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Industria del arándano en Chile entra en transición por recambio varietal y mayor exigencia global

domingo, 13 de septiembre 2026

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Industria del arándano en Chile entra en transición por recambio varietal y mayor exigencia global

Arándano chileno exportó más de 90 mil toneladas frescas en 2024-2025, pero acelera recambio varietal y ajustes logísticos.

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Economía Chilena

Por: Yexika Montilla | 13 de marzo 2026 | 20:39

Industria del arándano en Chile entra en transición por recambio varietal y mayor exigencia global

Pie de foto: La industria chilena del arándano avanza en recambio varietal, tecnificación y mejora genética para competir en un mercado global más exigente.

La industria chilena del arándano atraviesa una etapa de transición marcada por el recambio varietal, la tecnificación de los sistemas productivos y una competencia internacional más intensa. La tesis, planteada por Global Plant Genetics (GPG) tras una semana de visitas a productores, viveros, ensayos y laboratorios en Chile, coincide con señales que el propio sector ya venía mostrando en exportaciones, logística y renovación de huertos durante la temporada 2024-2025.

Tras recorrer huertos, viveros, sitios de ensayo y laboratorios de cultivo de tejidos en Chile, Jamie Petchell, cofundador de GPG, concluyó que el mensaje más repetido en terreno fue que el arándano chileno no está en decadencia, sino en una transición deliberada. La frase importa porque corrige un diagnóstico que se volvió frecuente en los últimos años, cuando la irrupción de nuevos actores, en especial desde América Latina, comprimió ventanas comerciales y elevó los estándares del negocio. Lo que GPG observó fue otra cosa: replante de huertos, revisión de materiales genéticos y una discusión menos centrada en resistir que en decidir qué tipo de industria quiere ser Chile en el próximo ciclo exportador.

Por qué GPG habla de transición y no de retroceso

El matiz no es menor. Durante años, Chile fue uno de los pioneros del arándano global y ayudó a estructurar mercados, calendarios de oferta y hábitos de consumo. Pero la madurez de ese liderazgo también expuso sus límites cuando aparecieron zonas capaces de producir con nuevas variedades, mejor adaptación climática y costos competitivos en otras ventanas. En la entrevista publicada por la International Blueberry Organization, Andrés Armstrong, director ejecutivo del Comité de Arándanos de Chile, reconoció que el país ha perdido espacio relativo en una oferta mucho más amplia, en la que también pesan Perú, México, Marruecos, Sudáfrica y el sur de China. Su punto, sin embargo, coincide con el de GPG: la respuesta ya no pasa por defender estructuras antiguas, sino por renovar la base productiva y sacar del circuito fresco aquellas variedades que “no compiten bien”.

Recambio varietal y tecnificación: el cambio ya se ve en terreno

La señal más concreta de esa transición está en el recambio varietal. GPG reportó replantación en múltiples regiones, sistemas productivos más intensivos y una reevaluación de lo que hoy puede considerarse una variedad comercialmente viable. En paralelo, el Comité de Arándanos informó que la temporada 2024-2025 cerró con más de 90 mil toneladas de fruta fresca exportada, un alza de 5% frente al ciclo anterior, y que el hecho más relevante no fue solo el crecimiento, sino el salto de 50% en las variedades nuevas, que pasaron a representar 21% de los envíos. Esa combinación entre renovación genética y repunte exportador no prueba por sí sola un cambio estructural completo, pero sí muestra que la reconversión ya dejó de ser promesa. Está entrando al balance, a la logística, al diseño de huertos y a la conversación comercial del sector.

La genética dejó de ser una decisión solo agronómica

Una de las transformaciones más profundas que identifica GPG es el nuevo lugar de la genética dentro del negocio. Elegir una variedad ya no responde únicamente a rendimiento en campo o manejo agronómico, sino a una cadena mucho más exigente que evalúa sabor, firmeza, tamaño, poscosecha, consistencia y capacidad de viajar bien. FreshPlaza resumió ese cambio con una frase clara: la genética dejó de ser solo un insumo agronómico para convertirse en una decisión estratégica. En Chile, eso tiene una implicancia mayor por la diversidad de climas y por la presión de un mercado que ya no premia simplemente la presencia, sino la performance. El propio análisis global de GPG subraya que la expansión del arándano ha estado muy asociada al mejoramiento genético y que la superficie mundial en producción supera las 260 mil hectáreas, con un aumento cercano a 30% desde 2019. En ese tablero, quedarse quieto equivale a retroceder.

