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¿Qué es la madurescencia? Y por qué redefine la vida entre los 45 y 65 añosmiércoles, 16 de septiembre 2026
¿Qué es la madurescencia? Y por qué redefine la vida entre los 45 y 65 años
La madurescencia, etapa de reinvención entre adultez y vejez, redefine trabajo, consumo y longevidad global.
Salud
Por: Yexika Montilla | 31 de octubre 2025 | 13:10
Pie de foto: El envejecimiento global reconfigura trabajo, cuidados y consumo, y da marco a la madurescencia como identidad y oportunidad.
La “madurescencia” nombra una etapa de reinvención entre adultez y vejez: surge en 2006 desde el debate laboral y hoy dialoga con el envejecimiento global, la economía plateada y el desafío de actualizar políticas y empresas. La OMS proyecta que la población 60+ se duplicará para 2050, con implicancias en cuidados, trabajo y consumo.
La madurescencia designa un periodo vital en el que personas en torno a los 45–65 años revisan prioridades, resignifican la experiencia acumulada y buscan nuevos propósitos. A diferencia de la adolescencia —con la que comparte la idea de transición— esta fase se asienta sobre capital biográfico y laboral, y suele activarse por “puntos de inflexión” (hijos que se van, cambios tecnológicos, reorganizaciones en el trabajo). El término se popularizó desde la gestión de talento: en marzo de 2006, Harvard Business Review presentó “Managing Middlescence”, donde se describía un fenómeno de desánimo, estancamiento y deseo de cambio en trabajadores de media carrera y se proponían respuestas organizacionales. El artículo vinculó madurescencia con agotamiento y oportunidades para rediseñar tareas, rotar funciones y abrir caminos de mentoría como formas de retener y revitalizar talento sénior.
De la teoría a la vida cotidiana: señales y experiencias
En la vida diaria, la madurescencia se reconoce en la reconciliación entre límites y ambiciones. Surgen microcambios: estudiar un posgrado tardío, abrir un emprendimiento de nicho, pasar de jefatura a consultoría, o priorizar el cuidado y la salud con apoyo digital. Las transiciones tecnológicas —del papel al móvil, de consultas presenciales a apps de salud— tensionan identidades construidas en décadas previas y forzan aprendizajes continuos. Generaciones nacidas entre los 40 y los 70 (especialmente boomers) atravesaron transformaciones sociales profundas en derechos, familia y género, y hoy cargan un acervo que se vuelve activo cuando recalibran “qué quieren hacer” y “cómo quieren trabajar”. En este terreno, la reinvención no siempre significa ascenso: a veces es simplificar, poner límites al tiempo de trabajo o asumir roles de tutoría con equipos intergeneracionales para preservar energía y transferir saberes.
Trabajo y sesgo etario: del agotamiento a la mentoría
El paper fundacional de HBR alertó que, en la mitad de la carrera, caen la motivación y la percepción de “futuro” en el puesto, lo que deriva en rotación silenciosa o abandono; pedía a las empresas dejar de apostar sólo por juventud y fomentar proyectos desafiantes, aprendizaje continuo y caminos de mentoría para capitalizar la experiencia organizacional. Hoy la evidencia refuerza aquella intuición: el upskilling a lo largo de la vida reduce brechas digitales y habilita transiciones de valor hacia calidad, cumplimiento o gestión del cambio, áreas donde la pericia madura es diferencial. En síntesis, reconocer la madurescencia como etapa normal —y no como “declive”— ayuda a diseñar políticas de talento 50+: evaluaciones sin sesgo etario, proyectos con impacto, horarios flexibles y circuitos de transmisión del conocimiento tácito que suele perderse en reestructuraciones.
Consumo y representación: ¿quién le habla a los 50+?
La madurescencia también es un sujeto de consumo. Aunque aumentó la presencia de personas mayores en imágenes online y cae la carga negativa, persisten estereotipos y subrepresentación, con riesgos de desconexión entre marcas y audiencias reales. Estudios académicos y regulatorios recientes documentan que los adultos mayores aparecen menos de lo que consumen y que se los encasilla en salud, cuidados o “volverse jóvenes”, en lugar de mostrarlos activos y diversos: esto empobrece la comunicación y pierde oportunidades en tecnología, turismo, formación o bienestar financiero. En paralelo, investigaciones sectoriales registran que la representación mejora cuando se trabaja con bancos de imágenes no estereotipados y narrativa intergeneracional más realista, sin “edadismo aspiracional”. En mercados maduros, asociaciones publicitarias vienen pidiendo pautas para evitar caricaturas y medir impacto de imágenes inclusivas sobre las métricas de marca, especialmente en categorías con gasto 50+.
