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Conservación del loyo: Chile alista plan con National Geographic para hongo en peligro

domingo, 13 de septiembre 2026

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Conservación del loyo: Chile alista plan con National Geographic para hongo en peligro

Conservación del loyo suma apoyo de National Geographic: hongo chileno En Peligro perdió más del 50% de su población en 50 años y urge cuidarlo.

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Sustentabilidad

Por: Constanza Sanhueza G. | 12 de mayo 2026 | 12:26

Conservación del loyo: Chile alista plan con National Geographic para hongo en peligro

Pie de foto: El loyo (Butyriboletus loyo) es un hongo comestible y micorrícico asociado al bosque nativo del sur de Chile. Fundación Fungi impulsa un plan de conservación para proteger la especie y promover recolección sustentable.

Fundación Fungi anunció el desarrollo de un plan técnico y participativo para conservar el loyo, el hongo Butyriboletus loyo, con respaldo internacional de National Geographic Society. La especie, endémica del sur de Chile, está clasificada como “En Peligro” y depende del bosque nativo para sobrevivir. El proyecto busca unir ciencia, comunidades locales y reconocimiento del oficio recolector para enfrentar la pérdida de hábitat, los incendios y la recolección no sustentable.

En los bosques templados del sur de Chile, donde el suelo guarda redes invisibles bajo raíces de coigües, robles y otros árboles nativos, crece un hongo que puede pesar varios kilos y que no se deja domesticar en un cultivo convencional. Se trata del loyo, una especie comestible y micorrícica que acaba de quedar en el centro de un proyecto inédito para la conservación fúngica del país.

La iniciativa, liderada por Fundación Fungi y respaldada por National Geographic Society, busca sentar las bases del primer plan de conservación técnica y participativa dedicado a un hongo en Chile. El foco estará puesto en Butyriboletus loyo, una especie descrita como emblemática por su valor ecológico, cultural y alimentario, pero también por la fragilidad de su ciclo de vida frente al deterioro del bosque nativo.

Un plan para conservar una especie que depende del bosque

El proyecto será encabezado por Daniela Torres, directora de programas de Fundación Fungi, quien fue nombrada National Geographic Explorer en el marco de este apoyo, según informó Cooperativa Ciencia. La propuesta apunta a construir un plan de conservación con base científica y participación local, no solo para proteger a la especie, sino también para ordenar prácticas de recolección y reconocer el rol de quienes han mantenido por generaciones una relación directa con los hongos silvestres del sur de Chile.

En declaraciones recogidas por Radio Universidad de Chile, Torres sostuvo que el objetivo es impulsar “el desarrollo de un Plan de Conservación” y el reconocimiento del oficio recolector. Esa doble dimensión —ecológica y social— es clave: el loyo no puede separarse del bosque donde crece, pero tampoco de las comunidades que lo conocen, recolectan y valoran como alimento, ingreso estacional y patrimonio biocultural.

Por qué el loyo es distinto a otros hongos comestibles

El loyo no funciona como un champiñón de cultivo. Es un hongo ectomicorrícico: vive asociado a las raíces de especies de Nothofagus y aparece en el suelo, solo o en pequeños grupos, durante el otoño. La evaluación de la Lista Roja de la UICN indica que ha sido registrado en bosques con Nothofagus obliqua, Nothofagus dombeyi, Nothofagus alpina y Nothofagus glauca, con observaciones frecuentes en bosques de coigüe y roble.

Esa dependencia explica por qué su conservación exige mirar el ecosistema completo y no solo el cuerpo fructífero que se recolecta. Si el bosque se fragmenta, se quema o pierde calidad, también se debilita la red subterránea que permite la aparición del hongo. La misma fuente estima su presencia en el centro-sur y sur de Chile, desde el sur de Talca hasta Osorno, con una distribución ligada a fragmentos de hábitat adecuados.

Una especie “En Peligro” por presión humana y pérdida de hábitat

La Lista Roja de la UICN clasificó a Butyriboletus loyo como “En Peligro” en 2019, tras inferir una disminución superior al 50% en las últimas tres generaciones, equivalentes a 50 años para esta especie. Entre las amenazas se mencionan la explotación para consumo humano, la recolección de ejemplares inmaduros y con porciones de micelio, además de la reducción y fragmentación de los bosques de Nothofagus.

El informe también señala que se trata de un hongo comestible de gran tamaño, con valor comercial, vendido fresco en mercados locales y comercializado a escala nacional. Esa presión no vuelve problemática toda recolección, pero sí vuelve urgente distinguir entre una práctica sustentable y otra que corta la posibilidad de regeneración. En ese punto se concentra parte del nuevo plan: conservar al loyo requiere cuidar el bosque, pero también mejorar las reglas, los tiempos y las formas de extracción.

Ciencia, recolectores y cultura local en una misma mesa

El valor del loyo no está solo en su rareza biológica. Cooperativa Ciencia lo describe como un hongo relevante para la cosmovisión del Pueblo Mapuche y para el sustento de recolectores tradicionales, una condición que obliga a diseñar medidas con las comunidades y no desde fuera de ellas. La conservación fúngica, en este caso, se parece menos a una cerca alrededor de una especie y más a una negociación territorial: qué se recolecta, cuándo se recolecta, cómo se corta, quién decide y cómo se transmite el conocimiento.

Fundación Fungi ya venía trabajando en esa intersección entre ciencia, conservación y cultura, con programas orientados a educación, expediciones, saberes ancestrales y protección de hongos. El nuevo proyecto puede convertir ese enfoque en una hoja de ruta para el loyo, con acciones medibles y responsabilidades compartidas entre especialistas, recolectores, instituciones públicas y actores locales.

El antecedente del manual de recolección sustentable

El futuro plan no parte desde cero. En 2021, el Instituto Forestal publicó el Manual para la recolección y manejo sustentable de hongos silvestres comestibles. El caso de loyo, changle, gargal y diweñe, basado en una investigación realizada entre 2018 y 2021 en la comuna de Panguipulli, Región de Los Ríos.

El documento propuso principios y criterios para la recolección sustentable de estas especies, combinando conocimiento local con información cuantitativa y cualitativa levantada durante cuatro años. Ese antecedente es relevante porque sitúa al loyo dentro de una economía y una cultura de hongos silvestres comestibles, pero también dentro de una discusión técnica: no basta con prohibir o promover la cosecha, sino que se necesitan criterios claros para reducir daño, proteger el micelio y favorecer futuras fructificaciones.

Chile, pionero en legislación fúngica, enfrenta una nueva prueba

Chile ha sido citado por Fundación Fungi como un país pionero en la inclusión de los hongos dentro de la legislación ambiental. La cronología, sin embargo, conviene leerla con precisión: la organización señala que en 2010 se abrió la modificación de la Ley 19.300, que en 2012 los hongos ingresaron oficialmente a la legislación chilena y que, según otro balance institucional, en 2013 Chile se convirtió en el primer país del mundo en incluirlos en su ley ambiental.

Ese avance permitió que especies fúngicas fueran consideradas en procesos de clasificación y evaluación, algo todavía poco común en la conservación global. La nueva iniciativa sobre el loyo aparece como una segunda prueba para ese liderazgo: pasar del reconocimiento legal a un plan concreto, territorial y participativo para una especie amenazada. Si resulta, el caso podría servir como modelo para otras especies fúngicas que siguen invisibles frente a políticas centradas en flora y fauna.

Preguntas Frecuentes

Fuente: Cooperativa Ciencia, IUCN Red List, Fundación Fungi.

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