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Polinizadores nativos en Chile: la alerta PNAS y polinizadores nativos claves en cultivos y ecosistemas.miércoles, 16 de septiembre 2026
Polinizadores nativos en Chile: la alerta PNAS y polinizadores nativos claves en cultivos y ecosistemas.
Alerta de PNAS en Norteamérica no mide Chile, pero refuerza un foco local: proteger colmenas e insectos silvestres como red de polinización.
Agricultura Ecológica
Por: Constanza Sanhueza G. | 18 de junio 2026 | 12:02
Pie de foto: Polinizadores nativos en Chile, como abejas, abejorros, escarabajos, mariposas y moscas florícolas, cumplen un rol clave en cultivos y ecosistemas.
Tal como comentábamos en el artículo anterior, un estudio publicado en PNAS estimó que el 22,6% de 1.579 polinizadores nativos evaluados en Norteamérica continental enfrenta riesgo elevado de extinción. La investigación no analiza Chile, pero abre una lectura local sobre la fragilidad de la polinización cuando la mirada se concentra sólo en la abeja melífera. En el país, INIA, SAG y el Ministerio del Medio Ambiente ya entregan señales que apuntan a una misma conclusión: proteger la polinización exige cuidar una red más amplia de insectos y hábitats.
La escena puede parecer cotidiana: una flor abierta, una abeja en movimiento, un huerto. Pero detrás de esa imagen hay una red mucho más compleja que una sola especie manejada. Las abejas melíferas ayudan y seguirán siendo relevantes para la apicultura y la agricultura chilena; sin embargo, el debate científico ya no permite mirar la polinización sólo desde la colmena. La última alerta publicada en PNAS no entrega cifras para Chile, ni pretende hacerlo, pero sí ilumina un riesgo que el país no puede ignorar: cuando disminuye la diversidad de polinizadores nativos, también se debilita la seguridad ecológica que sostiene flores, frutos, semillas, cultivos y biodiversidad.
Una alerta científica que no habla de Chile, pero sí del riesgo
El estudio de PNAS evaluó 1.579 especies de polinizadores nativos en Norteamérica continental al norte de México, entre ellas abejas, mariposas, polillas, moscas florícolas, escarabajos, colibríes y murciélagos nectarívoros. Su resultado principal es contundente: el 22,6% de las especies analizadas presentó riesgo elevado de extinción, con las abejas como el grupo de insectos más comprometido dentro de la evaluación. La investigación identificó amenazas que varían según el territorio, entre ellas pesticidas, agricultura, contaminación, desarrollo urbano y transformación de hábitats. Ese porcentaje no debe trasladarse automáticamente a Chile, porque el estudio no evaluó especies chilenas. Pero la advertencia sí es útil: la polinización no depende de una pieza aislada, sino de comunidades diversas que responden de manera distinta a presiones ambientales, productivas y climáticas.
La colmena no alcanza para explicar toda la polinización
En Chile, la abeja melífera ocupa un lugar visible y necesario. Está asociada a la producción de miel, al manejo de colmenas y a la polinización de numerosos cultivos, especialmente en sistemas agrícolas donde los productores contratan servicios apícolas en momentos específicos de floración. Pero esa relevancia no significa que sea la única especie que sostiene el proceso. Abejas nativas, abejorros, moscas florícolas, mariposas, polillas, escarabajos, avispas y otros insectos visitan flores, transportan polen y participan en la reproducción de plantas silvestres y cultivadas. Muchos no producen miel, no viven en colmenas manejadas y no tienen un apicultor que los registre. Por eso suelen quedar fuera de la conversación pública, aunque cumplen funciones ecológicas que pueden complementar la labor de la abeja melífera y aportar resiliencia cuando cambian las condiciones del entorno.
