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Incendios en Biobío y Ñuble: el fuego que amenaza la canasta agrícola de Chile

domingo, 13 de septiembre 2026

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Incendios en Biobío y Ñuble: el fuego que amenaza la canasta agrícola de Chile

Las llamas golpean trigo y berries en plena cosecha, con riesgo para precios, empleo rural y abastecimiento agrícola nacional.

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Nacional

Por: Yexika Montilla | 19 de enero 2026 | 13:53

Incendios en Biobío y Ñuble: el fuego que amenaza la canasta agrícola de Chile

Pie de foto: Reuters: Las altas temperaturas y el viento avivan incendios que golpean a productores y temporeros en la zona centro-sur.

En medio de una ola de calor que empuja el termómetro hasta los 38 °C, los incendios forestales declarados en Biobío y Ñuble avanzan sobre bosques, viviendas e infraestructura rural. El gobierno decretó estado de catástrofe y desplegó apoyo militar y de emergencia para contener focos activos que ya han consumido miles de hectáreas y obligado evacuaciones masivas. La temporada agrícola está en curso —trigo, avena y cosechas de berries— y el daño en campo abierto y en cadenas de acopio puede trasladarse a precios y empleo agrícola en las próximas semanas. Esta crónica explica qué ocurre, por qué estas dos regiones son clave para la producción y qué señales mirar para medir el impacto real en el país.

La tarde del 18 de enero de 2026, La Moneda decretó estado de catástrofe para las regiones del Biobío y Ñuble ante incendios que se expandieron con calor extremo y viento, forzando evacuaciones y cortando rutas secundarias en zonas rurales. Autoridades y brigadas luchan contra decenas de focos activos; los primeros balances hablan de al menos 18–19 fallecidos, centenares de viviendas afectadas y entre 8.500 y 25.000 hectáreas quemadas en la zona centro-sur, con epicentro en comunas agrícolas que abastecen al mercado interno y a la exportación. El operativo moviliza a CONAF, Senapred y a las Fuerzas Armadas para reforzar perímetros y apoyar a municipios. Más allá del shock inicial, el punto crítico es el calendario: el fuego coincide con cosechas y traslados, cuando la fruta y el grano están en campo o en tránsito. En logística, horas perdidas equivalen a mermas que rara vez se recuperan.

Dónde arde y por qué importa al campo

Ñuble y Biobío no son sólo un mapa rojo en televisión: concentran agricultura diversificada que alimenta molinos, tambos y plantas de proceso. En cereales, Chile sembró en 2021/22 unas 424.500 ha; de ese total, Ñuble aporta cerca de 14,9% del área cerealera nacional, con trigo como columna vertebral para harina y pan, mientras Biobío suma superficies relevantes de avena y trigo que abastecen a molinos del centro-sur. A eso se agrega fruticultura intensiva, con huertos de berries, viñedos y avellanos que articulan empleo temporal y servicios agrícolas en decenas de comunas. Cuando el fuego corta energía o rutas, también detiene riego presurizado y atrasos de cosecha. En contexto de altas temperaturas, la calidad cae por golpe de sol y deshidratación, reduciendo retornos a productor. Por eso estas dos regiones pesan desproporcionadamente en la ecuación de precios de invierno en ferias y supermercados. 

Golpe inmediato a la cosecha

La ventana de cosecha de trigo en el centro-sur —enero a marzo, con máximos de trilla y traslado en febrero— hace que el incendio sea doblemente lesivo: no sólo quema rastrojos, también interrumpe labores, encarece seguros y eleva pérdidas por humo y calor en grano en pie. ODEPA viene monitoreando precios internos del cereal 2025/26 y poderes de compra hasta marzo, por lo que los desvíos de volumen y logística de estas semanas quedarán reflejados en lecturas de mercado y en inventarios de molinos. En la práctica, un camino rural clausurado 48 horas obliga rodeos, aumenta flete por tonelada y, si hay evacuaciones o cortes de energía, detiene líneas de secado y limpieza. Senapred activó Cogrid nacional y enlaces con municipios para gestionar albergues y cierres preventivos, pero en agricultura el tiempo manda: cada día perdido en campo maduro multiplica mermas por desgrane y humedad fuera de especificación.

