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Estudio revela que abejas invasoras están rediseñando la polinización en Chilelunes, 14 de septiembre 2026
Estudio revela que abejas invasoras están rediseñando la polinización en Chile
Bombus terrestris domina 73 % de las interacciones y empuja una reorganización silenciosa de la polinización en Chile.
Apicultura
Por: Constanza Sanhueza G. | 15 de abril 2026 | 14:20
Pie de foto: El abejorro europeo Bombus terrestris, introducido para polinización agrícola, aparece hoy entre los protagonistas del cambio en las redes ecológicas de Chile, según un estudio publicado en 2026.
Un estudio publicado en 2026 en NeoBiota encontró que Bombus terrestris domina el 73 % de las interacciones registradas entre abejas introducidas y plantas en Chile. El análisis, construido con más de 2.100 registros científicos, históricos y de ciencia ciudadana, detectó además un giro en las redes ecológicas tras el año 2005, cuando el abejorro comenzó a usarse extensamente en campo abierto. La polinización no desaparece: cambia de manos, se vuelve más generalista y hace que ecosistemas distintos empiecen a parecerse entre sí.
Qué encontró el estudio que encendió la alerta
Chile suele describirse como una isla biogeográfica: el desierto, la cordillera y el océano han favorecido una biodiversidad singular, pero también la han vuelto especialmente sensible a las invasiones. En ese contexto, el nuevo trabajo publicado en NeoBiota reconstruyó cómo tres polinizadores introducidos —Apis mellifera, Bombus ruderatus y Bombus terrestris— se integraron en las redes de plantas y visitantes florales del país. El equipo reunió más de 2.100 registros provenientes de literatura científica, datos históricos y bases de ciencia ciudadana, y encontró un patrón contundente: Bombus terrestris concentra por sí solo el 73 % de las interacciones registradas en el conjunto analizado. No se trata apenas de una especie presente en el paisaje, sino de un actor que pasó a ocupar el centro de la red en uno de los hotspots de biodiversidad más frágiles del continente.
Del invernadero al paisaje completo
La historia de ese dominio no empezó en el laboratorio, sino en la agricultura. La ficha oficial de clasificación de Bombus dahlbomii recuerda que Bombus terrestris fue introducido a Chile a fines de 1997 para polinizar tomates en invernadero, y que luego su uso se amplió a distintos cultivos. Un análisis de 2021 sobre la crisis de polinización en Chile agregó que, desde entonces, la especie ha sido importada cada año y se ha expandido sobre buena parte del territorio, incluida toda el área de distribución del único abejorro nativo del centro y sur del país. Ese dato ayuda a leer mejor el paper de 2026: el problema no es solo la presencia de una especie exótica, sino el tránsito desde una herramienta de apoyo productivo hacia una pieza ecológica dominante, capaz de reordenar vínculos que tardaron siglos en consolidarse.
El nativo que perdió el centro de la red
La otra cara de la historia es Bombus dahlbomii, el abejorro gigante patagónico, un polinizador emblemático del sur de Chile y Argentina. Su relevancia ecológica no se mide solo por su tamaño o coloración: antes del avance del invasor, ocupaba una posición más central en las redes de interacción. Hoy la ficha oficial del Ministerio del Medio Ambiente lo clasifica como En Peligro (EN) y señala que su disminución poblacional ha superado el 50 % en 10 años. El documento atribuye ese deterioro a una combinación de factores: reducción del área de ocupación, competencia con especies introducidas, y efectos de patógenos, competidores o parásitos transportados por abejorros exóticos. Dicho de otro modo, el desplazamiento que ahora registra la literatura de redes no aparece en un vacío: se monta sobre una crisis de conservación que el Estado chileno reconoció formalmente hace una década.
Un ecosistema que no colapsa, pero sí se vuelve más parecido a sí mismo
La fuerza del estudio está en que no describe un desastre espectacular, sino una transformación más difícil de ver. Al comparar redes previas y posteriores a 2005, cuando Bombus terrestris empezó a usarse extensamente en campo abierto, los autores observaron una transición hacia interacciones más generalistas. En la difusión del trabajo, los investigadores resumieron el hallazgo con una frase breve y elocuente: “siguió funcionando, pero de otra manera”. Eso significa que las flores no dejan de recibir visitas y que la polinización no se apaga de un día para otro; lo que cambia es la arquitectura del sistema. Relaciones antes más especializadas ceden terreno frente a un patrón más homogéneo, repetido en distintas zonas, donde una especie invasora se vuelve cada vez más ubicua. La amenaza, entonces, no es solo perder individuos, sino perder singularidad ecológica.
