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O’Higgins: exporta más, pero no encuentra trabajadores agrícolaslunes, 14 de septiembre 2026
O’Higgins: exporta más, pero no encuentra trabajadores agrícolas
Déficit de mano de obra agrícola en O’Higgins contrasta con exportaciones por US$5.651 millones en 2024.
Agricultura Convencional
Por: Yexika Montilla | 12 de octubre 2025 | 19:30
Pie de foto: Cosechadores de cereza en San Vicente, Región de O’Higgins: pese al auge exportador, el agro enfrenta déficit de mano de obra por sueldos bajo el promedio regional y jornadas extensas. El gremio pide regularización; expertos proponen automatización.
La Región de O’Higgins enfrenta un déficit persistente de mano de obra agrícola pese a su liderazgo exportador. Voces del Observatorio Laboral UOH apuntan a sueldos por debajo del promedio regional y jornadas extenuantes. En paralelo, el gremio propone regularización acotada de migrantes, mientras especialistas sugieren automatización y mayor cualificación para elevar productividad y empleo de calidad.
En 2024, O’Higgins cerró el año con envíos no cobre ni litio por US$5.651 millones, con las cerezas frescas como principal producto (US$2.133 millones). La cifra marca el pulso de una región exportadora, pero contrasta con el 15% del empleo regional concentrado en el silvoagropecuario y una dificultad creciente para contratar en temporadas de cosecha y packing. El Observatorio Laboral UOH ya había advertido el fenómeno, describiendo una paradoja: más exportaciones, pero menos disposición local a faenas elementales, intensivas y con horarios extensos. La combinación de estacionalidad, salarios comparativamente bajos y rotación alta erosiona la oferta en labores críticas de cosecha, selección y embalaje. En 2025 la tensión volvió al centro del debate, cuando la escasez de temporeros coincidió con proyecciones de temporada frutícola exigente y costos internacionales presionados por precios a la baja en algunos rubros.
Sueldos y jornadas: por qué cuesta contratar
La explicación de fondo no es solo demográfica. La UOH ha subrayado que las remuneraciones promedio regionales aún se ubican bajo el promedio nacional, y que en el agro el diferencial salarial y la dureza de la jornada desincentivan la entrada de jóvenes que aspiran a trayectorias de desarrollo más acordes a su formación. “Quienes ingresan al mercado buscan lugares de desarrollo personal antes que el ‘sacrificio’ que marcó a sus antepasados”, resume el Observatorio, sintetizando hallazgos de sus Termómetros Laborales y estudios de ocupaciones. A ello se suma la intermitencia de contratos, la informalidad relativa en temporadas y el desgaste físico de labores al aire libre. El resultado: mayor dificultad para llenar vacantes críticas en plena ventana de cosecha, aun cuando la región muestra señales de recuperación del empleo en términos generales según la serie de la Encuesta Nacional de Empleo (INE).
La propuesta de la SNA: regularización acotada de migrantes
El 23–25 de septiembre de 2025, Antonio Walker, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), planteó avanzar en una regularización “acotada” para migrantes ya residentes que cumplan requisitos (buena conducta, vínculo laboral o familiar), con el fin de cubrir faenas estacionales del agro. La idea desató críticas y apoyos, pero instaló en la agenda la tensión entre la urgencia de la temporada y la sostenibilidad del empleo. Walker matizó que no se trata de “amnistías generales”, sino de una formalización orientada al trabajo en rubros donde “no existe fuerza laboral nacional suficiente” para las tareas requeridas por la cadena frutícola. Detractores alertaron riesgos de precarización y “efecto llamada”, mientras el gremio pidió coordinar con Interior y Migraciones para compatibilizar seguridad fronteriza y contratación formal. El debate marcó el inicio de la ventana de cosechas intensivas.
Lo estructural: productividad, automatización y cualificación
Más allá de la coyuntura migratoria, el cuello de botella es estructural: elevar productividad y calidad del empleo. La UOH lo sintetiza en un horizonte de “sofisticación de la cadena”: automatizar y digitalizar procesos, y profesionalizar oficios con mayor cualificación técnica. En la fruticultura regional ya se prueban soluciones con visión computacional para estimar rendimiento de cerezos, conteo automatizado y apoyo a decisiones de cosecha. A nivel país, equipos universitarios desarrollan prototipos robóticos para labores repetitivas (poda, desmalezado, cosecha suave), mientras los packings incorporan tecnologías de clasificación óptica y trazabilidad para escalar con menos rotación y menos lesión de fruta. El paso siguiente es formación dual y certificación de competencias para operarios de líneas automatizadas, mantención y data analytics en campo y packing regional.
Temporada alta: picos de demanda y precios volátiles
La fruticultura chilena cerró 2024/25 con US$9,46 mil millones FOB en fruta, +1,1% interanual, pero con alzas de volumen y bajas de precio unitario en varias especies; la cereza aportó el 43,5% del valor fresco. Esta dinámica obliga a hacer más con menos: productividad por persona, reducción de mermas y precisión logística. En O’Higgins, donde la cereza y la uva lideran, los picos de contratación se concentran entre noviembre y febrero, presionando transporte, alojamiento y servicios. El calendario tensa simultáneamente campo y packing, justo cuando las exportadoras exigen cumplimiento de inocuidad, calibres y consistencia de color. En ese contexto, cualquier brecha de dotación repercute en calidad, tiempos de ciclo y precio final, de ahí la urgencia por asegurar oferta de trabajo local, reforzar retención y contratar a tiempo para no perder ventanas críticas.
¿Qué hacer ahora? Medidas de corto y largo plazo
Para 2025–2026, los actores consultados coinciden en una agenda dual. Corto plazo: ajuste de turnos y transporte subsidiado en cosecha, bonos de retención y albergues temporales dignos; bolsas de trabajo rápidas con filtros por comuna; y fiscalización de estándares mínimos para reducir accidentes y rotación. Largo plazo: planes de automatización selectiva en pre y poscosecha; formación técnica en mecatrónica agrícola, operación de clasificadoras ópticas y mantenimiento de robótica colaborativa; y alianzas UOH–empresas para pilotos en predios y packings regionales. La SNA, por su parte, plantea regularización acotada para faenas, sujeta a trazabilidad contractual y coordinación con Migraciones, mientras las universidades aportan I+D para acortar brechas de productividad sin precarizar. La meta compartida: menos estacionalidad frágil, más empleos formales y mejor valor por kilo exportado.
Voces locales: el Observatorio Laboral y la ventana de oportunidad
El Observatorio Laboral UOH ha documentado que el agro concentró la mayor proporción de contrataciones de 2024 en la región, pero también que solo 0,9% de las empresas declara crear nuevos puestos por incorporación tecnológica. Esa asimetría revela un espacio claro para política pública y gestión empresarial: si crece la demanda por mano de obra, pero la tecnología aún no se traduce en nuevos perfiles, la brecha persiste. En la paradoja de O’Higgins hay una ventana de oportunidad: vincular inversión en automatización con empleos de mejor salario y retorno medible. Con series de empleo recuperándose y exportaciones en máximos, el momento para el giro es ahora. El éxito dependerá de alinear incentivos —subsidios a equipamiento, formación y certificación— con indicadores de productividad y formalidad específicos por rubro.


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