Frutales y berries: el arándano en el centro del riesgo

Ñuble es potencia de arándanos: la región concentra del orden de un cuarto de la superficie nacional de huertos y, en la última temporada, exportó en torno a 31 mil toneladas por más de US$ 125 millones FOB, con el 65% del negocio de berries regional explicado por esta especie. En plena cosecha 2025/26, el humo puede manchar pruina, acelerar ablandamiento y complicar certificaciones; el calor extremo añade estrés hídrico y calibres más pequeños. Si los incendios cruzan cortafuegos hacia predios, el daño mayor no siempre es la planta, sino la infraestructura de riego, caminos interiores y centros de acopio que sostienen la operación diaria. El impacto no será uniforme: variedades tempranas, predios con riego tecnificado y cosecha ya avanzada sufrirán menos. Pero donde haya cierres de packing o rutas, aumentará el descarte y caerá el retorno al productor en cajas que no llegan a tiempo a destino.

Infraestructura rural, empleo y precios en corto plazo

Los incendios de esta semana no sólo arrasan matorral: destruyen viviendas, galpones, escuelas y capillas, y fuerzan a miles de personas a dejar sus casas con lo puesto. En esa cuenta entran miles de temporeros que se mueven entre predios y centros de proceso, y que dependen de transporte y guarderías locales. Con caminos secundarios cortados y barrios evacuados, empresas reducen turnos y priorizan seguridad, lo que retrae oferta de fruta fresca y servicios. En precios al consumidor, los efectos suelen llegar con rezago y ser acotados, pero en plazas mayoristas puede haber saltos transitorios por menor flujo desde el centro-sur. La intensidad final dependerá de dos curvas: la del fuego y la de reposición de rutas y energía. Si ambas se normalizan pronto, el impacto será manejable; si se prolongan, veremos ajustes visibles en ferias, sobre todo en berries y hortalizas locales. 

La respuesta en terreno y lo que viene

CONAF amplió el despliegue de brigadas, aeronaves y coordinación con municipios en Biobío y Ñuble, mientras mantiene campañas de prevención y cierres parciales de áreas protegidas por riesgo extremo. A nivel operativo, el Cogrid nacional prioriza salvaguardar vidas, viviendas y centros poblados, pero también habilitar rutas críticas para faenas agrícolas y camiones con cosecha. En paralelo, rigen restricciones al uso del fuego en quemas agrícolas y forestales —vigentes desde noviembre en Ñuble— que buscan acotar detonantes en plena ola de calor. El paso siguiente será el catastro de daños: medir hectáreas afectadas, infraestructura perdida, superficies no cosechadas y desvíos de calidad. Esa fotografía permitirá calibrar exenciones, créditos y apoyos para riego, caminos y replantación, además de ajustes en instrumentos de seguro agrícola que consideran incendios como riesgo creciente en el centro-sur.

Señales para estimar el impacto agrícola nacional

En cereales, habrá que seguir los informes semanales de ODEPA hasta marzo, donde se registran precios internos, poderes compradores y volúmenes de importación que amortiguan o amplifican el golpe local. En frutales, la referencia será la evolución de cosecha y arribos a puertos, además de reportes de la industria sobre calidad en destino. Si el fuego cede en días y la logística retoma flujo, el impacto quedará acotado a bolsillos de comunas y a productores con daño en infraestructura. Si persisten altas temperaturas y focos activos, la combinación de humo, cortes y evacuar repetido reducirá retornos y elevará descarte, afectando empleo temporal. En todo escenario, la gestión de riesgo —cortafuegos, riego presurizado con respaldo, seguros y protocolos de evacuación— vuelve a ser una inversión más que un costo, especialmente en regiones que sostienen buena parte del pan y la fruta del país.

Fuente: Reuters, El País, Senapred, CONAF, ODEPA, INIA, CONAF Ñuble

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