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Qué es un árbol líquido y cómo funciona la tecnología de microalgas que limpia aire urbanolunes, 14 de septiembre 2026
Qué es un árbol líquido y cómo funciona la tecnología de microalgas que limpia aire urbano
Árbol líquido usa microalgas para capturar CO2 hasta 50 veces más rápido que árboles, pero no los reemplaza en ciudades densas.
Innovación/Medio Ambiente
Por: Yexika Montilla | 24 de marzo 2026 | 10:17
Pie de foto: LIQUID3, el llamado “árbol líquido”, usa microalgas para capturar CO2 y liberar oxígeno en espacios urbanos donde no es posible plantar árboles.
LIQUID3 es un fotobiorreactor con microalgas desarrollado en Serbia para ayudar a reducir CO2 y mejorar la calidad del aire en zonas urbanas donde no hay espacio, suelo o condiciones para plantar árboles. No se plantea como sustituto del arbolado natural, sino como una solución complementaria para esos vacíos de la ciudad en los que la vegetación no prospera.
En muchas ciudades, plantar árboles se ha convertido en una respuesta casi automática frente al calor extremo, la falta de sombra y la mala calidad del aire. No es una casualidad. La vegetación urbana puede ayudar a mitigar el efecto isla de calor mediante sombra y evapotranspiración, y por eso forma parte de muchas estrategias públicas de adaptación.
Pero el urbanismo real no siempre deja margen para esa solución. Hay aceras estrechas, cruces saturados de tráfico, medianas duras, entornos con infraestructuras subterráneas o áreas tan castigadas por la contaminación que mantener vegetación sana resulta difícil. Ahí es donde entra una idea que parece sacada de la ciencia ficción, aunque ya esté instalada en la calle: el llamado “árbol líquido”, una estructura con agua y microalgas diseñada para hacer parte del trabajo biológico que en otras circunstancias haría un árbol.
Qué es LIQUID3 y quién lo desarrolló
El ejemplo más conocido se llama LIQUID3 y fue desarrollado por el Instituto de Investigación Multidisciplinaria de la Universidad de Belgrado. El proyecto fue presentado como una solución para espacios urbanos densos y contaminados en los que no basta con pedir más zonas verdes: primero hay que encontrar dónde ponerlas. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Serbia lo destacó como una iniciativa de desarrollo urbano climáticamente inteligente, impulsada junto con el Ministerio de Protección Ambiental serbio y el municipio de Stari Grad.
Cómo funciona un árbol líquido
Llamarlo “árbol” ayuda a entenderlo rápido, pero técnicamente es otra cosa. LIQUID3 es un fotobiorreactor: un tanque con unos 600 litros de agua que alberga microalgas capaces de hacer fotosíntesis. El sistema aspira aire, lo hace pasar por ese medio biológico y, durante el proceso, las microalgas absorben dióxido de carbono y liberan oxígeno. Además, la estructura se concibió como mobiliario urbano: incorpora banco, iluminación y cargadores USB alimentados por energía solar, de modo que no solo actúa como dispositivo ambiental, sino también como pieza de uso cotidiano en el espacio público.
La lógica del invento está en la biología más que en el diseño. Tanto un árbol como el césped o las microalgas fijan carbono mediante fotosíntesis, pero las microalgas tienen ventajas en ciertos contextos: crecen deprisa, pueden instalarse en módulos compactos y toleran mejor determinadas condiciones de contaminación. En la explicación pública del proyecto, su impulsor, Ivan Spasojević, sostiene que esa biomasa puede ser entre 10 y 50 veces más eficiente que los árboles en la captura de CO2. Aun así, la propia iniciativa insiste en un matiz clave: su objetivo no es reemplazar bosques ni calles arboladas, sino “rellenar” los huecos urbanos donde no cabe otra solución verde.
Por qué no pretende sustituir a los árboles naturales
Ese matiz importa porque alrededor del “árbol líquido” han circulado cifras que a menudo se mezclan como si todas hablaran de lo mismo. El LIQUID3 presentado en Serbia se describe en fuentes oficiales de dos maneras cercanas, pero no idénticas: en la información de UNDP Serbia, las microalgas del sistema “reemplazan” a dos árboles de 10 años o a 200 metros cuadrados de césped; en la web oficial del proyecto, la equivalencia aparece como un árbol adulto o esa misma superficie de césped. No es una contradicción menor: muestra que la equivalencia depende de cómo se formule la comparación y obliga a tratar estos números con cuidado editorial.
La clave, en todo caso, no está en presentar estas estructuras como rivales del arbolado urbano. Un árbol natural ofrece sombra, regula temperatura a escala peatonal, captura carbono, filtra partículas, alberga biodiversidad y modifica la experiencia urbana de una forma que un biorreactor no puede replicar por completo. La utilidad de estos sistemas aparece, más bien, en intersecciones imposibles, plazas muy duras, ejes de tráfico o puntos donde el subsuelo, la falta de espacio o la contaminación hacen inviable plantar. Ahí su valor está en sumar una función biológica donde antes no había ninguna.
El caso de España: qué pasó en Pozuelo de Alarcón
En marzo de 2024, el Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón presentó uno de los primeros “árboles líquidos” del país y afirmó que ese equipo equivalía a la función de reducción de huella de carbono de 30 árboles de 10 años. Esa cifra existe, sí, pero corresponde a esa instalación concreta y a la explicación de sus promotores, no al LIQUID3 original de Belgrado como categoría universal. Mezclar ambos planos en un mismo titular puede generar una idea engañosa del invento.
En el caso de Pozuelo, además, el sistema descrito por el consistorio tiene rasgos propios: dos cilindros transparentes con agua marina y microalgas, más iluminación suplementaria mediante lámparas especiales que funcionan de forma continua para reforzar la fotosíntesis. Es decir, comparte la base biotecnológica de estos dispositivos, pero no debe presentarse sin matices como si fuera exactamente el mismo desarrollo que LIQUID3.
Qué puede aportar realmente en una ciudad
Ese enfoque encaja con una tendencia más amplia en urbanismo climático: combinar soluciones basadas en la naturaleza con tecnologías de apoyo, en lugar de enfrentarlas entre sí. Las ciudades seguirán necesitando árboles reales para bajar temperaturas, mejorar habitabilidad y construir paisaje. Pero también empiezan a explorar piezas híbridas para zonas de alta fricción urbana, donde el verde tradicional llega tarde o no llega. LIQUID3 se mueve exactamente en ese borde: no donde sobran árboles, sino donde faltan condiciones para plantarlos.
Queda, por supuesto, la pregunta decisiva: cuánto cambian de verdad estos sistemas la calidad del aire de una ciudad. Las fuentes institucionales explican su funcionamiento y su potencial, pero la prudencia sigue siendo necesaria cuando se pasa del prototipo al impacto urbano masivo. El árbol líquido no reemplaza a un bosque urbano. Tampoco pretende hacerlo. Su interés está en otra parte: introducir fotosíntesis allí donde el hormigón había cerrado casi todas las puertas.
Preguntas Frecuentes
Fuente: UNDP Serbia, LIQUID3, EPA, Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón


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