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Red de huertos agroecológicos fortalece la soberanía alimentaria en Valparaíso
Diez huertos urbanos y 200 vecinos fortalecen la seguridad y soberanía alimentaria en siete comunas.
Emprendedores Chilenos
Por: Yexika Montilla | 27 de noviembre 2025 | 09:12
Pie de foto: Autoridades y vecinos lanzan la red de huertos urbanos en Valparaíso; iniciativa ejecutada por la Usach con financiamiento FIC.
El Gobierno Regional de Valparaíso cerró el proyecto “Modelo de una Red Urbana Sostenible de Huertos Agroecológicos”, ejecutado por la Universidad de Santiago (Usach) con financiamiento FIC, que instaló 10 huertos urbanos y formó vecinos en siete comunas de la región. La ceremonia de clausura se realizó el 18 de noviembre de 2025 y dio paso a una agenda para escalar la experiencia junto a municipios y organizaciones locales.
La región de Valparaíso dio por finalizada, el 18 de noviembre de 2025, la primera etapa de su Red Urbana Sostenible de Huertos Agroecológicos, un proyecto financiado vía Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC) y ejecutado por la Universidad de Santiago de Chile. La clausura formal consolidó un año y tres meses de trabajo participativo entre equipos técnicos, municipios y organizaciones barriales, con el énfasis puesto en seguridad y soberanía alimentaria ante periodos de escasez hídrica y alzas de precios. Según la Facultad Tecnológica de la Usach, la ceremonia de cierre coronó la puesta en marcha de huertos comunitarios, talleres y pilotos de valor agregado, marcando el tránsito desde la fase demostrativa hacia la continuidad territorial de la red. La iniciativa nació en 2024 tras una presentación conjunta entre el GORE y la Usach, encadenando hitos que facilitaron su despliegue en siete comunas.
Dónde se instaló la red
El programa implementó 10 huertos urbanos en Valparaíso, Viña del Mar, Villa Alemana, Quilpué, La Calera, Quillota y San Antonio, priorizando sectores con tejido comunitario activo y disponibilidad de recintos municipales o comunitarios. En cada comuna se habilitaron espacios productivos con técnicas agroecológicas de bajo costo, incorporando riego eficiente y manejo de suelo para aumentar la resiliencia frente a sequías. El Gobierno Regional destacó que la red articuló a 150–200 participantes directos, quienes además irradiaron prácticas hacia sus barrios mediante mingas, ferias y jornadas abiertas. La instalación consideró diagnósticos breves, acuerdos de mantención y la definición de cultivos de ciclo corto para autoconsumo, con excedentes orientados a intercambio solidario o ventas locales. La dimensión territorial es clave: el diseño en red apunta a que cada huerto funcione como nodo de aprendizaje y soporte, reduciendo la dependencia de insumos externos y fortaleciendo capacidades locales.
Presupuesto, plazos y formación
La ejecución se extendió por 15 meses y contó con una inversión de $200 millones, destinada a habilitación de espacios, insumos, acompañamiento técnico y capacitación. Los módulos formativos cubrieron producción agroecológica, uso eficiente del agua, manipulación segura de alimentos y procesamiento IV Gama —enfriado, selección y envasado mínimo de hortalizas— como puerta de entrada a circuitos cortos con estándares. A nivel operativo, el calendario combinó sesiones prácticas y tutorías, apuntaladas por material de consulta y visitas cruzadas entre comunas para compartir aprendizajes. La estrategia incluyó además pilotajes de planificación de siembras por temporada y pautas para registrar rendimientos, consumo de agua y horas de trabajo, con el fin de medir costos reales y beneficios comunitarios.
Voces del territorio y resultados percibidos
“Tuvo un impacto en siete comunas y constituyó redes de 10 huertos que finalizaron en una articulación entre vecinos y vecinas”, señaló Víctor Bahamonde, jefe de la División de Fomento e Industria (Difoi) del Gobierno Regional, quien valoró la participación directa de hasta 200 personas y el efecto indirecto en barrios donde se construyeron los huertos con manejo agroecológico. El equipo ejecutor de la Usach subraya que la red no solo habilitó espacios productivos, sino también capital social y prácticas de autocuidado alimentario, reforzadas por talleres y protocolos locales de higiene. En terreno, dirigentes comunitarios describen mejoras en la diversificación de la dieta y en la cohesión barrial tras los trabajos colaborativos, aunque advierten que la permanencia depende de asegurar riego, recambios de herramientas y relevos de monitores. El desafío inmediato es sostener cosechas regulares y formalizar circuitos de intercambio.
