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Emprendedores del Alto Valle “siembran casas” con placas de cáñamo: alianza Modo Domo–INTI–Fundación GEN

domingo, 13 de septiembre 2026

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Emprendedores del Alto Valle “siembran casas” con placas de cáñamo: alianza Modo Domo–INTI–Fundación GEN

La construcción sustentable con cáñamo avanza en Patagonia: Modo Domo, INTI y GEN lanzan placas ecológicas.

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Sustentabilidad

Por: Yexika Montilla | 19 de octubre 2025 | 19:04

Emprendedores del Alto Valle “siembran casas” con placas de cáñamo: alianza Modo Domo–INTI–Fundación GEN

Pie de foto: “Sembramos casas”: emprendimiento del Alto Valle que transforma cáñamo industrial en placas para construcción. Con semillas locales y apoyo del INTI, proyectan producción regional en 2–3 temporadas.

Un equipo de General Roca (Río Negro - Argentina) desarrolló una placa de fibra de cáñamo para viviendas eficientes en Patagonia. El material reúne aislación termoacústica, resistencia y durabilidad, y entra en fase de escalado con apoyo técnico del INTI. El plan proyecta semillas locales y producción regional en 2–3 temporadas, con foco en empleo y menor huella de carbono.

La idea nació en 2023, cuando el arquitecto Leandro Suárez y Martín Ancaten Ureta formaron Modo Domo y, junto con Fundación GEN, orientaron cultivos de cáñamo industrial hacia insumos para la construcción. La alianza sumó el acompañamiento técnico del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) para validar procesos y especificaciones, y hoy el desarrollo central es una placa de fibra de cáñamo pensada para climas fríos y ventosos de la Patagonia. “Sembrar cáñamo es sembrar casas”, resume Ancaten, al fijar la ambición de crear una cadena de valor local: desde chacras regionales hasta talleres y obras. El jefe del Departamento de Materiales Compuestos del INTI, Alejandro Bacigalupe, define el enfoque: “Apostar por proyectos así diversifica economías y construye soberanía tecnológica”, en línea con la agenda de desarrollo territorial.

 

Leandro Suárez fundador de Modo Domo

Cómo es la placa y qué resuelve

El producto combina fibras vegetales con ligantes para obtener un tablero liviano, con comportamiento termoacústico y resistencia mecánica apta para usos no estructurales, como cerramientos, revestimientos y paneles de aislación. La ventaja de origen es renovable: el cáñamo se cultiva en ciclos de cuatro a cinco meses, lo que acelera disponibilidad de biomasa y reduce presión sobre bosques en comparación con tableros derivados de madera. En desempeño térmico, la literatura científica ubica a los compuestos de cáñamo —según densidad y formulación— en conductividades típicas de aislantes livianos, con sensibilidad a humedad que debe gestionarse con diseño y obra seca. Ensayos y revisiones recientes remarcan que el control de densidad y el secado son claves para mantener λ estable y evitar incrementos por absorción. Para Patagonia, donde el gradiente térmico es alto, esa ligereza con buen aislamiento permite techos y muros más eficientes.

 

Del campo a la obra: tiempos, rendimiento y procesos

La placa capitaliza la velocidad agronómica del cáñamo: biomasa útil en cuatro o cinco meses desde la siembra, contra plazos forestales de 15 a 20 años para madera industrial. Según los impulsores, por cada hectárea se obtienen 3 a 10 toneladas de hurds (parte leñosa del tallo) y cada placa de 1,20 × 2,40 metros demanda alrededor de 30 kilos de fibra procesada; la línea piloto utiliza maquinaria estándar de la industria de tableros, abaratando la entrada industrial y evitando inversiones en tecnología exótica (fuente única). En la cadena, Fundación GEN multiplica semillas y adapta genéticas patagónicas como paso previo al escalado; Modo Domo valida procesos de tableros; y el INTI aporta criterios de caracterización y mejora de desempeño. La meta es ejecutar producción continua “desde la Patagonia para la Patagonia”, con logística corta y reducción de emisiones por transporte de materiales.

Regulación vigente, antecedentes y rol del INTI

El marco legal argentino para cáñamo industrial se apoya en la Ley 27.669 y su desarrollo regulatorio, que creó la ARICCAME como autoridad responsable de regular importación, exportación, cultivo, producción y comercialización con fines medicinales e industriales. El Decreto 405/2023 y normas complementarias detallan funciones y procedimientos, habilitando trayectorias de proyectos con trazabilidad, ensayos y abastecimiento formal de semillas y biomasa. La historia local ofrece un antecedente: en José María Jáuregui (Buenos Aires), la ex Linera Bonaerense impulsó una industria cañamera entre las décadas del 50 y 70, con usos que incluyeron paneles y aplicaciones constructivas antes de su declive. La conjunción de marco actual y memoria industrial da contexto al renacer patagónico. En ese esquema, el INTI opera como articulador técnico, con capacidades de laboratorio y transferencia en materiales compuestos y biobasados que permiten madurar prototipos hacia estándares.

La propuesta apunta a una matriz productiva regional que sustituya importaciones de paneles, recorte la huella de transporte y sume empleo en origen. En regiones con suelos degradados por actividad hidrocarburífera, el cáñamo ofrece ventajas agronómicas como cobertura rápida y aporte de rastrojo, además de una demanda industrial clara que incentiva rotaciones. El encadenamiento —semillas locales, fibras, placas, aislantes y revestimientos— puede impulsar talleres y Pymes, desplegando capital humano técnico en laboratorio y obra. En términos ambientales, la captura biogénica de carbono del cultivo y la menor energía incorporada de tableros de fibras vegetales frente a sustratos minerales o plásticos refuerzan el perfil de bajo impacto, con la salvedad de controlar humedad y garantizar secado en obra para preservar conductividad y durabilidad. Para la vivienda patagónica, más abrigo con menos masa reduce demanda energética estacional, aliviando costos de calefacción.

Próximos pasos: semillas, escalado y mercado

El plan de ruta prioriza tres frentes: asegurar volumen de semillas adaptadas a Patagonia, completar caracterizaciones y prototipos de tableros y cerrar acuerdos de provisión para pilotos de vivienda social y desarrollos privados. Los emprendedores proyectan que, con semillas y biomasa estabilizadas, la fabricación continua podría iniciar en dos o tres temporadas agrícolas. “Es ecológica, de bajo impacto y 100% hecha en Argentina”, remarca Ancaten, y añade que el modelo es replicable por regiones con climas y cadenas logísticas diversas. La exploración de líneas de producto —ladrillos ecológicos, aislantes, placas y revestimientos— abre mercados adyacentes, mientras certificaciones y normas técnicas guiarán adopción en pliegos. El mensaje es claro: “trabajar con fibras de cáñamo nos conecta con la economía circular”, resume Suárez, y el INTI propone un puente entre laboratorio y obra para aterrizar innovación en viviendas reales del sur.

 

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