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Investigadores en Chile estudian cómo hongos y levaduras pueden innovar en la industria alimentarialunes, 14 de septiembre 2026
Investigadores en Chile estudian cómo hongos y levaduras pueden innovar en la industria alimentaria
Levaduras en Chile revolucionan alimentos: biotransformación mejora aromas y procesos, con avances en cerveza y whisky experimental
Ciencia y Tecnología
Por: Yexika Montilla | 28 de marzo 2026 | 17:22
Pie de foto: Investigadores en Chile estudian hongos y levaduras con potencial para mejorar sabor, aroma y eficiencia en la industria alimentaria, mediante procesos de fermentación y biotecnología aplicada.
Equipos del Instituto Milenio de Biología Integrativa y de la Usach estudian levaduras nativas y fermentaciones capaces de modificar aromas, estabilizar procesos y abrir nuevas aplicaciones en alimentos y bebidas. La línea combina microbiología, genética y biotecnología para llevar microorganismos conocidos desde el pan, el vino o la cerveza hacia desarrollos con mayor valor agregado.
La escena parece familiar: una masa que crece, un mosto que fermenta, un aroma que cambia de forma casi imperceptible antes de llegar a la mesa. Pero detrás de esos procesos cotidianos hay una frontera científica que en Chile se está explorando con más ambición. El investigador Francisco Cubillos, académico de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago e integrante del Instituto Milenio de Biología Integrativa, ha desarrollado trabajo en genética, microbiología y biotecnología de levaduras, un campo que hoy conecta ciencia básica con aplicaciones concretas en alimentos y bebidas.
Durante años, la conversación sobre levaduras quedó atrapada en su uso más conocido: pan, vino y cerveza. La investigación reciente, sin embargo, las mira como plataformas biológicas mucho más versátiles. Una revisión difundida por iBio recuerda que la domesticación de cepas de Saccharomyces cerevisiae permitió estandarizar fermentaciones de vino y cerveza, mientras que nuevas líneas de estudio buscan mejorar rasgos específicos de levaduras salvajes o nativas para ampliar su uso productivo. Ese giro importa porque desplaza la discusión desde la fermentación como técnica ancestral hacia la fermentación como herramienta de innovación industrial.
Cómo funciona la biotransformación en alimentos
La palabra suena técnica, pero su lógica es sencilla: durante la fermentación, los microorganismos toman compuestos precursores presentes en materias primas vegetales o cereales y los convierten en otras moléculas con impacto sensorial. En la literatura científica, este fenómeno aparece ligado a la formación de compuestos aromáticos y a la modulación del perfil final de alimentos y bebidas. Un análisis reciente sobre evolución de aromas en fermentación resume que la actividad microbiana transforma precursores en compuestos aroma-activos, mientras otra revisión específica sobre levaduras subraya su papel en la producción de aromas para la industria moderna de fermentados.
Esa capacidad explica por qué una misma materia prima puede terminar con perfiles sensoriales distintos según la cepa utilizada, la temperatura, el tiempo de fermentación o la comunidad microbiana involucrada. No se trata solo de “hacer fermentar” un producto, sino de dirigir el proceso para conseguir notas más frutales, florales, especiadas o complejas, además de mejorar consistencia entre lotes. En bebidas fermentadas, por ejemplo, distintas cepas influyen en la generación de compuestos volátiles; y en panificación, la combinación entre levaduras y bacterias lácticas también afecta textura, aroma y estabilidad del producto final.
De la masa madre a nuevas bebidas fermentadas
La panificación con masa madre ofrece un buen ejemplo de cómo esta ciencia aterriza en algo que el consumidor reconoce de inmediato. Revisiones recientes describen que la fermentación con masa madre puede mejorar sabor, estructura y vida útil del pan frente a formulaciones sin ese proceso, precisamente por la acción combinada de microorganismos y metabolitos generados durante la fermentación. El efecto no es idéntico en todos los casos ni conviene simplificarlo como una promesa universal de salud, pero sí muestra que el trabajo microbiano puede ser decisivo para atributos sensoriales y de conservación que la industria busca optimizar.
En Chile, ese tipo de lógica ya se proyecta más allá del pan. La Usach informó en 2024 sobre un desarrollo experimental de whisky chileno realizado a escala de laboratorio con levaduras nativas y residuos vegetales de la vitivinicultura para intensificar sabor, aromas y calidad del producto; y años antes el mismo entorno de investigación había planteado la idea de avanzar hacia una cerveza con identidad local basada en combinaciones chilenas de materias primas y microorganismos. Ambos casos no equivalen todavía a una transformación masiva del mercado, pero sí muestran el mismo hilo conductor: usar biodiversidad microbiana y conocimiento analítico para construir alimentos y bebidas con sello propio.
Levaduras como biofactorías
En ese punto aparece una palabra que la biotecnología usa cada vez más: biofactoría. El concepto alude a microorganismos seleccionados o diseñados para producir moléculas de interés, desde aromas hasta compuestos funcionales, de manera más controlada que la extracción tradicional desde plantas u otras materias primas. Una revisión sobre el uso de Saccharomyces cerevisiae como fábrica microbiana de sabor y aroma sostiene que este enfoque ofrece una vía más sostenible y eficiente para obtener compuestos que, en otros contextos, pueden ser escasos o costosos. No es una promesa automática ni una receta lista para todas las industrias, pero sí una señal clara de hacia dónde se mueve la investigación aplicada.
El propio ecosistema científico asociado a Cubillos ya ha mostrado resultados en esa dirección. iBio reportó en 2024 el hallazgo de una nueva levadura aislada en Chiloé con bajo crecimiento en maltosa, rasgo que la vuelve atractiva para el desarrollo de cervezas de menor graduación alcohólica; y el laboratorio también ha sido descrito por la Usach como especializado en fenotipado de levaduras, fermentación y métodos analíticos. Son avances puntuales, todavía ligados al laboratorio o a etapas acotadas de desarrollo, pero ilustran cómo la selección de cepas puede orientarse a objetivos concretos: menos alcohol, perfiles más definidos o procesos fermentativos más ajustados a una necesidad industrial.
Lo que esta investigación abre para Chile
Para Chile, el interés no pasa solo por replicar lo que ya hacen otros mercados, sino por encontrar ventajas propias. La exploración de levaduras nativas, el trabajo con residuos vegetales y la posibilidad de desarrollar bebidas o ingredientes con identidad local cruzan ciencia, diversificación productiva y valorización de recursos. En vez de limitarse a importar cepas o modelos cerrados, la investigación puede generar conocimiento sobre biodiversidad microbiana local y traducirlo en procesos más estables o productos diferenciados. Esa mirada aparece tanto en los proyectos de cerveza y whisky con materias primas chilenas como en la línea de genética y biotecnología de levaduras que hoy articula iBio con la Usach.
El paso decisivo, de todos modos, sigue siendo el mismo que en casi toda innovación alimentaria: convertir hallazgos de laboratorio en aplicaciones escalables, regulatoriamente viables y comercialmente útiles. Allí es donde la promesa debe medirse con prudencia. Las levaduras y los hongos ya demostraron que pueden modelar aroma, sabor y desempeño fermentativo; lo que está en estudio es cuánto de ese potencial se transforma en ingredientes, bebidas o alimentos capaces de llegar al mercado con ventaja real. En esa transición, Chile no parte de cero. Tiene investigadores, líneas de trabajo y una biodiversidad que empieza a ser observada no solo como patrimonio natural, sino también como una plataforma de innovación alimentaria.
Preguntas Frecuentes
Fuente: Universidad de Santiago de Chile, iBio, MDPI, PMC


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