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Diputados aprueban declarar al vino y al pisco como bebidas nacionales
Chile declara al vino y al pisco como bebidas nacionales tras 126 votos a favor y 3 abstenciones en la Cámara
Nacional
Por: Yexika Montilla | 30 de noviembre 2025 | 22:04
Pie de foto: El proyecto busca posicionar vino y pisco como patrimonio material e inmaterial, con acciones de promoción coordinadas por el Ministerio de Agricultura.
La Cámara de Diputadas y Diputados aprobó, por 126 votos y 3 abstenciones, el proyecto que reconoce al vino y al pisco como bebidas nacionales de Chile. La iniciativa encarga al Ministerio de Agricultura diseñar y ejecutar acciones de promoción cultural, económica y patrimonial, y pasa al Senado para su segundo trámite. El texto destaca la relevancia exportadora del vino y su efecto en empleo, pymes y enoturismo
La Sala de la Cámara de Diputadas y Diputados aprobó —con 126 votos a favor y tres abstenciones— el proyecto que promueve acciones para fomentar, difundir y publicitar al vino y al pisco como bebidas nacionales. El texto, originado en moción parlamentaria (boletín 17875), fue derivado al Senado para su segundo trámite constitucional. La propuesta subraya que incorporar estas bebidas al acervo simbólico refuerza la identidad nacional y alinea a Chile con experiencias comparables en la región. En la nota oficial se detalla que la iniciativa releva el valor cultural y económico del vino, su presencia territorial, la participación de mujeres en el empleo agrícola y el predominio de pequeñas y medianas empresas del rubro. Además, se recuerda que Chile se ubica entre los principales exportadores mundiales de vino, antecedente considerado al momento de la votación en la Sala.
Qué mandata al Ministerio de Agricultura
El proyecto establece que el Ministerio de Agricultura asumirá la conducción de las acciones destinadas a consolidar el vino y el pisco como parte del patrimonio material e inmaterial del país. Ese mandato incluye coordinar campañas educativas, fortalecer programas sectoriales, impulsar la promoción nacional e internacional y articular instrumentos de fomento junto a agencias públicas y gremios. La cartera podrá, asimismo, vincular esta agenda con políticas de denominaciones de origen, rutas enoturísticas e iniciativas regionales que resalten la diversidad de cepas y territorios productivos. Esta línea de trabajo ya cuenta con antecedentes: el propio Ministerio, junto a Vinos de Chile y el SAG, ha impulsado en los últimos años ajustes en variedades y denominaciones de origen para potenciar la competitividad y la trazabilidad del vino chileno. Con el nuevo encargo, esa cooperación público-privada adquiere un marco explícito orientado a difusión, patrimonio y proyección internacional.
Economía real: exportaciones, empleo y encadenamientos
El peso del vino en la economía ofrece un contexto clave para entender el proyecto. De acuerdo con cifras sectoriales divulgadas por ProChile, Chile se ubica como el cuarto exportador de vino a nivel mundial y cerró 2024 con envíos por US$ 1.631 millones hacia 141 países, con Brasil, Reino Unido, Estados Unidos, China y Japón entre los principales destinos. La entidad estima, además, un consumo global de “19 millones de copas de vino chileno al día”, indicador usado en promoción internacional. A nivel interno, la vitivinicultura articula empleo agrícola, pymes y servicios como logística, gastronomía y hotelería, además de dinamizar el enoturismo en valles como Colchagua, Casablanca, Maipo y Elqui. Estos eslabones explican por qué la Cámara recalcó la contribución del vino a la imagen país y su presencia regional al respaldar la moción que ahora evaluará el Senado en segundo trámite constitucional.
Comparación regional: qué hicieron países vecinos
La moción cita el ejemplo de naciones cercanas que ya consagraron figuras de “bebida nacional”. Argentina declaró al vino como Bebida Nacional mediante el Decreto 1800/2010 y, luego, la Ley 26.870 (2013), que además asignó a la cartera agrícola funciones de difusión cultural ligadas a la producción, elaboración y consumo. En Perú, la Ley 30460 (2016; dif. oficial 2019) declaró de interés nacional la promoción y difusión del vino peruano y del pisco como bebidas nacionales, política que se complementa con la Denominación de Origen Pisco establecida por Decreto Supremo 001-91-ICTI/IND (1991). Estas referencias ilustran el tipo de instrumentos —campañas, protección de DO, impulso al enoturismo— que Chile puede adaptar a su propia estructura productiva y territorial, con foco en competitividad y en resguardar prácticas tradicionales vinculadas al patrimonio alimentario.
Patrimonio, identidad y territorio
El proyecto aprobado no crea un símbolo constitucional nuevo, sino que refuerza el repertorio patrimonial reconociendo prácticas y productos con arraigo histórico y presencia en la vida cotidiana. En Chile, la cultura del vino cruza desde la agricultura familiar y las viñas patrimoniales hasta conglomerados con distribución global; en paralelo, el pisco representa una tradición anclada a los valles nortinos, con denominación de origen chilena y una cadena de valor que integra agricultura, destilación y turismo. La norma propone narrar esas trayectorias como identidad compartida, pero a la vez como política económica y territorial: rutas enoturísticas que diversifican ingresos locales, señalética y museografía, festivales de vendimia y circuitos gastronómicos que suman a la estrategia país. En el debate regional, un reconocimiento estatal aporta relato, coordinación y continuidad a esfuerzos ya desplegados por productores, gobiernos regionales y municipios.
Próximos pasos en el Congreso
Tras la aprobación en la Cámara, el proyecto inició su segundo trámite en el Senado, donde podría ingresar a la Comisión de Agricultura y, eventualmente, a Cultura o Economía según sea el desglose del mandato y los énfasis de difusión y patrimonio. El itinerario legislativo considera discusión en general y particular; en esa etapa pueden incorporarse indicaciones que definan herramientas de promoción (concursos, campañas, medición de impacto) y coordinación con agencias como ProChile, Sernatur o el SAG. Dado que la moción no modifica tributos ni crea nuevas obligaciones para consumidores, su avance debería centrarse en la gobernanza y en la forma de articular a ministerios, gobiernos regionales y gremios. Fuentes legislativas prevén que, de prosperar con rapidez, la nueva ley permita calendarizar acciones para vendimias y rutas enoturísticas del año siguiente.
Qué implicaría en la práctica
Si el Senado respalda la idea matriz, Agricultura podría implementar un plan de promoción con metas anuales y métricas —alcance de campañas, visitantes en rutas, nuevos mercados— y reforzar la participación regional. Una primera capa realista incluye señalética y contenidos en museos, liceos técnicos y centros de innovación alimentaria; una segunda, promoción internacional coordinada con ProChile en ferias y eventos, con relato de sustentabilidad y denominaciones de origen. Además, el enoturismo ofrece una vía tangible para visibilizar pymes y patrimonio vivo: circuitos integrados de viñas, cocinas locales y oficios que permitan capturar mayor valor en territorios. En comercio exterior, el sello de bebida nacional puede servir de paraguas comunicacional —sin sustituir estrategias comerciales específicas— en un mercado mundial competitivo que, pese a la desaceleración de precios promedio recientes, mantiene nichos en alza para vinos con origen claro y narrativa cultural.
Fuente: Cámara de Diputadas y Diputados, ProChile, Gobierno de Argentina, Gobierno del Perú


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