Inicio

>

Medio Ambiente

>

Innovación/Medio Ambiente

>

Nanocelulosa de cáscara de piña mejora suelos desérticos: +32,7% agua y menor evaporación

martes, 15 de septiembre 2026

Medio Ambiente

Compartir en:

Nanocelulosa de cáscara de piña mejora suelos desérticos: +32,7% agua y menor evaporación

De residuo a solución verde: nanocelulosa de cáscara de piña retiene 32,7% más agua y reduce 50% la evaporación en suelos áridos.

Agregar Agroconectados en
Agrega Agroconectados como tu fuente favorita de noticias en Google.

Innovación/Medio Ambiente

Por: Yexika Montilla | 09 de diciembre 2025 | 17:43

Nanocelulosa de cáscara de piña mejora suelos desérticos: +32,7% agua y menor evaporación

Pie de foto: De residuo a recurso: fibras de nanocelulosa hechas con desechos de piña estabilizan la arena, duplican la retención de fósforo y favorecen el crecimiento de tomate en condiciones áridas.

Un equipo internacional convirtió cáscaras de piña en nanofibras de celulosa y las probó en tres arenas de Emiratos Árabes Unidos. Los suelos tratados retuvieron hasta 32,7% más agua, redujeron ≈50% la evaporación y casi duplicaron la retención de fósforo; las plántulas de tomate cherry sobrevivieron más y crecieron mejor con dosis de 0,25–1% en peso. La fibra se mantuvo estable en arenas pobres y se alinea con la bioeconomía circular para MENA. 

Investigadores de materiales y agroingeniería con base en Abu Dabi evaluaron si la nanocelulosa derivada de cáscaras de piña podía transformar suelos arenosos típicos de climas hiperáridos en sustratos cultivables. El estudio, publicado el 22 de septiembre de 2025 en Journal of Bioresources and Bioproducts, probó el enmiendo en tres arenas desérticas abundantes en EAU (líticas, ricas en cuarzo y calcáreas) para medir retención de agua, permeabilidad, evaporación, cohesión y almacenamiento de nutrientes, además de su impacto en plántulas de tomate cherry. La motivación combina seguridad alimentaria y economía circular: revalorizar un residuo abundante de las industrias de zumos y hostelería y, a la vez, reducir la dependencia de importaciones en regiones áridas. 

Cómo convirtieron la cáscara en nanofibras

El equipo transformó la cáscara en una mezcla de fibras macro a nanoescala mediante una cadena mecanoquímica: triturado, tratamiento alcalino para remover lignina y hemicelulosa, blanqueo y molienda con bolas para fibrilar hasta diámetros nanométricos. Esa combinación produce celulosa nanofibrilada con alta relación superficie/volumen y sitios funcionales que interactúan con el agua y las partículas minerales. Las fibras se incorporaron a la arena en proporciones bajas (fracciones de 0,25–1% p/p, con prueba alta de 3% como techo) y se sometieron a ensayos hidráulicos y mecánicos estándar en laboratorio, además de macetas con plántulas para validar efecto agronómico. Este flujo de proceso es coherente con rutas de extracción y fibrilación reportadas para nanocelulosa de residuos de piña y otras biomasas lignocelulósicas.

Resultados en el suelo: agua, estructura y nutrientes

Los suelos enmendados con las fibras mostraron hasta +32,7% de capacidad de retención de agua respecto del control, con −58% en permeabilidad (menor drenaje rápido) y ≈−50% en evaporación, lo que prolonga la humedad disponible en superficie y subsuperficie. Además, la cohesión y la resistencia a compresión aumentaron ≈4×, clave para reducir erosión eólica; en paralelo, la retención de fósforo prácticamente se duplicó, relevante en arenas donde el nutriente suele perderse por lixiviación. Estas magnitudes son consistentes con el comportamiento de biopolímeros que mejoran la curva de retención de agua y la microestructura en arenas áridas, y explican por qué pequeñas dosis de fibra impactan en balances hídricos a escala de planta. 

Figura 1

Ensayo con tomate: la dosis que funciona

Las macetas con tomate cherry confirmaron el salto de desempeño: con 0,25–1% en peso, las plantas sobrevivieron más, desarrollaron más hojas y mostraron vigor superior frente a suelos sin enmienda. Por encima de 3%, la supervivencia cayó, sugiriendo saturación de poros finos o desajustes aire–agua en la rizosfera que penalizan el intercambio gaseoso. Este patrón “menos es más” es común cuando cargas nanofibrilares alteran demasiado la porosidad efectiva. La lección para el campo es simple: comenzar con dosis bajas, medir respuesta hídrica y fenológica, y escalar sólo si el rendimiento lo pide. La narrativa divulgativa independiente coincide con estos resultados y subraya beneficios >30% en retención y mejora visible del vigor en tomate.

El estudio también evaluó biodegradación: en ambientes ricos en materia orgánica, la fibra se degrada rápido por actividad microbiana; en arenas pobres —las que dominan los desiertos—, las nanofibras persisten más tiempo, lo que estabiliza la mejora hidráulica y mecánica durante varias estaciones. Esa durabilidad relativa es estratégica, porque evita la necesidad de re-aplicar en cada campaña y permite planificar rotaciones con riegos más espaciados. A diferencia de hidrogeles sintéticos de mayor costo o huella, la nanocelulosa de residuo ofrece renovabilidad, baja toxicidad y encaje en cadenas locales de gestión de bioresiduos. Ensayos afines con algina y otros biopolímeros en arenas eólicas refuerzan el mecanismo de retención hídrica y formación de costras superficiales.

Escalabilidad y economía circular en MENA

El potencial escalable radica en conectar centros de consumo (hoteles, juguerías) con plantas de pretratamiento que estandaricen fibra a costos competitivos por kilogramo. Como muestra la literatura de biopolímeros para arenas y la experiencia regional con biochar y enmiendas orgánicas, el portafolio de soluciones bio-basadas está madurando y puede combinarse según textura, salinidad y cultivos objetivo. En Arabia Saudí, universidades y startups trabajan con biopolímeros naturales (p. ej., derivados de algas como la algina) para estabilizar arena y mejorar el uso de agua; en el Magreb, proyectos y grupos técnicos exploran biochar y compost para elevar la capacidad de agua disponible en suelos arenosos. Integrar estas rutas con nanocelulosa de piña reduce residuos, baja la presión hídrica y descentraliza insumos.

Por qué importa y próximos pasos

La agricultura en desiertos suele depender de riegos intensivos y fertilizantes que se pierden por lixiviación. Si una enmienda biodegradable, barata y local reduce el drenaje y la evaporación a mitad, cada metro cúbico bombeado rinde más, con menor huella energética y financiera. Los autores proponen afinar modelos de retención de agua y transporte de nutrientes con fibra, y evaluar escalado con otros subproductos (p. ej., hojas de piña, dátil o poda), además de ensayos a campo con monitoreo de temporadas completas. Para políticas públicas, la señal es clara: invertir en bioeconomía circular que convierte residuos en enmiendas medibles y auditablemente eficaces para seguridad alimentaria en climas áridos.

Fuente: EurekAlert, Journal of Bioresources and Bioproducts, MDPI, Anthropocene Magazine

Lo Nuevo