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Google construirá en Texas un centro de datos con refrigeración por aire y uso mínimo de aguadomingo, 13 de septiembre 2026
Google construirá en Texas un centro de datos con refrigeración por aire y uso mínimo de agua
Google construirá en Texas un centro de datos con refrigeración por aire y acuerdo a 20 años con AES para energía limpia.
Innovación
Por: Yexika Montilla | 28 de febrero 2026 | 18:05
Pie de foto: Google construirá en Wilbarger County (Texas) un centro de datos con refrigeración avanzada por aire para reducir el uso de agua, en plena presión hídrica y auge de la demanda por IA y nube.
Google anunció que su próximo centro de datos en Wilbarger County (Texas) usará refrigeración avanzada por aire para limitar el consumo de agua a operaciones básicas del campus, en una región expuesta a estrés hídrico y olas de calor. El proyecto se apoya en un acuerdo energético a largo plazo con AES, que desarrollará generación limpia “colocada” junto a la instalación para cubrir una demanda de cómputo impulsada por la IA y la nube.
El calor no es una metáfora dentro de un centro de datos: es un problema físico, constante y caro. Cada búsqueda, cada vídeo y cada entrenamiento de modelos de inteligencia artificial termina convertido en temperatura que hay que evacuar para que los servidores no fallen. En ese escenario, Google decidió mover una pieza sensible del tablero: su nuevo centro de datos en Wilbarger County, al norte de Texas, operará con refrigeración avanzada por aire y promete no usar agua para enfriar los equipos, reservándola para tareas cotidianas del campus. En un estado acostumbrado a sequías y extremos térmicos, la frase funciona como promesa y como prueba de estrés para la industria.
Un anuncio que apunta al agua en el lugar equivocado
La polémica sobre el consumo hídrico de la nube rara vez se entiende a la primera. No se trata del agua que circula por un circuito cerrado —que puede recircular— sino del punto final donde se disipa el calor: torres evaporativas, purgas y reposiciones que convierten parte del recurso en consumo neto. En regiones con estrés hídrico, esa diferencia deja de ser técnica y se vuelve política. De acuerdo con el World Resources Institute, dos tercios de los centros de datos construidos o en desarrollo desde 2022 se ubican en áreas con estrés hídrico, incluyendo Texas. La localización, más que el volumen total, explica por qué el conflicto escala tan rápido cuando llega una obra nueva.
“Water-free” no significa “cero agua” para todo
Google enmarca el proyecto como una apuesta por la seguridad hídrica y la asequibilidad energética. En su comunicación pública, la empresa sostiene que la instalación “limitará” el uso de agua a operaciones críticas del campus, como cocinas, mientras que la refrigeración dependerá del intercambio térmico con aire. Dicho de otro modo: el corazón del enfriamiento se desacopla del agua, pero el sitio seguirá necesitando suministro para actividades humanas y servicios. La precisión importa porque, cuando el debate llega al nivel municipal, las palabras “sin agua” tienden a interpretarse como una promesa absoluta. El matiz —enfriamiento sin consumo de agua, campus con consumo mínimo— define qué se audita después.
El trueque ambiental: menos agua, más electricidad
La refrigeración por aire en climas cálidos suele desplazar el costo: ahorra agua, pero puede exigir más energía, especialmente cuando el termómetro se sostiene alto durante semanas. Ahí entra el segundo pilar del proyecto: la energía “antes” que el edificio. Reuters informó que Google firmó con AES un acuerdo de suministro a 20 años para este centro de datos en Texas, con infraestructura eléctrica compartida y generación colocada junto al campus. En palabras de una ejecutiva citada por la agencia, la llegada de nueva energía limpia ayuda a “estabilizar la red” y a contener costos: “Traeremos energía limpia nueva para estabilizar la red”, dijo Amanda Peterson Corio, responsable de energía para centros de datos de Google. La frase suena a argumento técnico y, a la vez, a mensaje para vecinos.
Qué pone AES sobre la mesa y qué queda por medir
La compañía eléctrica también presentó su versión: en un comunicado corporativo, AES afirmó que poseerá y operará los activos de generación y prestará servicios de optimización y gestión energética para el campus de Wilbarger County bajo un acuerdo de largo plazo. Ese detalle importa porque reduce la ambigüedad sobre quién construye, opera y asume el riesgo de la infraestructura. Aun así, el punto decisivo para la comunidad será la medición: cuánta electricidad demandará el centro en picos de calor, qué parte se cubre con nueva generación y cómo se reportará el desempeño ambiental. Sin transparencia de métricas, el debate termina en eslóganes enfrentados. Con métricas, se convierte en un balance —imperfecto— entre agua, energía y crecimiento digital.
El tamaño del problema: agua directa e indirecta
La discusión no se agota en la cañería local. La evidencia científica distingue entre el agua usada directamente en enfriamiento y el agua consumida indirectamente para generar electricidad, sobre todo cuando esa electricidad proviene de fuentes térmicas no renovables. Un artículo de npj Clean Water (Nature) resume esa doble huella: los centros de datos consumen agua de forma directa “para refrigeración” y también de forma indirecta a través de los requerimientos hídricos de la generación eléctrica. Por eso, una estrategia que recorte agua en sitio pero aumente electricidad sin descarbonizar solo cambia el lugar del impacto. El diseño que Google propone en Texas intenta cerrar esa pinza: aire para enfriar, nueva generación limpia para alimentar. Lo difícil será demostrarlo en operación.
Por qué la cifra “promedio” importa menos que la geografía
Para entender por qué un anuncio así atrae atención, basta mirar el orden de magnitud. La Environmental and Energy Study Institute (EESI) recoge que un centro de datos de tamaño medio puede consumir hasta 110 millones de galones de agua al año para refrigeración, una cantidad comparable al uso anual de aproximadamente 1.000 hogares, y que instalaciones más grandes pueden llegar a millones de galones por día. Ese tipo de equivalencias suele usarse en el debate público por una razón: traduce una infraestructura abstracta en presión concreta sobre la planta municipal. Pero la cifra, sola, engaña. Importa dónde cae: en una cuenca holgada, pasa desapercibida; en un condado con estrés hídrico, desencadena oposición. En Texas, ese factor geográfico está siempre presente.
IA, nube y la pregunta incómoda sobre el “costo real” de lo digital
El trasfondo es la aceleración de la demanda. La infraestructura que sostiene IA, almacenamiento y servicios en la nube se expande a ritmo de gigavatios, y cada nueva ubicación reabre el mismo dilema: ¿quién paga los refuerzos de red, cómo se reparte el agua y qué obtiene la comunidad a cambio? El WRI advierte que el crecimiento de centros de datos ya está afectando a comunidades estadounidenses de múltiples formas —agua, energía, suelo y gobernanza local— y que la concentración en áreas con estrés hídrico desde 2022 eleva el riesgo de conflicto. En ese marco, el proyecto “sin agua para enfriar” aparece como un intento de anticiparse a la crítica más visible. No es una solución total, pero sí una señal: la industria empieza a tratar el agua como criterio de diseño, no como nota al pie.
Preguntas Frecuentes
Fuente: Google Blog, Reuters, World Resources Institute, Nature, EESI


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