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La NASA y la NOAA reportan un agujero más pequeño en 2025 y prevén recuperación este siglo

miércoles, 16 de septiembre 2026

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La NASA y la NOAA reportan un agujero más pequeño en 2025 y prevén recuperación este siglo

La NASA y la NOAA reportan en 2025 el quinto agujero de ozono más pequeño desde 1992 y prevén su recuperación total.

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Ciencia y Tecnología

Por: Yexika Montilla | 27 de noviembre 2025 | 11:31

La NASA y la NOAA reportan un agujero más pequeño en 2025 y prevén recuperación este siglo

Pie de foto: El área máxima alcanzó 22,86 millones de km². NASA y NOAA reportan que la temporada fue la quinta más pequeña desde 1992 y comenzó a desintegrarse antes de lo habitual.

En 2025, el agujero de ozono sobre la Antártida fue el quinto más pequeño desde 1992 y comenzó a desintegrarse antes que en la última década; la NASA y la NOAA atribuyen el progreso al Protocolo de Montreal y proyectan la recuperación total de la capa hacia finales de siglo. 

A comienzos de la primavera austral, cuando los vientos dominan la estratosfera y el Sol regresa a latitudes polares, los satélites detectaron que el agujero de ozono antártico de 2025 empezó a “romperse” antes de lo habitual. El anuncio de la NASA y la NOAA no es un brindis al sol: ambos equipos sitúan esta temporada como la quinta más pequeña desde 1992, con cifras que, aunque todavía grandes, se alejan de los picos de inicios de los 2000. El mensaje central, respaldado por tres décadas de controles químicos, es que la regulación funciona. Pero los científicos advierten que no hay que cantar victoria: la variabilidad interanual sigue pesando, y volver a los niveles de la década de 1980 exigirá paciencia, cumplimiento sostenido y vigilancia sobre nuevos riesgos tecnológicos. 

La nota técnica conjunta publicada en noviembre de 2025 resume los hallazgos de la temporada antártica: el agujero se clasificó como el quinto más pequeño desde 1992 y mostró una desintegración temprana respecto del promedio de la última década. El periodo de referencia incluye el corazón de la primavera polar, entre inicios de septiembre y mediados de octubre, cuando la química del cloro y el bromo liberado por sustancias agotadoras del ozono (SAO) provoca el adelgazamiento estacional. Los científicos subrayan la tendencia: “Desde lo previsto, vemos agujeros en descenso respecto de los primeros 2000”, explicó Paul Newman, científico senior de la NASA Goddard, al presentar el balance de 2025. La señal es coherente con tres décadas de prohibiciones y sustituciones de SAO, aunque la meteorología estratosférica pueda amplificar o atenuar cada campaña anual. 

Cifras 2025: promedio, máximo diario y comparación histórica

Según la síntesis de la NASA y la NOAA, el tamaño medio del agujero entre el 7 de septiembre y el 13 de octubre de 2025 fue el quinto más pequeño desde que el Protocolo de Montreal comenzó a surtir efectos en 1992. La fecha del pico fue el 9 de septiembre: ese día, el área máxima alcanzó 22,86 millones de kilómetros cuadrados (8,83 millones de millas cuadradas), cerca del doble de Estados Unidos continental, pero igualmente un 30% menor que el récord de 2006, cuando el promedio estacional se situó en torno a 26,60 millones de km². Además, la ruptura del vórtice y el cierre del agujero se adelantaron casi tres semanas frente al comportamiento típico observado en la última década, otro indicio de que las concentraciones de cloro y bromo disponibles para destruir ozono siguen bajando a largo plazo.

Por qué se reduce: el Protocolo de Montreal y los químicos implicados

La razón de fondo es política, tecnológica y química a la vez. El Protocolo de Montreal (1987) y sus enmiendas obligaron a eliminar progresivamente CFC, halones y otros compuestos que, al llegar a la estratosfera, liberan cloro y bromo catalíticos capaces de destruir miles de moléculas de ozono por cada átomo activo. En los noventa y dos mil, el mundo sustituyó refrigerantes, espumas y propelentes, y mejoró las trazas de fuga industrial, de modo que la carga estratosférica de SAO empezó a descender. Aun así, la meteorología puede amplificar la química: inviernos más fríos favorecen nubes estratosféricas polares y aceleran las reacciones, por lo que el tamaño anual oscila. Pese a esa variabilidad, los análisis internacionales coinciden en que la capa muestra una recuperación sostenida y que, si el cumplimiento se mantiene, volverá a condiciones pre-1980 de forma gradual en las próximas décadas.

Qué falta para volver a los niveles de los años 80

Volver a la “normalidad” de los ochenta no es inmediato. Paul Newman, del Centro Goddard, lo sintetiza así: los agujeros “tienden a ser más pequeños” que a inicios de los 2000, pero “queda mucho camino” para recuperar los niveles previos a la era de los CFC. La evaluación científica coordinada por la OMM/PNUMA estima que la columna de ozono global podría regresar a valores pre-1980 alrededor de la década de 2040, mientras que la región antártica tardaría más, con una curación completa hacia la segunda mitad del siglo si las políticas siguen firmes. En ese trayecto, episodios puntuales —incendios de gran escala, erupciones volcánicas o emisiones ilegales— pueden añadir ruido a la señal de mejora. La vigilancia satelital y las redes in situ serán, por tanto, la llave para sostener y verificar el progreso anotado en 2025.

Impacto de la capa de ozono sobre la radiación UV y la salud

La capa de ozono funciona como un filtro solar planetario. Cuando se adelgaza, más radiación UV-B llega a la superficie y crecen los riesgos sanitarios: la OMS recuerda que la exposición excesiva a UV está ligada a cánceres de piel, cataratas y daños inmunitarios, además de afectar a ecosistemas y cultivos sensibles a la radiación. En 2020 se estimaron más de 1,5 millones de diagnósticos de cáncer de piel y más de 120.000 muertes asociadas a esta causa, lo que subraya el papel preventivo de mantener el blindaje natural atmosférico. Incluso con una capa en recuperación, los expertos recomiendan medidas de fotoprotección —sombras, ropa, filtros— durante la primavera y el verano locales. En la Antártida, la exposición humana es reducida, pero las masas de aire empobrecidas en ozono pueden desplazarse y elevar puntualmente el Índice UV en latitudes medias del hemisferio sur.

Próximos pasos: cumplimiento, vigilancia y riesgos emergentes

El mensaje de 2025 es doble: la recuperación está en marcha y depende de mantener el cumplimiento estricto del Protocolo de Montreal —incluida su enmienda de Kigali sobre HFC—, y de reforzar la monitorización continua por satélite y estaciones en superficie. La comunidad científica subraya que la recuperación total de la Antártida se espera hacia finales de siglo, con diferencias por latitud y altura, siempre que no aparezcan nuevas fuentes de compuestos reactivos en la estratosfera. Entre los riesgos a vigilar figuran emisiones industriales no declaradas, la inyección de partículas por erupciones volcánicas explosivas y, en debate, el posible impacto de nuevas industrias de alta frecuencia de lanzamiento si alteraran la química o la dinámica estratosférica. La campaña de 2026 aportará un nuevo test de estrés para validar si la señal de 2025 consolida una trayectoria de mejora sostenida.

Fuente: NASA/NOAA, PNUMA, OMS

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