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Conicet convierte yerba mate usada en bioaceite: por qué importa a la industria chilenalunes, 14 de septiembre 2026
Conicet convierte yerba mate usada en bioaceite: por qué importa a la industria chilena
Yerba mate usada se transforma en bioaceite con valor comercial; Chile puede liderar pilotos circulares.
Alimentación Saludable
Por: Yexika Montilla | 17 de diciembre 2025 | 16:03
Pie de foto: Viales con bioaceite obtenido de yerba mate postconsumo: compuestos aromáticos derivados de lignina para la industria química y de alimentos. Proyecto del CONICET con potencial de transferencia a cadenas chilenas.
Un equipo liderado por el científico del Conicet Martín Palazzolo convirtió yerba mate usada en un bioaceite con compuestos aromáticos para uso industrial mediante pirólisis a ≈550 °C; los ensayos, divulgados en 2025, también generan biochar y gases aprovechables y abren opciones para encadenamientos productivos en Chile bajo la Ley REP y la estrategia de economía circular.
La historia arranca lejos de los grandes complejos petroquímicos y muy cerca del mate de todos los días. El investigador argentino Martín Palazzolo, hoy en el Instituto de Biología Agrícola de Mendoza (IBAM, CONICET–UNCUYO), desarrolló —junto a colegas de la Universidad de Groningen— un proceso para valorizar la yerba mate usada y transformarla en bioaceite con valor comercial. La novedad no es solo técnica: conecta ciencia aplicada con problemas cotidianos de gestión de residuos y con oportunidades de sustitución parcial de insumos fósiles. Para Chile, que importa miles de toneladas de yerba cada año y avanza en políticas de circularidad, la propuesta abre una línea concreta de innovación industrial con materias primas “postconsumo” que hoy se pierden en rellenos o compostajes informales. “La ciencia tiene que resolver necesidades reales”, resume el espíritu del proyecto divulgado por CONICET a fines de 2025.
Cómo funciona: pirólisis de yerba usada, sin oxígeno y a alta temperatura
El núcleo del avance es la pirólisis, una descomposición térmica sin oxígeno que, aplicada a la yerba mate usada, separa la biomasa en tres fracciones: biochar (sólido carbonoso), gases combustibles y bioaceite (líquido marrón oscuro con alta densidad energética). En los ensayos reportados, el equipo operó en el entorno de 550 °C y también evaluó variantes catalíticas para afinar la composición del aceite. Más allá de la ingeniería fina del reactor, hay dos claves replicables: trabajar con biomasa residual abundante y estandarizar condiciones para obtener calidades consistentes del aceite y del biochar. Para Chile, con capacidades universitarias y centros tecnológicos en biomasa, la pirólisis de residuos alimentarios y agrícolas representa un puente factible entre la investigación y la manufactura, con barreras de entrada más bajas que otras rutas termoquímicas intensivas en capital como la gasificación a gran escala.
Qué contiene el bioaceite y para qué sirve en cadenas chilenas
El bioaceite de la yerba concentra aromáticos derivados de lignina (p. ej., metoxifenoles) con usos potenciales en química fina, sabores y fragancias, aditivos y recubrimientos. La literatura del propio equipo detalla rendimientos orientativos y cómo ciertas condiciones modifican la mezcla: a 550 °C se obtuvieron ≈29 % p/p de bioaceite y ≈26 % p/p de biochar, mientras que rutas a menor temperatura con CuO bajan el rendimiento de aceite a ≈15 % p/p, pero enriquecen la fracción metoxifenólica útil para aplicaciones de mayor valor. Para proveedores chilenos de alimentos y envases, ese portafolio sugiere integraciones con líneas de aditivos, resinas bio-basadas o barnices donde hoy predominan precursores fósiles importados. El ajuste fino exige estandarizar acidez, estabilidad y composición del bioaceite, metas compatibles con capacidades locales de control de calidad y normas emergentes en bio-productos.
