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Mantenimiento de sistemas de riego en Chile: cómo evitar fallas en la temporada agrícoladomingo, 13 de septiembre 2026
Mantenimiento de sistemas de riego en Chile: cómo evitar fallas en la temporada agrícola
Chile enfrenta un déficit hídrico del 25% y expertos recomiendan mantención preventiva en riego agrícola.
Consejos Agrícolas
Por: Yexika Montilla | 30 de septiembre 2025 | 19:29
Pie de foto: Sistemas de riego en acción: la preparación y calibración de equipos permiten reducir pérdidas de agua y proteger la producción agrícola en Chile.
Chile inicia una nueva temporada agrícola bajo un déficit hídrico promedio del 25%. Expertos recomiendan la mantención preventiva de los sistemas de riego para evitar fallas que comprometan la producción en un escenario de sequía estructural.
Con la llegada de la primavera, los agricultores chilenos comienzan a dejar atrás el temor a las heladas y concentran sus esfuerzos en el riego. Sin embargo, el país enfrenta una sequía prolongada que amenaza la seguridad productiva. Según la Dirección General de Aguas (DGA), Chile registra un déficit hídrico promedio del 25% en 2025, con caudales de ríos que han disminuido hasta en un 68% respecto de décadas anteriores.
Este escenario afecta la capacidad de los embalses y compromete el suministro de agua en varias cuencas críticas, especialmente en la zona centro-sur, donde se concentra la producción frutícola y de hortalizas. La falta de agua no solo encarece los costos de operación, sino que también obliga a los agricultores a adoptar prácticas de eficiencia hídrica para sostener la productividad y cumplir con los estándares de exportación que exigen los mercados internacionales.
El ingeniero agrónomo y gerente técnico de Dripsa, Marco Quezada, advierte que “iniciar la temporada sin una preparación técnica adecuada puede generar fallas costosas en plena producción”[. Para él, un sistema de riego funciona como un motor de precisión: requiere ajustes regulares para operar con máximo rendimiento. Las recomendaciones técnicas incluyen la inspección de filtros, bombas y conexiones; la evaluación del desempeño en la temporada anterior; y la compra anticipada de repuestos críticos para evitar detenciones imprevistas.
Estas medidas, aunque básicas, permiten asegurar un riego continuo en los meses de mayor demanda, evitando interrupciones que podrían afectar la calidad de cultivos de exportación. Dripsa subraya que, según el último Balance Hídrico Nacional, algunas cuencas podrían experimentar una disminución de hasta un 50% en la disponibilidad de agua hacia 2030, lo que hace imprescindible planificar el mantenimiento con anticipación.
Fallas frecuentes y cómo prevenirlas
Más del 40% de las fallas que Dripsa atiende cada temporada están relacionadas con la falta de mantenimiento, según Quezada “un filtro obstruido o una bomba mal calibrada puede traducirse en pérdidas de agua y energía muy costosas”. El descuido técnico no solo genera sobrecargas en la operación, sino que también reduce la vida útil de los equipos. La consecuencia más grave es la interrupción del riego en momentos críticos para el desarrollo de los cultivos. Los agricultores deben incorporar rutinas de mantención preventiva que incluyan la limpieza periódica de filtros, la calibración de válvulas y la revisión de conexiones eléctricas. Estas prácticas, sumadas al monitoreo digital de presiones y caudales, permiten anticiparse a posibles fallas. Evitar una detención inesperada significa proteger no solo la inversión en tecnología de riego, sino también la estabilidad de la producción agrícola en un contexto climático adverso y con restricciones hídricas cada vez más severas.
Tecnologías para mejorar la eficiencia hídrica
El Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) ha indicado que la incorporación de tecnologías de riego puede mejorar la rentabilidad social del sector agrícola entre un 15% y 25% por cada peso invertido. Herramientas basadas en sensores, automatización y monitoreo digital permiten optimizar el uso del recurso hídrico y responder con rapidez ante eventos climáticos extremos. La digitalización ofrece ventajas como la programación de riegos en función de la humedad del suelo y el estado fenológico de los cultivos. Además, sistemas inteligentes pueden alertar sobre fugas o fallas en tiempo real, reduciendo pérdidas y mejorando la eficiencia energética. Estas innovaciones se suman a prácticas como el riego por goteo y la fertirrigación, que han mostrado resultados efectivos en el ahorro de agua. La combinación de tecnologías y estrategias de mantención preventiva constituye una ruta viable hacia la sostenibilidad del agro chileno en un escenario de sequía prolongada.
Capacitación de operarios y gestión del recurso humano
La tecnología por sí sola no asegura la eficiencia hídrica. Los especialistas coinciden en que la capacitación de los operarios es esencial para sostener el buen funcionamiento de los sistemas de riego. Quezada recalca que “la eficiencia hídrica no depende solo de la tecnología, sino también del capital humano y la planificación anticipada”. Los trabajadores deben estar preparados para detectar obstrucciones, fugas o problemas eléctricos menores que, si se corrigen a tiempo, evitan pérdidas significativas de agua y energía. La formación continua permite que el personal se familiarice con nuevas herramientas digitales y mejore la toma de decisiones en terreno. A esto se suma la necesidad de protocolos claros de acción frente a emergencias, garantizando la continuidad de los cultivos. Invertir en capacitación genera un doble beneficio: reduce costos operativos y fortalece la resiliencia de las comunidades agrícolas ante el déficit hídrico estructural.
Proyecciones al 2030 y sostenibilidad del agro
Los informes oficiales anticipan que, de no mediar cambios significativos en la gestión del recurso, la disponibilidad de agua en varias cuencas podría caer hasta un 50% en 2030. Esta perspectiva obliga a repensar la planificación agrícola, priorizando cultivos más eficientes en el uso del agua y fortaleciendo la infraestructura de almacenamiento. Organismos como el INIA y la DGA insisten en que la adaptación no debe limitarse a innovaciones tecnológicas, sino también a políticas públicas que fomenten la gestión integrada del recurso hídrico. El desafío para los agricultores será conjugar productividad con sostenibilidad, incorporando prácticas de economía circular y fortaleciendo alianzas entre comunidades de regantes. En este contexto, la mantención preventiva de los sistemas de riego se vuelve una acción estratégica: no solo protege las cosechas actuales, sino que también asegura la viabilidad del agro chileno frente a un futuro marcado por la crisis climática y la presión sobre el agua.


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