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Musgos poseen diversidad genética mayor que otras plantas

martes, 15 de septiembre 2026

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Musgos poseen diversidad genética mayor que otras plantas

Diversidad genética de musgos: Nature Genetics compara 138 briófitas y 146 vasculares; más familias de genes, HGT y de novo en ~500 Ma. 12 chilenas.

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Agricultura Ecológica

Por: Yexika Montilla | 06 de noviembre 2025 | 19:37

Musgos poseen diversidad genética mayor que otras plantas

Pie de foto: . Lejos de ser “primitivos”, los musgos exhiben 500 millones de años de innovación genética y mecanismos como genes de novo y transferencia horizontal.

Un estudio internacional publicado en Nature Genetics comparó 138 briófitas y 146 plantas vasculares mediante un análisis de super-pangenoma. Encontró que musgos y hepáticas conservan casi el doble de diversidad de familias de genes y han evolucionado de manera dinámica durante ~500 millones de años. La base BryoGenomes reúne secuencias y fichas de especies, incluidas 12 chilenas. El CHIC aportó muestras subantárticas y coordinación científica.

El hallazgo que reubica a los musgos en la vanguardia evolutiva llegó cuando Nature Genetics publicó un super-pangenoma que integró 123 genomas recién secuenciados de briófitas, más conjuntos comparables de 146 especies vasculares. El análisis muestra que las briófitas poseen una diversidad de familias de genes sustancialmente mayor que las plantas vasculares, con más familias únicas y de linaje, y una fracción accesoria amplia que sugiere innovación constante. En otras palabras: aunque sus genomas suelen ser más pequeños, albergan un “espacio” genético más flexible para probar soluciones adaptativas. La publicación detalla además que la diversidad observada se explica por dos procesos combinados a escala profunda: formación de genes de novo y transferencia horizontal de genes a lo largo de ~500 millones de años de historia.

La comparación de 138 briófitas (musgos y hepáticas) con 146 plantas vasculares (helechos y angiospermas) rompe la caricatura de “fósiles vivientes”. Los autores muestran que la amplitud del repertorio génico en musgos no solo es mayor en número, sino también en originalidad: hay más familias exclusivas de briófitas y más variación entre especies cercanas, lo que sugiere trayectorias evolutivas independientes y activas durante medio millardo de años. Las curvas de rarefacción de familias y la proporción de genes accesorios por genoma apuntan a una dinámica evolutiva continua, coherente con linajes que colonizaron temprano la tierra y diversificaron estrategias para enfrentar desecación, radiación UV y suelos pobres. Esto explica su presencia desde turberas magallánicas hasta bosques nubosos tropicales y cumbres frías, y abre una ventana para biomimética y conservación genética de base amplia.

Por qué importa para la evolución vegetal

La conclusión central del equipo —que las briófitas conservan y generan más diversidad de familias de genes— sugiere que estos linajes no fueron una etapa “primitiva” previa a las vasculares, sino una rama paralela que siguió explorando soluciones moleculares con su propia lógica. Si la lignina permitió a los árboles crecer en altura, los musgos parecen haber invertido en flexibilidad: rutas metabólicas presentes pero ensamblajes distintos, tolerancia a deshidratación y una caja de herramientas para “dormir” y “despertar” ante pulsos climáticos. “Los musgos son las primeras plantas terrestres, pero han seguido evolucionando durante 500 millones de años”, resume Roy Mackenzie, investigador asociado del CHIC, al subrayar que el tamaño del genoma no anticipa su diversidad funcional. Ese marco histórico conecta con reloj molecular y fósiles que sitúan el origen de los grupos principales de briófitas en el Paleozoico, con tasas de evolución que no son menores que las de otras plantas.

Esa lectura cambia el aula y el laboratorio. Por años, manuales presentaron a las briófitas como un vestigio “simple”; el super-pangenoma muestra lo contrario: complejidad distribuida y diversidad funcional acumulada. En términos prácticos, sugiere que la innovación puede surgir por muchas “rutas cortas” que no requieren duplicaciones masivas de genomas o poliploidía, sino recombinación modular de genes accesorios y pequeñas familias que emergen, se fijan o se pierden según el ambiente. La consecuencia metodológica es potente: para entender adaptación al calor, frío o estrés hídrico, conviene mirar familias accesorias y genes de reciente origen, no solo los “core”. Eso reencuadra programas de edición génica y domesticación de musgos con fines biotecnológicos, y justifica colecciones y bancos de germoplasma con muestreo fino por microhábitat y latitud.

Mecanismos: genes de novo y transferencia horizontal

Uno de los motores del patrón observado es la formación de genes de novo: secuencias antes consideradas “no codificantes” pasan a transcribirse y adquirir función. En briófitas, el super-pangenoma detecta señales de emergencia reciente de familias pequeñas y específicas de linaje. La literatura de plantas ya insinuaba este mecanismo, pero su peso relativo en musgos parece mayor por la cantidad de familias exclusivas.

El segundo motor es más disruptivo: transferencia horizontal de genes (HGT). Aunque asociada a bacterias, la HGT en plantas terrestres se ha documentado repetidamente y puede tener impactos grandes en ecología y evolución. Revisiones recientes sintetizan mecanismos (injertos naturales, parásitos, vectores microbianos) y casos donde genes “saltan” entre linajes, aportando funciones listas para usar. En briófitas, la evidencia acumulada y el nuevo análisis apuntan a episodios con origen microbiano que dotan de capacidades metabólicas novedosas. En términos didácticos: además de heredar genes de padres a hijos (vertical), estas plantas intercambian o adquieren piezas funcionales a lo largo de la vida, acelerando innovación sin reproducción sexual. El resultado: una reserva genética más porosa y adaptable, crucial bajo cambio climático y eventos extremos.

