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Pérdida de vegetación en Santiago 2000–2025: Pudahuel, Quilicura y San Bernardo concentran el deterioro

domingo, 13 de septiembre 2026

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Pérdida de vegetación en Santiago 2000–2025: Pudahuel, Quilicura y San Bernardo concentran el deterioro

La pérdida de vegetación en Santiago se agrava: 18 comunas aún con menos verde; Pudahuel pierde 50 %.

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Nacional

Por: Yexika Montilla | 01 de noviembre 2025 | 17:29

Pérdida de vegetación en Santiago 2000–2025: Pudahuel, Quilicura y San Bernardo concentran el deterioro

Pie de foto: Según el estudio, 18 de 35 comunas tienen hoy menos vegetación que en 2000; las caídas más duras se concentran en el poniente y el sur.

Entre 2000 y 2025, el Gran Santiago recuperó parte de su cobertura vegetal, pero 18 de 35 comunas aún muestran menos verde que hace 25 años. Pudahuel, Quilicura y San Bernardo registran las caídas más pronunciadas, vinculadas a expansión urbana e industrial. El oriente mantiene altos porcentajes con descensos parciales, profundizando una brecha territorial que exige políticas de infraestructura verde y gestión hídrica.

El estudio más reciente de Corporación Ciudades confirma una paradoja: la Región Metropolitana muestra una recuperación agregada de la cobertura vegetal en la última década, pero la mitad de sus comunas sigue por debajo de los niveles del año 2000. La magnitud del deterioro se concentra en el poniente y el sur del Gran Santiago. Pudahuel encabeza las pérdidas: su cobertura cayó del 40% en 2000 a 20% en 2025. En términos de superficie, pasó de 1.632 hectáreas en 2020 a 812,5 hectáreas en 2025, es decir, una reducción a la mitad en cinco años. Quilicura descendió del 39% al 20% en el mismo periodo; su vegetación pasó de 1.389 hectáreas hace 25 años a 707 hectáreas en la actualidad. San Bernardo bajó del 50% al 32%, con una merma cercana a 1.000 hectáreas. [1]

Metodología y fuente del estudio

Corporación Ciudades reporta variaciones de cobertura vegetal a nivel comunal y metropolitano para periodos comparables, expresadas en porcentajes y hectáreas. La organización detalla hitos temporales (2000, 2015 y 2025) y ejemplos comunales, lo que permite reconstruir tendencias con base geográfica consistente. Si bien el informe público enfatiza resultados y casos, su lectura sugiere un insumo basado en clasificación de coberturas y conteos de superficie a partir de imágenes satelitales o productos de teledetección de alta resolución, integrados a cartografía comunal. La disponibilidad de cifras por comuna y año facilita contrastes, pero obliga a explicitar márgenes de error y supuestos de clasificación para interpretar cambios finos, sobre todo cuando se observa un “rebote” metropolitano tras 2015 con caídas persistentes en territorios industriales. En próximos complementos metodológicos, será clave conocer resolución espacial y validación en terreno.

Pudahuel: caída acelerada bajo presión logística e industrial

Pudahuel muestra la trayectoria más abrupta de pérdida vegetal en el Gran Santiago. La comuna redujo su cobertura del 40% en 2000 al 20% en 2025, confirmando la mitad del verde en un cuarto de siglo. La contracción se agudizó en el último quinquenio: de 1.632 hectáreas en 2020 a 812,5 en 2025, reflejando la consolidación de grandes parques industriales y de bodegaje vinculados al aeropuerto y a la macrozona logística poniente. Este patrón responde a cambios de uso de suelo de predios agrícolas y eriazos vegetados hacia plataformas de almacenamiento y distribución, con naves de gran huella y escaso arbolado perimetral. La localización estratégica de estas instalaciones, próxima a autopistas y corredores de carga, intensifica la ocupación de suelos sin medidas equivalentes de compensación ecológica o corredores verdes interfase-industria, por lo que la estructura ecológica comunal se fragmenta y pierde continuidad.

Quilicura: del mosaico agrícola al continuo urbano-industrial

Quilicura repite la tendencia, con una caída de su cobertura vegetal del 39% al 20% entre 2000 y 2025. En superficie, pasó de 1.389 hectáreas a 707 hectáreas, consolidando su rol como nodo logístico del norte de Santiago. La transformación obedeció a la expansión de plataformas de bodegaje y parques industriales, apalancada por accesos viales, conectividad con la Ruta 5 y proximidad a anillos urbanos. Este corrimiento productivo, que sustituyó cultivos y matorrales por suelos impermeables, elevó las islas de calor y contrajo la conectividad ecológica barrial. La evidencia sugiere que, sin instrumentos de diseño urbano verde que exijan porcentajes de suelo permeable, arbolado nativo y franjas de amortiguación, la pérdida de vegetación difícilmente se revertirá a escala de paisaje. A futuro, la combinación de techos fríos, patios de infiltración y cinturones arbolados podría atenuar la tendencia si se integra en permisos y mitigaciones.

