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Recubrimiento natural busca extender la vida útil de la palta Hass en postcosechalunes, 14 de septiembre 2026
Recubrimiento natural busca extender la vida útil de la palta Hass en postcosecha
Recubrimiento natural con hinojo y mostaza busca reducir pudriciones y extender hasta 30 días la vida útil de la palta Hass en postcosecha.
Innovación
Por: Yexika Montilla | 11 de marzo 2026 | 15:36
Pie de foto: Investigadores de INIA La Platina evalúan un recubrimiento natural con aceites de hinojo y mostaza para reducir pudriciones y extender la vida útil de la palta Hass en postcosecha.
Investigadores de INIA La Platina evalúan un recubrimiento natural elaborado con aceites esenciales de hinojo y mostaza para reducir las pudriciones que afectan a la palta Hass después de la cosecha. La línea apunta a proteger la fruta durante almacenamientos prolongados, un punto crítico para la exportación chilena. El trabajo se desarrolla en un escenario de mayores restricciones al uso de fungicidas químicos y de exigencias crecientes de calidad en mercados internacionales.
La palta Hass chilena se juega parte de su valor lejos del huerto. Cuando la fruta sale a destino, entra en una carrera silenciosa contra el tiempo, la temperatura y los hongos que pueden arruinar su condición comercial antes de llegar al consumidor. En ese tramo, que para la industria exportadora define calidad, precio y reputación, un equipo del Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA La Platina, trabaja en una alternativa que busca reemplazar o complementar tratamientos tradicionales: un recubrimiento natural aplicado tras la cosecha y antes del ingreso a frío. La apuesta no se apoya en una promesa abstracta de “más sustentabilidad”, sino en una necesidad concreta del negocio frutícola: conservar sanidad y firmeza sin depender exclusivamente de herramientas sintéticas cada vez más cuestionadas o restringidas en los mercados de destino.
El problema empieza cuando la fruta deja el campo
La investigación parte de una presión que ya no es solo técnica, sino también comercial. INIA ha venido subrayando que la palta Hass enfrenta “crecientes exigencias de calidad” en un mercado internacional en expansión, marcado por consumidores más atentos, viajes más largos y cadenas logísticas complejas. En la presentación de su boletín técnico sobre calidad global de la palta Hass, la institución sostuvo que el desafío ya no consiste únicamente en producir más, sino en responder con fruta capaz de sostener atributos de calidad en mercados exigentes como Europa y Norteamérica. Ese contexto explica por qué la postcosecha se volvió un campo de innovación estratégica. Una palta que sale en buen estado desde Chile puede perder valor por pudriciones, daños fisiológicos o alteraciones de textura durante el transporte. Por eso, cada mejora en la etapa posterior a la cosecha tiene impacto directo sobre competitividad, mermas y acceso a destinos lejanos.
La salida que estudia INIA: una barrera natural sobre la superficie del fruto
La novedad del trabajo radica en el uso de agentes naturales con función antifúngica. De acuerdo con la nota oficial de INIA y la cobertura periodística posterior, el equipo encabezado por Pablo Ulloa, Martina Ladino, Bruno Defilippi y Soledad Sánchez desarrolló una línea de investigación basada en aceites esenciales incorporados a un recubrimiento aplicado sobre la fruta luego de la cosecha. La lógica es simple de explicar, aunque no trivial de ejecutar: crear una barrera protectora que ayude a frenar el desarrollo de patógenos sin deteriorar la experiencia de consumo. “Hemos realizado un trabajo en la búsqueda de nuevos agentes naturales”, señaló Ulloa al describir la iniciativa, mientras que la institución enmarcó el proyecto como respuesta a la reducción de herramientas disponibles por las restricciones internacionales a fungicidas químicos tradicionales. En otras palabras, no se trata solo de sumar una capa al fruto, sino de diseñar una tecnología compatible con la nueva agenda sanitaria y ambiental del comercio agroalimentario.
Hinojo y mostaza: dos aceites esenciales en la mira contra hongos de postcosecha
Entre los compuestos evaluados, el equipo identificó a los extractos de hinojo y mostaza como los más promisorios por su actividad antifúngica. INIA informó que los ensayos mostraron efecto frente a patógenos clave como Colletotrichum y especies del complejo Botryosphaeriaceae, ambos asociados a pérdidas por pudrición en postcosecha. La relevancia de ese hallazgo está en que ataca un punto sensible de la cadena: la fruta puede verse correcta por fuera al salir, pero desarrollar problemas sanitarios durante el almacenamiento o el viaje. Las pruebas combinaron etapas in vitro y evaluaciones en condiciones reales, lo que permite leer el avance no solo como un resultado de laboratorio, sino como una aproximación con proyección aplicada. Para una industria que depende de consistencia y previsibilidad, identificar agentes naturales con efecto sobre esos hongos no es un detalle académico. Es una posible herramienta de manejo para sostener condición comercial sin sacrificar inocuidad ni abrir nuevos flancos regulatorios.
Mantener la calidad sin tocar el sabor: la otra prueba decisiva
En la postcosecha no basta con frenar hongos. También hay que evitar que la solución termine degradando el producto que se busca proteger. Uno de los temores clásicos de la industria frente a tratamientos alternativos es que alteren las propiedades organolépticas del fruto, es decir, su sabor, textura y apariencia. Ahí está uno de los puntos más interesantes de este trabajo: Ulloa afirmó que el recubrimiento “no genera un cambio significativo” en la calidad global de la palta, una señal clave para cualquier eventual adopción comercial. Ese dato conversa de forma directa con la línea más amplia de investigación que INIA viene impulsando sobre calidad global de palta Hass, donde integra fisiología, sanidad, atmósfera controlada, etileno y tecnologías emergentes para responder a exigencias de exportación. En términos prácticos, la investigación gana valor porque no plantea una disyuntiva entre proteger la fruta y conservar su aceptación comercial, sino una posible convergencia entre ambas metas.
La ventana crítica de los envíos largos
Los resultados se observaron tras almacenamientos de alrededor de 30 días, un lapso coherente con los tiempos de envíos marítimos a mercados estratégicos. Para un exportador, extender la vida útil no significa solo “durar más”; significa sostener calidad durante el período exacto en que la fruta está en tránsito, en cámaras o en distribución mayorista. INIA también ha descrito el escenario de la palta como uno marcado por “complejidades logísticas en mercados de destino lejanos”, lo que refuerza la pertinencia de tecnologías de apoyo en postcosecha.Dicho de otro modo, el valor del hallazgo no está únicamente en el laboratorio, sino en su encaje con un cuello de botella real del sector. Si la fruta llega mejor, se abren más márgenes para competir en destinos exigentes con menor riesgo de pérdidas sanitarias o comerciales.
Del hallazgo científico a la herramienta comercial
El recubrimiento natural ya muestra una dirección técnica clara; falta conocer con mayor detalle variables como formulación final, protocolo de aplicación, respuesta en distintas condiciones logísticas y escala de validación comercial. Aun así, el trabajo llega en un momento oportuno para la fruticultura chilena. En un mercado donde la calidad se negocia desde el huerto hasta la góndola, una tecnología que reduzca pudriciones, resguarde atributos sensoriales y dialogue con las nuevas exigencias regulatorias puede convertirse en una ventaja competitiva concreta. Para la palta Hass, esa ventaja podría empezar justo donde muchas veces comienzan las pérdidas: después de la cosecha.
Preguntas Frecuentes
Fuente: INIA, Cooperativa Ciencia


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