Chile en el mapa: riqueza subantártica y especies estudiadas

Chile aparece como laboratorio natural para estas preguntas. La base BryoGenomes —recurso abierto asociado al consorcio del estudio— alberga datos genómicos de 123 especies de briófitas, con navegador interactivo para explorar genes, anotaciones y cromosomas. En ese universo, doce especies chilenas figuran con secuencias y láminas, un punto de partida para investigaciones locales en sistemática y bioprospección. El CHIC, con sede en Puerto Williams, apoya muestreo y análisis en la región subantártica, donde los gradientes de frío, humedad y viento permiten contrastar poblaciones cercanas bajo presiones ambientales distintas en distancias cortas. Esa densidad de microhábitats convierte a turberas, mallines y bosques templados en estaciones de evolución que caben en pocos kilómetros.

Cuantificar la riqueza nacional es difícil por metodologías y actualización de catálogos, pero varias referencias convergen en órdenes de magnitud altos. El portal Musgos de Chile estima ~890 especies de musgos y >550 de hepáticas y antocerotes (≈1.440 briófitas), cifra coherente con compilaciones académicas que reportan ~1.500 briófitas y tasas de endemismo regional que pueden superar el 50% en bosques templados del Cono Sur. Para comunicarlo con rigor editorial, es clave fechar y citar la fuente del conteo utilizado, porque los números cambian con nuevos registros y sinónimos. Lo sustantivo no varía: entre Valdivia y Magallanes se concentra una fracción desproporcionada de la diversidad mundial en un territorio pequeño, lo que exige políticas de conservación y monitoreo genético.

Implicancias biotecnológicas y conservación

El metabolismo secundario de briófitas es notoriamente diverso: antioxidantes, compuestos antimicrobianos, fotoprotectores y moléculas de interacción con el entorno que podrían inspirar nuevos fármacos o bioinsumos agrícolas. La ventaja del “espacio” génico amplio es obvia: más familias y vías equivalen a un menú químico más grande para explorar. El lado B es logístico: sabemos menos sobre su domesticación y cultivo que sobre vasculares. Su crecimiento depende de humedad ambiental estable y de condiciones microclimáticas difíciles de reproducir masivamente. Aun así, combinando genómica funcional con cultivo controlado, es plausible identificar genes de tolerancia térmica o hídrica y derivar extractos o rutas sintéticas que traduzcan esa resiliencia a aplicaciones sanitarias o agroecológicas en la próxima década.

Bajo calentamiento global, la genética aporta faros. Proyectar dónde estarán —y dónde no— ciertas especies en 2100 depende de conocer qué genes responden al calor, al déficit hídrico o a la radiación. Si los musgos “no gustan” del aumento sostenido de temperatura, los mapas de idoneidad climática deberían contraerse a refugios fríos y húmedos; pero su plasticidad —vía genes accesorios, de novo y HGT— podría amortiguar pérdidas locales si existen corredores y microhábitats. Para Chile, esto se traduce en estrategias que integren turberas y criósfera como infraestructura natural del carbono y del agua, inventarios genómicos regionales, y “semilleros” de briófitas para restauración ecológica post-incendio o post-sequía en bosques templados. Ciencia abierta como BryoGenomes acelera ese ciclo de observación, prueba y ajuste. 

Caso Sphagnum: del “pompón” a un complejo de tres especies

Durante décadas, Sphagnum magellanicum —el “musgo pompón”— se consideró cosmopolita. Los análisis genómicos y de poblaciones de la última década precisaron otra historia: el complejo incluye tres especies hoy bien documentadas, con S. magellanicum sensu stricto restringido al Cono Sur, mientras S. divinum y S. medium se distribuyen en el hemisferio norte. Para la gestión chilena, la distinción no es un tecnicismo: afecta permisos, planes de manejo de turberas y comercio de biomasa, además de modelos climáticos que usan proxies de cobertura de Sphagnum. Separar especies con nombres y rangos correctos evita errores de conservación y permite comparar manzanas con manzanas al evaluar productividad, retención hídrica y secuestro de carbono en Magallanes y Aysén.

La corrección taxonómica tuvo implicancias inmediatas. En Europa, trabajos de 2022–2025 reconstruyeron la estructura genética del complejo, revelando fronteras nítidas entre S. divinum y S. medium y apoyando límites de distribución no superpuestos con S. magellanicum. En Sudamérica austral, esto refuerza la singularidad de turberas patagónicas y subantárticas, incluidas aquellas cercanas a Puerto Williams y Cabo de Hornos, donde el CHIC articula investigación colaborativa con universidades chilenas e internacionales. “Tal como los observatorios en Atacama catalizaron astronomía, Cabo de Hornos cataliza ‘constelaciones de genes’”, comentó Ricardo Rozzi, director de investigación del CHIC, sobre el impacto de sumar briófitas subantárticas a un estudio de alcance mundial y abrir horizontes biotecnológicos en organismos clave del extremo austral.

Fuente: Nature Genetics, PubMed, New Phytologist, Journal of Experimental Botany, BryoGenomes, Musgos de Chile, British Bryological Society

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