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Nematodo de la frutilla avanza en Chile y proyecto en O’Higgins prueba manejo para frenarlo

lunes, 14 de septiembre 2026

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Nematodo de la frutilla avanza en Chile y proyecto en O’Higgins prueba manejo para frenarlo

SAG lo declaró plaga presente y UOH busca bajar 50% la infestación en 24 meses con manejo integrado.

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Frutícola

Por: Yexika Montilla | 07 de marzo 2026 | 14:16

Nematodo de la frutilla avanza en Chile y proyecto en O’Higgins prueba manejo para frenarlo

Pie de foto: Investigadores de la UOH y productores de O’Higgins prueban manejo térmico, rotación de cultivos y monitoreo para frenar la plaga que deforma plantas y frutos de frutilla y amenaza el rendimiento de los huertos.

El nematodo Aphelenchoides fragariae, detectado en Chile en 2022, pasó a estatus de plaga presente con medidas reforzadas en viveros desde el 9 de agosto de 2025, según el SAG. En O’Higgins, un proyecto de la Universidad de O’Higgins evalúa tratamiento térmico, rotación de cultivos y monitoreo de laboratorio para reducir la infestación en frutilla. Las pérdidas máximas reportadas por productores y difundidas por la UOH deben leerse como antecedente de fuente única, no como promedio general del sector.

La amenaza es pequeña, pero el efecto en el huerto puede ser enorme. Aphelenchoides fragariae es un nematodo microscópico que ataca partes aéreas de la frutilla, altera el desarrollo de hojas, flores y frutos, y termina afectando el rendimiento de la planta. En Chile, el organismo fue detectado por laboratorios del SAG en 2022 y durante casi tres años se abordó bajo medidas de emergencia. Ese escenario cambió cuando el Servicio informó que, desde el 9 de agosto de 2025, la plaga pasaría de “cuarentenaria ausente” a plaga presente en el país, junto con el establecimiento de medidas de control en viveros, al considerarse que el material de propagación es la principal vía de dispersión. El giro regulatorio importa porque mueve el foco desde una erradicación de corto plazo hacia un manejo sostenido: prevención, vigilancia, diagnóstico y supresión. 

Cómo se ve el daño en la planta y por qué preocupa en predios pequeños

En terreno, la plaga no aparece como una imagen abstracta de laboratorio, sino como una secuencia visible de deterioro: pecíolos enrojecidos, entrenudos cortos, deformación de hojas y flores, frutos irregulares y plantas que pierden vigor hasta quedar enanas. El SAG describe, además, que la dispersión puede producirse a grandes distancias mediante material contaminado y, a menor escala, por agua sobre la superficie de las plantas, lo que explica por qué la higiene y el movimiento de personas, herramientas y plantas se vuelven parte del problema. En una región como O’Higgins, donde el cultivo tiene fuerte presencia en agricultura de menor escala, esa combinación de contagio silencioso y pérdida de rendimiento pega directo en la caja familiar. La advertencia más dura difundida por la UOH habla de mermas de hasta 80% en escenarios severos.

La respuesta local: agua caliente, rotación y protocolos de ingreso al huerto

La apuesta que se prueba en O’Higgins no se basa en una sola herramienta, sino en una lógica de barreras sucesivas. El proyecto de la Universidad de O’Higgins, presentado en 2024 y desarrollado en comunas como Litueche, Paredones, Marchigüe y Pumanque, incluye el pretratamiento de plantas con choque térmico, la rotación con especies no hospederas y la capacitación de agricultores para mejorar sus prácticas de manejo. En la práctica, eso significa intervenir antes de la siembra, revisar qué entra al campo y reducir oportunidades de dispersión entre camas y entre predios. “Hoy lo primero es la higiene”. Ahí está el corazón de la estrategia: el problema no se resuelve solo con una técnica, sino con una disciplina de manejo.

Por qué el tratamiento térmico no es improvisación, sino una línea con respaldo técnico

La parte más llamativa del protocolo es el uso de agua caliente para desinfectar plantines antes del trasplante. No se trata de una ocurrencia aislada, sino de una técnica con base previa en literatura técnica y estándares fitosanitarios. Un estándar de EPPO sobre tratamiento térmico de plantas de frutilla señala que el procedimiento descrito para Aphelenchoides besseyi también puede utilizarse contra Aphelenchoides fragariae. Estudios previos, además, reportaron que determinados rangos de tiempo y temperatura lograron eliminar el nematodo sin dañar cultivares evaluados, aunque justamente el punto sensible siempre ha sido ese: encontrar un equilibrio entre eficacia contra la plaga y seguridad para la planta. Por eso la UOH no presenta la herramienta como receta cerrada, sino como un ajuste local para variedades y condiciones regionales. La frase del investigador Ernesto San Blas, incluida en tu borrador, lo resume bien: se busca “matar los nematodos sin afectar a la planta”.

El laboratorio gana protagonismo: detectar a tiempo vale tanto como reaccionar

En esta historia hay un cambio menos visible, pero igual de decisivo: el diagnóstico deja de ser un paso accesorio y pasa a ser parte del manejo. Según la UOH, el proyecto fortaleció su capacidad de análisis con equipos de qPCR y microscopios invertidos para detectar y cuantificar presencia del nematodo en muestras, monitorear carga parasitaria y comparar el desempeño de las herramientas aplicadas. Eso importa porque, cuando una plaga ya no se trata como intrusa ocasional sino como presencia establecida, la diferencia entre llegar tarde o llegar a tiempo define cuánto se pierde y cuánto se logra contener. También por eso el equipo subraya que el invierno es un momento clave para enviar muestras y sostener una vigilancia periódica.

Lo que está en juego para O’Higgins y qué falta demostrar todavía

El valor de esta iniciativa no está solo en bajar una infestación, sino en evitar que la sanidad vegetal se transforme en un lujo inaccesible para productores pequeños. La UOH plantea como meta reducir en 50% los niveles de infestación en 24 meses y transferir resultados a través de una plataforma digital abierta y manuales de buenas prácticas. Antes, en 2024, la misma universidad había descrito el proyecto con una duración de 36 meses, formación a agricultores y trabajo territorial en comunas del secano costero. Todo eso arma una narrativa potente, pero periodísticamente conviene separar con cuidado meta, ensayo y resultado efectivo. Hoy lo comprobado es la existencia del problema, el cambio regulatorio del SAG y la puesta en marcha de una estrategia integrada. Lo que todavía está en desarrollo es la magnitud real del impacto de ese sistema en terreno y su posible expansión a otros rubros o regiones.

Preguntas Frecuentes

Fuente: SAG, Universidad de O’Higgins, EPPO

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