San Bernardo: expansión residencial e industria al sur metropolitano

San Bernardo completa el podio con una reducción de 50% a 32% de cobertura vegetal entre 2000 y 2025. La comuna perdió casi 1.000 hectáreas: de 2.630 a 1.696, impulsada por expansión residencial periférica, lotes industriales y ejes de transporte que consolidaron nuevos barrios en antiguos suelos agrícolas. La sustitución de vegetación natural y cultivos por trazados viales y conjuntos de densidades medias-bajas redujo la provisión local de servicios ecosistémicos, particularmente regulación térmica y control de escorrentías. Al mismo tiempo, la presión inmobiliaria fragmentó remanentes vegetados en la interfase urbana-rural, diluyendo corredores que conectaban con áreas periurbanas. En este contexto, el desafío de San Bernardo pasa por establecer estándares de áreas verdes por habitante adaptados a su morfología, priorizar especies nativas de bajo consumo hídrico y generar parques de borde que funcionen como bisagras ecológicas entre barrios y suelos productivos.

El contraste oriente y la desigualdad del verde urbano

Mientras el poniente y el sur cargan con el mayor deterioro, el sector oriente preserva altos porcentajes de vegetación, con reducciones parciales. Lo Barnechea, Vitacura y Las Condes continúan liderando la cobertura gracias a una combinación de factores geomorfológicos (piedemonte y precordillera), mayor dotación de parques consolidados, suelos con pendientes que limitan densidades planas y presupuestos municipales que sostienen riego e infraestructura verde. La literatura local resalta que la localización en piedemonte otorga a Lo Barnechea una base ecológica singular, con comunidades vegetales de alto valor y endemismo; esa ventaja se traduce en métricas superiores de cobertura, aunque no exentas de presiones. La brecha entre oriente y poniente, por tanto, no es solo climática o topográfica: refleja desigualdades históricas de inversión urbana y estándares de diseño, con efectos en confort térmico, calidad del aire y salud.

Sequía prolongada y lluvias mínimas: el golpe de 2010–2019

La pérdida de vegetación no se explica solo por cambios de uso de suelo. La megasequía de 2010–2015 —y su prolongación hasta 2019— impuso un estrés hídrico sostenido que elevó la mortalidad vegetal y forzó a municipios y hogares a priorizar riego crítico. MeteoChile caracteriza ese periodo como la “década perdida” por la seguidilla de años con déficit pluviométrico, con 2019 como uno de los momentos más secos del registro reciente. Series de la estación Quinta Normal muestran acumulados anuales muy por debajo de lo normal en el área metropolitana durante gran parte de la década, condición que debilitó praderas, arbolado exótico y suelos compactados. Investigaciones del CR2 sitúan un déficit de precipitaciones cercano a 30% entre Coquimbo y La Araucanía desde 2010, exacerbado por el calentamiento que aumenta evaporación y estrés hídrico. El resultado: menor resiliencia del verde urbano ante olas de calor y eventos extremos.

Reglas urbanas y la necesidad de infraestructura verde

El marco regulatorio metropolitano ha permitido en diversos ciclos la incorporación de usos urbanos e industriales en áreas antes agrícolas o vegetadas, con medidas de mitigación dispares. El Plan Regulador Metropolitano de Santiago (PRMS) y sus ordenanzas, que organizan los usos a escala intercomunal, ofrecen instrumentos pero no siempre garantizan una red ecológica funcional cuando el crecimiento es fragmentado. La discusión actual en torno a “infraestructura verde” en Santiago apunta justamente a tejer parques, plazas, humedales, arbolado y corredores en una red planificada que provea servicios ecosistémicos y conectividad. Iniciativas regionales recientes —como el Plan de Infraestructura Verde Stgo+— y lineamientos del Minvu sobre ciudades verdes enfatizan conectar áreas y priorizar soluciones basadas en la naturaleza para adaptación climática, drenaje urbano sostenible y reducción de islas de calor, especialmente en comunas con déficit histórico.

¿Qué hacer ahora? Medidas de impacto alto y rápido

Las comunas más golpeadas comparten un patrón: grandes superficies impermeables, baja proporción de arbolado nativo y falta de corredores verdes que unan barrios, parques y bordes productivos. Un paquete de políticas puede revertir tendencias a escala comunal y metropolitana:

  1. Exigir porcentajes mínimos de suelo permeable y franjas arboladas en nuevos parques industriales, con especies nativas de bajo requerimiento hídrico.
  2. Impulsar redes de infraestructura verde que prioricen cauces, zanjas de infiltración y plazas esponja para gestionar lluvias intensas y recargar suelos.
  3. Integrar techos fríos y sombreaderos en conjuntos residenciales periféricos.
  4. Orientar inversiones hacia sectores críticos usando métricas de cobertura por manzana y mapas de calor.

La evidencia internacional y local respalda que estas acciones mejoran confort térmico, capturan contaminantes y fortalecen resiliencia urbana, si se financian y mantienen con estándares verificables.

Fuente: Corporación Ciudades, PRMS, MMA, Meteo Chile, CR2, Stgo+, Minvu

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