La señal de INIA desde los huertos de palto
La lectura local se vuelve más concreta cuando se miran los huertos. INIA informó en abril de 2026 que, en paltos de la Región de Valparaíso, cerca del 50% de las visitas a flores fueron realizadas por insectos silvestres y que se identificaron alrededor de 70 especies diferentes de visitantes florales, entre ellas moscas, sírfidos, escarabajos e himenópteros nativos como Corynura chilensis y Callistochlora chloris. El dato cambia el foco: la vegetación nativa en bordes, quebradas, cercos vivos o zonas cercanas al cultivo no es sólo paisaje, sino posible infraestructura ecológica para la producción agrícola. La frase técnica de INIA también es relevante: los insectos silvestres “complementan” los servicios de la abeja melífera. Esa palabra resume el punto central: no se trata de reemplazar colmenas, sino de reconocer y diversificar apoyos.
Plaguicidas: un avance normativo centrado en las abejas
Otro paralelo entre la alerta internacional y la realidad chilena aparece en los plaguicidas. El SAG estableció nuevas obligaciones de aviso para aplicaciones de productos etiquetados como tóxicos y moderadamente tóxicos para abejas. La medida comenzó a regir el 26 de enero de 2026 para agroquímicos tóxicos y el 26 de abril de 2026 para los moderadamente tóxicos. Quien aplica el plaguicida debe informar con al menos 48 horas de anticipación, por un medio verificable, a apicultores ubicados en la zona de influencia próxima al predio. Es un avance importante para proteger colmenas y ordenar una práctica de alto impacto productivo. Sin embargo, también deja una pregunta abierta: ¿qué ocurre con los polinizadores silvestres que no pertenecen a una colmena registrada, no figuran en SIPEC Apícola y no tienen un responsable humano al que avisar?
El abejorro colorado muestra que el riesgo también es Chileno
Chile tiene un ejemplo propio que permite aterrizar la discusión sin depender de cifras extranjeras: el abejorro colorado, moscardón o Bombus dahlbomii. El Ministerio del Medio Ambiente lo registra oficialmente como especie En Peligro en el 12º proceso de clasificación de especies, con nombres comunes como abejorro, abejorro colorado y abejorro gigante de la Patagonia. La Universidad Austral de Chile lo describe como una especie nativa de gran tamaño, asociada a la polinización de plantas nativas y cultivadas, y advierte amenazas vinculadas con la competencia y transmisión de enfermedades por el abejorro europeo invasor Bombus terrestris. Su caso recuerda que la pérdida de polinizadores no es una hipótesis lejana: ya existe en el país una especie emblemática, visible y culturalmente reconocible que requiere protección activa, monitoreo y mejores decisiones de manejo.
No todo insecto en una flor es una plaga
El desafío también es cultural. En sistemas agrícolas y jardines urbanos, muchos insectos siguen siendo observados primero como amenaza y sólo después, si es que ocurre, como aliados. La guía de insectos polinizadores nativos impulsada por el Ministerio del Medio Ambiente y el proyecto GEF Montaña apunta justamente a corregir esa mirada. El material fue presentado en 2020 para facilitar el reconocimiento visual de especies de la zona central, como la abeja minera, el pololo común, bombílidos y moscas florícolas, además de entregar información sobre 25 ejemplares, 11 de ellos endémicos de Chile. Esa educación importa porque la protección empieza por distinguir. Sin reconocimiento, los polinizadores nativos quedan invisibles; y lo invisible rara vez entra en las decisiones de manejo predial, restauración, jardinería, ordenamiento territorial o política pública.
La lección para Chile: cuidar la red completa
La conclusión no es quitar importancia a la abeja melífera. Sería un error desconocer su aporte a la apicultura, a los cultivos y a la economía agrícola. La conclusión es más exigente: Chile necesita proteger la polinización como una red, no como un servicio entregado por una sola especie. Eso implica conservar vegetación nativa, reducir riesgos por plaguicidas, reconocer sitios de nidificación, mantener corredores florales, valorar bordes de predios y mejorar la información disponible sobre insectos silvestres. PNAS encendió una alerta en Norteamérica; INIA, SAG y el Ministerio del Medio Ambiente muestran que Chile tiene motivos propios para mirar el tema de cerca. Las abejas melíferas ayudan, pero no son toda la red. Cuidar polinizadores nativos es cuidar alimentos, semillas, biodiversidad, agricultura y futuro.
Fuente: PNAS, INIA, SAG, Ministerio del Medio Ambiente.


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