieron de cerca a esa señal inicial: la activación del Sistema Nacional de Emergencia Sanitaria y el despliegue de vigilancia reforzada en puntos de riesgo, en un contexto marcado por la circulación internacional del virus y el movimiento estacional de aves. En los días siguientes se sumaron un caso en aves silvestres en San Clemente, otro foco en un traspatio de Nogales y luego dos traspatios positivos en Pumanque y Las Cabras, en la Región de O’Higgins.

Ese encadenamiento explica por qué el caso de Melipilla se lee como parte de una secuencia y no como una anomalía local. La autoridad sanitaria viene describiendo un patrón en que la presencia del virus en aves silvestres eleva el riesgo de exposición de aves domésticas, sobre todo donde el alimento, el agua o el espacio de crianza pueden compartirse con fauna libre. En su guía pública, la WOAH subraya que la detección temprana y el reporte oportuno son la primera línea de defensa frente a la influenza aviar y que las medidas más relevantes pasan por evitar el contacto con aves silvestres, mantener higiene estricta en instalaciones y comunicar rápidamente enfermedades o muertes al servicio veterinario.

Bioseguridad: el punto donde se juega la contención

En el lenguaje técnico, “bioseguridad” puede sonar abstracto; en terreno, significa algo bastante concreto. Implica que las aves permanezcan en un gallinero protegido, que su agua y su alimento no queden expuestos a aves silvestres, que las personas limiten el ingreso innecesario al recinto y que cualquier signo sospechoso se informe antes de que el cuadro escale. El SAG insistió en esa idea tras el caso de Melipilla y la repitió en focos recientes de Valparaíso y O’Higgins: mientras el virus siga circulando en fauna silvestre, el mayor riesgo para la producción de pequeña escala es el contacto indirecto o directo entre ambos mundos. La WOAH coincide en que las medidas estrictas de bioseguridad y de higiene son esenciales para prevenir brotes por la alta contagiosidad y resistencia ambiental del virus. 

La época del año también importa. El SAG ha vinculado el reforzamiento de la vigilancia con el movimiento de aves silvestres durante el retorno migratorio hacia el hemisferio norte, una fase que incrementa la atención en humedales, cuerpos de agua y zonas donde existen traspatios cercanos a corredores de fauna. Por eso la estrategia oficial combina muestreo, seguimiento epidemiológico y comunicación con el sector privado avícola. En términos simples, el objetivo es llegar antes que el virus a los puntos frágiles: detectar pronto, aislar rápido y cortar la cadena de transmisión antes de que alcance una escala mayor.

Qué síntomas deben encender la alerta

Para los tenedores de aves, la recomendación no parte en el laboratorio, sino en la observación diaria. El SAG ha pedido reportar de inmediato cuadros como descoordinación, plumaje erizado, coloración azulada en cresta, barbillas o patas, postración, falta de apetito, secreciones respiratorias, diarrea o muerte masiva. No todos los signos aparecen juntos, y justamente por eso la autoridad insiste en no esperar a que el cuadro sea evidente para denunciar. Una mortalidad inusual o un cambio brusco en el comportamiento del lote ya es suficiente para activar la consulta. En escenarios de influenza aviar de alta patogenicidad, el tiempo que se gana con una llamada temprana puede ser decisivo para evitar la expansión del foco.

La otra instrucción relevante apunta a las personas y no a las aves: no tocar ni manipular animales enfermos o muertos. El SAG recordó en su comunicado que el virus puede transmitirse de manera eventual a mamíferos, incluido el ser humano, y por eso pide que toda denuncia se canalice por las vías oficiales. Ese mensaje busca contener un error frecuente en zonas rurales y semirrurales: intentar revisar, mover o desechar por cuenta propia aves sospechosas. En un evento sanitario así, la prudencia no es solo una recomendación de manual, sino una medida básica de protección para la salud animal y humana bajo un enfoque de Una Sola Salud.

Cómo denunciar y qué pasa con los productores

El caso de Melipilla volvió a poner sobre la mesa un punto que suele pasar desapercibido hasta que aparece un foco cercano: la importancia de denunciar. El SAG informó que las personas pueden contactar al Centro de Atención Usuaria al 22 345 1100 o escribir a oficina.informaciones@sag.gob.cl; para fines de semana, además, habilitó un canal de WhatsApp con horario diurno. La lógica detrás de ese despliegue es simple: sin aviso oportuno no hay muestreo, sin muestreo no hay confirmación y sin confirmación no se activan las medidas sanitarias que permiten contener el brote. La notificación, en otras palabras, es parte del control.

En el plano económico, el Gobierno mantiene vigente el Seguro Gratuito de Enfermedades Exóticas para Aves de Agroseguros, un instrumento con subsidio estatal de 100% que cubre indemnizaciones cuando el SAG ordena el sacrificio sanitario por influenza aviar u otras enfermedades exóticas, siempre que se cumplan las condiciones establecidas. Ese elemento no cambia la urgencia sanitaria, pero sí puede reducir el impacto para pequeños y medianos productores enfrentados a una medida obligatoria de control. En un escenario donde la detección temprana depende también de que las personas no oculten el problema, la existencia de compensaciones opera como incentivo para reportar a tiempo.

Qué sigue para la Región Metropolitana

Por ahora, el mensaje oficial combina contención y cautela. El país sigue sin registrar casos en planteles comerciales y conserva ese estatus sanitario, pero el mapa reciente de focos muestra que la vigilancia deberá seguir alta mientras existan detecciones en aves silvestres y traspatios. En la práctica, eso significa más atención sobre humedales, comunas rurales, crianzas domésticas y corredores de movimiento de aves. También significa algo menos visible, aunque igual de importante: coordinación institucional sostenida entre el SAG, Senapred, Salud y el resto de los organismos que intervienen cuando un brote animal puede tener ramificaciones económicas, ambientales y eventualmente humanas. 

Melipilla entra así en una secuencia que obliga a mirar el problema más allá del foco puntual. La influenza aviar H5N1 no se juega solo en el momento del diagnóstico, sino en todo lo que ocurre antes y después: vigilancia en terreno, bioseguridad básica, denuncia rápida y respuesta sanitaria coordinada. Para los criadores de aves de traspatio, la señal es directa. Mantener gallineros protegidos, impedir el contacto con fauna silvestre y avisar ante síntomas o mortalidad inusual ya no son recomendaciones accesorias, sino la línea más concreta para evitar que un caso aislado se transforme en un problema mayor.

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