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Cultivos de insectos en España para producción de harina y alimentos para animalesdomingo, 13 de septiembre 2026
Cultivos de insectos en España para producción de harina y alimentos para animales
Se estima que para el año 2030 se criarán unos 50 billones de insectos en todo el mundo, convirtiéndolos en el ganado más numeroso del planeta.
Sustentabilidad
Por: Catalina Díaz | 04 de octubre 2023 | 10:42
España está experimentando un notable crecimiento en el sector de las granjas de insectos. Actualmente, el país cuenta con 37 explotaciones registradas, y se espera que próximamente albergue la mayor granja de insectos del mundo en Salamanca.
Aunque el consumo humano de estos bichos aún no está permitido a nivel nacional, la industria ha encontrado diversas aplicaciones, desde forrajes para animales hasta la producción de fertilizantes naturales, cosméticos y materiales biodegradables.
El negocio de las granjas de insectos se presenta como una oportunidad para abordar desafíos ambientales y nutricionales. Según Eurogroup for Animals, se estima que para el año 2030 se criarán unos 50 billones de insectos en todo el mundo, convirtiéndolos en el ganado más numeroso del planeta.
Una alternativa a los fertilizantes químicos también ha encontrado su espacio en este creciente sector.
El guano, o frass, producido por los gusanos de la harina, se ha convertido en un fitofortificante, antifúngico y antibacteriano altamente demandado por agricultores conscientes de la necesidad de reducir el uso de productos químicos en sus cultivos, especialmente ante la escasez de fertilizantes tras la interrupción de suministros desde Rusia y China.
A pesar que la legislación actual impide la comercialización de insectos para consumo humano en España, ya hay más de 2.000 millones de personas en el mundo que los incluyen en su dieta, según datos de la ONU.
La Unión Europea ha dado un paso adelante al aprobar el consumo humano de polvo de grillo, larvas y otros insectos, fomentando una transición alimentaria más saludable y sostenible.
El futuro de las granjas de insectos en España es prometedor, y aunque existen desafíos regulatorios y de aceptación, la industria está dispuesta a enfrentarlos para convertirse en un actor clave en la alimentación y la economía sostenible.
La eficiencia de la cría de insectos
Un estudio reciente dirigido por Peter Alexander, socio-ecólogo de la Universidad de Edimburgo, descubre que la insecticultura ofrece una mayor eficiencia en el uso de la tierra que el resto de los productos animales para generar la misma cantidad de calorías y proteínas. “La adopción de la entomófaga ayudaría a reducir el impacto ambiental de la agricultura”, resume Alexander a OpenMind. El experto recomienda reemplazar parte del consumo actual de productos animales por insectos.
“Una mezcla de pequeños cambios en la conducta del consumidor, como sustituir la carne de vacuno por pollo, reducir los residuos alimentarios e introducir los insectos en la dieta, lograría un sistema más sostenible”, apunta.
Alexander reconoce que no será fácil lanzar masivamente a los europeos al consumo de insectos; en su opinión, la mayor barrera será la cultural. “Aquí en occidente comer insectos no es norma social, a muchos les produce una reacción de asco, y de ahí su uso en reality shows de televisión”. Este científico opina que el cambio será lento, pero confía en que se producirá, del mismo modo que el consumo de pescado crudo en forma de sushi se ha popularizado en las últimas décadas. Prevé un gran desarrollo de la insecticultura en Europa.
“Ya hay restaurantes y comercios en Europa y EEUU que se especializan en vender insectos para consumo humano, e incluso libros de recetas” apunta Alexander.
Tal vez ayude a esta introducción de la entomofagia una presentación del producto más adecuada a la mentalidad occidental. En lugar de los insectos fritos y enteros que se venden en los mercados de muchas ciudades asiáticas, algunas compañías ya han optado por el producto molido, como la harina de grillo para fabricar barritas energéticas. Pero para Alexander, “el tamaño total del mercado aún es extremadamente pequeño”.
En la exaltación de las virtudes nutritivas de estos animales ha desempeñado un papel crucial la FAO, que lleva años promoviendo la entofomofagia como solución a la inseguridad alimentaria. Los análisis revelan que los insectos son ricos en proteínas, ácidos grasos insaturados, aminoácidos y vitaminas, con una cantidad de hierro y otros minerales igual o superior a la de un solomillo de buey. A diferencia de los animales empleados en la ganadería tradicional, los insectos pueden criarse con poca agua, y con una huella ecológica mínima: según la FAO, los cerdos producen entre 10 y 100 veces más gases de efecto invernadero por kilo que los gusanos de la harina (larvas de escarabajo).
En occidente, es costumbre el consumo de artrópodos, pero sólo acuáticos, como cangrejos o langostas. En cambio, hasta 3.000 grupos étnicos de Latinoamérica, África, Asia y Oceanía incluyen insectos como parte de su dieta.
La Universidad holandesa de Wageningen mantiene una lista que recoge 2.111 especies comestibles de insectos y arácnidos, sobre todo escarabajos, orugas, hormigas, abejas, avispas, saltamontes, langostas y grillos, pero también moscas, arañas y cucarachas.


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