La contradicción regulatoria sigue abierta
Ese hallazgo científico choca con un dato incómodo de la política pública chilena. La resolución del SAG que regula la importación de Bombus terrestris sigue figurando como vigente al 15 de abril de 2026. La norma, promulgada en 2019, reconoce el manejo sanitario de las colonias importadas y mantiene el marco para su ingreso al país. Más aún: en la consulta pública posterior sobre su modificación, el propio servicio explicó que buscaba reforzar la trazabilidad de ventas, uso y destrucción de colonias, y advirtió que, si importadores o usuarios no entregan la información requerida, el SAG podrá negar o condicionar nuevas autorizaciones. El punto es revelador. La institucionalidad no está hablando de una prohibición, sino de un régimen de control y seguimiento. Mientras la evidencia ecológica acumula alertas sobre desplazamiento y homogenización, la respuesta regulatoria sigue girando en torno a monitorear un sistema que continúa operando.
La agricultura que todavía lo considera indispensable
En el campo productivo, el discurso público va en otra dirección. BioCruz, proveedor chileno del rubro, sostiene que la especie “generalmente utilizada” para polinización es Bombus terrestris por su adaptación a sistemas de crianza artificial y su comportamiento favorable tanto bajo invernadero como al aire libre. Koppert, uno de los grandes actores globales del sector, añade en su guía para tomate que una sola visita de un abejorro suele bastar para que la polinización tenga éxito. Ambas afirmaciones condensan la lógica agrícola detrás de la expansión: el abejorro europeo es presentado como una solución estable, eficiente y técnicamente probada para sostener rendimientos, especialmente en cultivos intensivos y ambientes controlados. Esa visión no niega el riesgo ecológico; simplemente lo coloca detrás de una urgencia productiva más inmediata, la del cuajado, la uniformidad y la seguridad del fruto comercializable.
Esa dependencia también aparece en testimonios del propio sector hortícola. En una entrevista con Redagrícola, un asesor ligado a la horticultura protegida en el Valle de Azapa resumió la lógica de adopción con una frase directa: “son los únicos que puedes trabajar en cautiverio”. La misma fuente añade que en Chile existe un abejorro endémico, pero que no se ha desarrollado una producción comercial capaz de cubrir la demanda del mercado. El telón de fondo de esa preferencia productiva es amplio: una evaluación de 2021 estimó que el 27 % de la superficie cultivada del país correspondía en 2019 a cultivos con algún grado de dependencia de polinización animal, y que los cultivos con dependencia “grande” crecieron desde 46.230 hectáreas en 1980 a 174.300 hectáreas en 2019. Más demanda de polinización suele traducirse en más presión por managed pollinators.
La ciencia ciudadana empezó a medir lo que antes apenas se intuía
Una parte importante de esta historia pudo contarse porque ya no depende solo de expediciones académicas o registros dispersos. Un estudio publicado en Biological Conservation mostró que los BioBlitz de polinizadores realizados en Chile entre 2020 y 2023 reunieron 6.327 registros correspondientes a 569 especies de 44 familias, un salto de diez veces respecto del período previo. Entre las especies más frecuentes aparecieron Bombus terrestris, Apis mellifera y Bombus dahlbomii. Ese dato es clave porque convierte a la ciencia ciudadana en algo más que una herramienta educativa: la vuelve una infraestructura de vigilancia ecológica. En un proceso de invasión silenciosa, donde el cambio no siempre se ve a simple vista, contar con series extensas, repartidas por el territorio y sostenidas por la ciudadanía puede marcar la diferencia entre reaccionar a tiempo o llegar cuando la red ya cambió de forma.
Lo que está en juego ya no es solo una especie
La discusión, entonces, dejó de ser únicamente taxonómica. No se trata solo de si una especie nativa cae y otra avanza, sino de qué tipo de naturaleza termina organizando el territorio chileno. El propio portal del Ministerio del Medio Ambiente incluye al abejorro europeo entre las especies exóticas que generan daños importantes en el país, y en paralelo distintas universidades y organizaciones lanzaron en 2025 el concurso “Un millón de fotos para Bombus dahlbomii”, pensado para construir un banco georreferenciado de imágenes y empujar su conservación. Ese cruce entre monitoreo ciudadano, ciencia académica y alerta institucional da la medida del momento: Chile todavía ve flores e insectos en movimiento, pero empieza a entender que la continuidad visual del paisaje no garantiza la continuidad de sus relaciones ecológicas. La toma silenciosa no ocurre fuera del ecosistema. Ocurre dentro de él, mientras sigue pareciendo normal.


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