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Emprendedoras de Viña del Mar crean conservas con alimentos rescatados tras el megaincendio 2024lunes, 14 de septiembre 2026
Emprendedoras de Viña del Mar crean conservas con alimentos rescatados tras el megaincendio 2024
Programa Minga transforma 182 frascos de conservas y destina más de 400 kilos de alimentos rescatados a olla común en Villa Independencia.
Emprendedores Chilenos
Por: Yexika Montilla | 15 de noviembre 2025 | 10:49
Pie de foto: Conservas etiquetadas por el programa Minga, listas para su futura venta tras la resolución sanitaria. Iniciativa de Desafío Levantemos Chile y Fundación Gastronomía Social en Viña del Mar.
Un proyecto conjunto de Desafío Levantemos Chile y la Fundación Gastronomía Social impulsa la reactivación económica de mujeres de Villa Independencia, Viña del Mar, mediante el rescate de frutas y verduras de la Feria Caupolicán y su transformación en conservas. El programa —llamado “Minga”— busca formalizar la producción con resolución sanitaria para su futura comercialización.
El megaincendio que entre el 2 y el 3 de febrero de 2024 arrasó sectores de Viña del Mar, Quilpué y Villa Alemana dejó una estela de pérdidas humanas, viviendas destruidas y superficies quemadas sin precedentes recientes. La emergencia, que afectó miles de hogares y más de 8.500 hectáreas según reportes técnicos, motivó múltiples iniciativas de recuperación social y económica en la Región de Valparaíso. En ese contexto, organizaciones de la sociedad civil y vecinos de Villa Independencia activaron redes de apoyo que, con el paso de las semanas, dieron forma a una idea concreta: aprovechar alimentos frescos que suelen descartarse en ferias locales para transformarlos en conservas artesanales, generando ingresos para familias afectadas y reduciendo el desperdicio. La decisión de iniciar el piloto en Viña del Mar respondió a la magnitud de los daños en esa comuna y a la disponibilidad de una sede social apta para habilitar una cocina comunitaria.
Cómo opera “Minga”: de la feria a la conserva
“Minga”, impulsado por la Fundación Gastronomía Social junto a comunidades locales y aliados, sigue una lógica sencilla y potente: rescatar frutas y verduras en buen estado que quedarían sin vender en la Feria Libre Caupolicán, sanitizarlas y procesarlas en preparaciones de valor agregado como mermeladas, encurtidos y compotas. El componente formativo —con sesiones guiadas por un chef de la fundación— incorpora técnicas básicas de inocuidad, cocción, pasteurización doméstica y rotulado, además de dinámicas de trabajo en equipo para repartir tareas: recolección, selección, cocina y empaque. “Ha sido fabuloso; aprendimos a conocernos y a colaborar”, resume Jeanette Varas, una de las participantes, subrayando la importancia de contar con una cocina instalada en su propio sector. El enfoque busca, además, tejer un relato identitario en torno al origen de los productos y a la colaboración barrial que los hace posibles.
Impacto circular medido en semanas
Durante cuatro semanas de ejecución, el equipo de emprendedoras reporta haber rescatado más de 740 kilos de frutas y verduras, con los cuales elaboraron 182 productos envasados; otros 198 kilos de restos vegetales se convirtieron en compost. Además, más de 400 kilos de alimentos recuperados fueron destinados a la olla común del sector, fortaleciendo la calidad de las raciones entregadas a vecinos y personas en situación de vulnerabilidad. Estas cifras —aportadas por el programa local— reflejan una cadena completa de aprovechamiento que reduce pérdidas en la feria, genera ingresos para el grupo y retorna parte del excedente a la comunidad. En paralelo, la Feria Caupolicán se ha venido consolidando como espacio clave del abastecimiento en Gómez Carreño, con mejoras recientes de gestión y equipamiento que refuerzan su rol como plataforma para iniciativas de economía circular barrial.
Formalización: la resolución sanitaria como puerta a la venta
Para que las conservas ingresen al comercio formal se requiere la resolución sanitaria otorgada por la SEREMI de Salud, un acto administrativo que autoriza el funcionamiento tras verificar condiciones de infraestructura, procesos y Buenas Prácticas de Manufactura (BPM). En la Región de Valparaíso, el procedimiento se gestiona por la plataforma SEREMI en Línea, con evaluación documental y, de corresponder, inspección en sitio. Entre los requisitos habituales figuran planos a escala, descripción de procesos, abastecimiento de agua, manejo de residuos, control de plagas y rotulación conforme al Reglamento Sanitario de los Alimentos. Las participantes del programa señalan que la cocina comunitaria ya está equipada y “pronta” a cumplir dichas exigencias, paso clave para formalizar y escalar ventas. Trámite, criterios y plazos están estandarizados a nivel nacional por el Ministerio de Salud y sus canales informativos.
Voces del proyecto
“El trabajo en equipo fue decisivo, desde ir a la feria a recolectar hasta cocinar juntas”, dice Jeanette Varas, destacando el valor de aprender un oficio y de que la primera cocina de este tipo esté en su propio barrio. Desde Desafío Levantemos Chile, su subdirectora de Emprendimiento, Florencia Cubillos, enfatiza que varias mujeres del sector perdieron sus fuentes de ingreso tras la emergencia y que la cocina —completamente equipada— les permitirá trabajar de forma independiente una vez obtenida la autorización sanitaria. Para Rafael Rincón, presidente de la Fundación Gastronomía Social, la clave está en la colaboración: “Los desafíos son muchos y urgentes, pero se hacen posibles con compromiso social”. Estas declaraciones, facilitadas por el programa local, se enmarcan en una tendencia regional que combina capacitación, economía circular y apoyo psicosocial para la reconstrucción de medios de vida.
Impacto comunitario y próximos pasos
La iniciativa no solo habilita una línea de productos con sello de barrio, también fortalece la seguridad alimentaria al aportar alimentos recuperados a la olla común de Los Almendros B, sede social que fue reconstruida tras la emergencia. En la fase siguiente, el equipo proyecta ampliar el catálogo de conservas, estandarizar recetas y etiquetado, y abrir canales de venta locales y digitales una vez emitida la resolución sanitaria. La experiencia de Minga sugiere un modelo replicable en otros barrios de Viña del Mar y comunas vecinas, aprovechando la capilaridad de ferias y cocinas comunitarias. En paralelo, estudios recientes sobre el impacto de incendios en calidad del aire y salud pública recuerdan que la resiliencia requiere dispositivos de alerta, redes comunitarias y empleos de transición que reduzcan vulnerabilidades. El objetivo declarado: pasar del piloto a una unidad productiva estable que sostenga ingresos y dignifique el trabajo de las participantes.
Fuente: CIGIDEN, Chile Atiende, Minsal


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