Cómo partió: del piloto a la red
El proyecto tomó forma a mediados de 2024, cuando el Gobierno Regional presentó un piloto para implementar y apoyar huertos urbanos bajo manejo agroecológico, invitando a universidades a proponer metodologías. La Usach y el GORE difundieron entonces los objetivos: fortalecer la soberanía alimentaria con aprendizaje situado, integrar prácticas de riego eficiente y ensayar una gobernanza en red entre municipios, juntas de vecinos y organizaciones funcionales. Esos anuncios, formalizados en mayo de 2024, definieron una hoja de ruta con metas de instalación, acompañamiento y evaluación. En paralelo, organismos como el IICA relevaron que la seguridad y soberanía alimentaria había sido instalada como prioridad en la planificación regional, favoreciendo que la propuesta obtuviera financiamiento FIC y eco político para operar sostenidamente durante 2024–2025.
Gobernanza, continuidad y próximos pasos
Tras el cierre, el Gobierno Regional manifestó interés en ampliar la experiencia a nuevos territorios, manteniendo las prácticas aprendidas e incorporando mejoras de diseño. La continuidad considera convenios con municipios, la consolidación de un manual abierto con guías de cultivo y riego, y la búsqueda de cofinanciamiento para infraestructura liviana —sombras, cercos, estanques— que permita escalar sin perder el sello comunitario. La Difoi coordinará mesas técnicas para seleccionar sitios, perfilar cultivos prioritarios y cerrar brechas de equipamiento. En lo universitario, la Usach proyecta cursos cortos, pasantías y asesorías; mientras, organizaciones barriales proponen un calendario de ferias de temporada y compras públicas locales. La premisa es transitar desde un proyecto demostrativo a una política regional con objetivos medibles y un mecanismo estable de seguimiento anual.
Por qué importa: seguridad y soberanía alimentaria
La experiencia se enmarca en debates globales sobre seguridad y soberanía alimentaria: asegurar disponibilidad y acceso a alimentos nutritivos, y reforzar la capacidad de decidir qué y cómo producirlos a escala local. Para Valparaíso, golpeada por sequías y variabilidad climática, los huertos urbanos agroecológicos aportan resiliencia social y ambiental: promueven diversificación, reducen distancias entre producción y consumo y fortalecen redes de aprendizaje. La validación de una metodología participativa —con indicadores simples de suelo, agua y productividad— eleva la probabilidad de permanencia más allá de los ciclos presupuestarios. Organismos como el IICA han acompañado la discusión regional, subrayando que iniciativas de base comunitaria pueden integrarse a planes de desarrollo con metas y reportes periódicos, siempre que exista gobernanza clara y registros abiertos para evaluar avances y escalar lo que funcione.
Lo que falta medir para consolidar la política
Para madurar como política pública, la red debe transparentar series de datos comparables entre comunas: m² cultivados, horas de capacitación, litros de agua por kilo producido, rendimientos por cultivo y tasas de reposición de equipos. También conviene trazar indicadores de salud y economía: frecuencia de consumo de hortalizas, ahorro por hogar y ventas o intercambios en circuitos cortos. En el frente institucional, ayudaría un repositorio abierto con fichas de cada huerto, lecciones aprendidas y un mapa actualizado. El presupuesto 2026 debería abrir líneas para reposición, microinfraestructura y formación continua de monitores, además de estímulos para reúso de aguas grises y compostaje barrial. El cierre de 2025 deja una base tangible; el 2026 será clave para probar escalabilidad, blindar el mantenimiento y tejer alianzas con salud primaria y educación pública.
Fuente: FACTEC Usach, GORE Valparaíso, IICA


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