El dato que nos cruza: Chile importa yerba; el residuo existe aquí
Aunque la yerba no se cultiva masivamente en Chile, sí se consume. Las estadísticas macro muestran una base estable de importaciones anuales de yerba mate en el orden de miles de toneladas, suficientes para generar volúmenes relevantes de residuo postconsumo en hogares y canal HORECA. Un reporte del Banco Central registra la serie de “yerba mate (t)” dentro de los indicadores de comercio exterior, dando cuenta de un flujo que el retail y distribuidores conocen bien a nivel de góndola. Si cruzamos esa masa importada con tasas conservadoras de descarte, el país dispone de un sustrato regular y trazable para pilotos urbanos de recolección diferenciada, especialmente en regiones y comunas con alta población migrante del Cono Sur y en temporadas frías, cuando el consumo se intensifica. Esta es la ventana: un residuo cotidiano, no peligroso, listo para ser valorizado sin esperar grandes cambios de hábitos.
Encaje regulatorio en Chile: economía circular, Ley REP y estándares
El marco chileno facilita pasar del laboratorio al piloto. La Ley 20.920 (Ley REP) obliga a productores de categorías prioritarias a hacerse cargo de residuos, y la Oficina de Economía Circular (MMA) impulsa modelos de reutilización y valorización que pueden incluir flujos orgánicos postconsumo cuando hay trazabilidad y destino controlado. Para el biochar que surge como coproducto, existen estándares internacionales (IBI) que guían calidad y seguridad de uso en suelos; y, en fertilizantes, el SAG ha actualizado requisitos de composición y etiquetado, útiles si se formula un producto tipo enmienda a partir del biochar. Traducido: una empresa chilena puede articular un piloto REP voluntario con retailers y cafeterías, validar el bioaceite como insumo industrial y clasificar el biochar bajo marcos conocidos, reduciendo incertidumbre legal desde el día uno.
¿Escala y huella? Señales para inversiones piloto en Chile
Desde Argentina llegan parámetros operativos que sirven para proyecciones locales: rendimientos de ≈29 % de aceite y ≈26 % de char a 550 °C permiten esbozar balances de masa y energía para micro-plantas urbanas. En Chile, donde la industria de envases y plásticos busca sustitutos biobasados y la agricultura demanda enmiendas para retención hídrica, los coproductos encuentran mercado cercano. La señal de política pública —circularidad y REP— reduce riesgos de demanda; y la presencia de redes de biochar y centros tecnológicos con ensayos de toxicidad y desempeño agronómico acorta el tiempo a mercado. Quedan por probar logística de recolección, pretratamientos (p. ej., extracción de cafeína y minerales) y estandarización del bioaceite para su co-procesamiento o formulación. Pero el vector es nítido: hay residuo disponible, uso potencial y normas para encajar los productos en cadenas existentes.
Qué puede pasar mañana: pilotos binacionales y transferencia tecnológica
Una ruta plausible es un piloto binacional: know-how de proceso desde el equipo de Palazzolo, reactores modulares fabricados en Chile, acuerdos de abastecimiento con retailers y cafeterías en Santiago, Valparaíso y Biobío, y validación del bioaceite con laboratorios de universidades chilenas y proveedores de aditivos. El modelo podría escalar como spin-off o licencia tecnológica, con KPIs claros: toneladas de yerba desviadas de relleno, litros de bioaceite con especificaciones, hectáreas intervenidas con biochar y kg CO₂e evitados por sustitución de insumos fósiles y secuestro de carbono en suelos. El éxito no depende de discursos grandilocuentes, sino de ciclos de aprendizaje cortos y compras tempranas de la industria. En un país que aspira a descarbonizar procesos y cerrar ciclos de materiales, transformar el mate lavado en insumos industriales deja de ser curiosidad y se vuelve oportunidad medible.
Fuente: CONICET, University of Groningen, MMA Chile, UDT-UdeC


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