2050 en el horizonte: la nueva pirámide demográfica
La madurescencia ocurre mientras el mundo envejece aceleradamente. La Organización Mundial de la Salud estima que la población de 60 años o más pasará de 1.000 millones en 2020 a 2.100 millones en 2050, y que el grupo de 80+ se triplicará en el mismo período. Este viraje tensiona políticas de cuidados y sostenibilidad previsional y obliga a reconfigurar vivienda, movilidad y salud mental con enfoque de curso de vida. En paralelo, los debates sobre qué métricas definen “vejez” —cronológicas o basadas en esperanza de vida restante— ganan terreno para adaptar edades legales, incentivos laborales y diseños de retiro más flexibles. La conclusión es convergente: con más longevidad saludable, habrá más trayectorias laborales no lineales, más combinaciones de trabajo pagado y no pagado, y mayor necesidad de alfabetización digital y financiera en edades avanzadas.
Argentina en cifras: envejecimiento, trabajo y TIC
Argentina exhibe rasgos claros de envejecimiento. Según el INDEC, en 2022 las personas de 65 años y más representaban el 11,9% de la población, y el índice de envejecimiento —mayores de 65 por cada 100 menores de 15— llegó a 53, el valor más alto en cinco décadas. La feminización se agudiza en edades extremas: en el grupo de 85+ hay 228 mujeres por cada 100 varones. En el mercado laboral, las tasas varían según fuente y año: el Dosier de Personas Mayores 2024 muestra 29,3% de participación entre 60–74, mientras que el tablero interactivo del INDEC actualizó el dato a 33,8% para 2024 (corte distinto). En TIC, el Dosier 2025 reporta que “casi 88 de cada 100” personas de 60+ usan teléfono celular, señal de adopción sostenida que facilita salud digital, banca y trámites.
Jubilaciones, brechas y cuidados: las cuentas pendientes
La cobertura previsional es alta en edades de retiro, pero persisten brechas de género. El Dosier 2025 detalla que, por cada $100 que percibe un varón por jubilación, una mujer recibe en promedio $73, reflejo de trayectorias laborales más fragmentadas e informalidad. Esto exige políticas de compensación de cuidados, actualización de moratorias y diseño de empleos compatibles con el cuidado intergeneracional. También demanda servicios accesibles de cuidados de larga duración y apoyos domiciliarios, porque el envejecimiento poblacional presiona sobre los sistemas públicos y familias. En términos de salud y cultura, las encuestas oficiales de consumos culturales registran que 40% de las personas de 65+ lee al menos un libro al año, un indicador relevante para diseñar programas de alfabetización digital/mediática y bibliotecas con oferta adaptada.
Madurescencia y empresas: un manual mínimo para actuar
Para organizaciones, reconocer madurescencia implica pasar del “talento joven primero” a la combinación de experiencia y aprendizaje continuo. Un manual mínimo:
1) mapear sesgos etarios en reclutamiento y evaluación.
2) crear rutas de carrera horizontales con proyectos de impacto.
3) formalizar programas de mentoría inversa y transferencia de conocimiento.
4) ofrecer upskilling en habilidades digitales, compliance y gestión del cambio, donde la experiencia mejora la calidad.
5) adaptar beneficios a salud, finanzas y flexibilidad.
6) medir representación 50+ en liderazgo y pipeline.
En comunicación externa, evitar estereotipos, incorporar imágenes no caricaturizadas y hablar a necesidades reales —finanzas, aprendizaje, ocio activo, tecnología útil—. El resultado típico: menor rotación, mejor clima intergeneracional y reducción de riesgos operativos al retener conocimiento crítico en áreas reguladas o intensivas en procesos.
En el plano público, la madurescencia exige políticas de curso de vida: educación permanente, salud mental, vivienda accesible y transporte amable, junto a regímenes previsionales que equilibren sostenibilidad y equidad de género. Con más 60+ y más 80+, los cuidados deben migrar hacia modelos comunitarios, con apoyos a cuidadores familiares y estándares para servicios domiciliarios. Las ciudades pueden acelerar entornos “amigables con las personas mayores” con veredas seguras, iluminación, bancos, baños públicos y señalética clara; y conectar bibliotecas, clubes y centros barriales con programas de formación digital y voluntariado intergeneracional. El objetivo —también económico— es prolongar participación social y laboral de quienes deseen y puedan, y garantizar protección a quienes no, combatiendo el edadismo que aún limita el acceso a empleo, crédito, salud y cultura en edades avanzadas.
Cierre: una identidad para una transición larga
La madurescencia no es una moda: es la palabra de una transición que, por primera vez, atraviesa a millones que vivirán más y mejor si logran anclar propósito, vínculos y salud. Nombrarla facilita políticas, productos y decisiones de carrera más inteligentes. Para empresas, es talent strategy; para gobiernos, es demografía aplicada; para familias, es una negociación más honesta del tiempo. Reconocerla —y diseñar para ella— es una inversión que se mide en años de trabajo digno, autonomía y bienestar compartido.
Fuente: OMS, Harvard Business Review, Journal of Advertising, ASA, INDEC.


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