Calidad, poscosecha y logística: el nuevo estándar del negocio

Durante mucho tiempo, hablar de calidad podía funcionar como una ventaja competitiva amplia. Hoy, para el arándano chileno, esa palabra parece haber cambiado de categoría: dejó de ser un diferencial y se volvió el piso mínimo para competir. GPG pone el foco en variables como vida poscosecha, sabor, calibre, estabilidad productiva y capacidad de mantener condición durante la logística internacional. Esa última parte no es teórica. El balance sectorial de 2024-2025 mostró que, aun con mejores volúmenes, la logística fue el principal dolor de cabeza de la campaña. Armstrong advirtió que el sistema se vio sobrecargado por mayores volúmenes de fruta, disponibilidad insuficiente de contenedores y atrasos en inspecciones, factores que afectaron la posibilidad de llegar “a tiempo, en la condición y la calidad requeridas”. La lección es dura, pero útil: de poco sirve tener mejores variedades si la cadena no protege el valor que esas variedades prometen.

Nuevas zonas, menos frío y huertos pensados para otro clima

El recambio no solo responde al mercado. También está condicionado por un entorno climático menos predecible. GPG observó que en Chile algunas zonas históricamente catalogadas como de alto requerimiento de frío empiezan a reconsiderarse como áreas de requerimiento medio o bajo, mientras rasgos como tolerancia al calor y estabilidad estacional ganan peso en la elección varietal. Esa observación encaja con la lógica de un país extenso, donde el éxito exportador depende de ajustar genética y sistema productivo a realidades muy distintas. Por eso la empresa destacó el desempeño temprano de algunas variedades de bajo requerimiento de frío, con rápida instalación y productividad precoz en distintos huertos. Más que una moda, el fenómeno apunta a una redefinición del mapa productivo: plantar ya no consiste en replicar una receta pasada, sino en anticipar qué material puede sostener calidad comercial bajo condiciones más variables y en una ventana de competencia mucho más apretada.

El papel de viveros, licenciatarios y ensayos en la nueva etapa

La transición también se juega fuera del huerto comercial. Durante la visita a Chile, GPG se reunió con sus socios licenciatarios SynergiaBio, Viveros Hijuelas y Viveros Sunnyridge, actores involucrados en evaluación, propagación y comercialización de nuevas genéticas. Ese dato es relevante porque la reconversión del arándano no ocurre solo cuando un productor cambia una variedad, sino cuando existe una red técnica y comercial capaz de validar materiales, multiplicarlos a escala y ponerlos en circulación con respaldo agronómico. En esa red, los ensayos cumplen una función decisiva: reducen incertidumbre y aceleran decisiones de inversión en un negocio donde el error varietal puede arrastrarse por años. GPG, además, enmarca su portafolio de arándanos en alianzas de mejoramiento con Oregon Blueberry y la University of Georgia, lo que refuerza la idea de que la carrera competitiva del sector se está resolviendo cada vez más en genética aplicada, no solo en volumen o tradición exportadora.

Una industria más concentrada, pero potencialmente más eficiente

La proyección que hace GPG para los próximos cinco a diez años es la de una industria chilena del arándano más consolidada, con campos de mayor escala, producción más estructurada y ventanas productivas más largas. No es una promesa de crecimiento lineal ni una garantía de mejores retornos, pero sí un horizonte coherente con lo que ya muestran las estadísticas del sector: recuperación de volúmenes, mayor peso de variedades nuevas y una discusión abierta sobre competitividad real. En ese contexto, el éxito chileno dependerá menos del tonelaje por sí solo y más de combinar genética adecuada, eficiencia de costos, consistencia productiva y resiliencia poscosecha. La frase de Petchell resume el dilema sin dramatismo: la conversación ya no es si el cambio llegará, sino “qué tan rápido” podrá ejecutarse. Para Chile, la ventaja no estará en negar la transición, sino en administrarla mejor que sus competidores.

Preguntas Frecuentes

Fuente: Fruit Today, FreshPlaza, International Blueberry Organization, Blueberries Consulting, Global Blueberry Production

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