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Cómo Chile convierte el cochayuyo en micoproteína: la apuesta de la U. de Chilemartes, 15 de septiembre 2026
Cómo Chile convierte el cochayuyo en micoproteína: la apuesta de la U. de Chile
El cochayuyo chileno se transforma en micoproteína con digestibilidad cercana al 100% gracias a fermentación fúngica desarrollada por la U. de Chile.
Ciencia y Tecnología
Por: Yexika Montilla | 16 de enero 2026 | 14:14
Pie de foto: La Dra. Catalina Landeta, de la Universidad de Chile, revisa el proceso de fermentación con hongos que transforma el cochayuyo en micoproteína de alta digestibilidad, base del proyecto MycoSeaweed®.
Un equipo de la Universidad de Chile convirtió el cochayuyo en una micoproteína de alta digestibilidad mediante fermentación fúngica. En pruebas in vitro, la digestibilidad rozó el 100%, muy por encima de algas sin intervenir. El avance derivó en MycoSeaweed®, que busca escalar como ingrediente sostenible para alimentos del futuro.
En la segunda semana de enero de 2026, la Universidad de Chile informó resultados que ponen al cochayuyo —Durvillaea, un alga parda icónica del litoral chileno— en el centro de una innovación alimentaria: una micoproteína creada por fermentación con hongos que eleva su calidad nutricional y su digestibilidad. El trabajo, liderado por la Dra. Catalina Landeta Salgado en la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas, comparó tres algas comestibles y una micoproteína derivada del cochayuyo en un mismo marco experimental. El objetivo fue simple y ambicioso a la vez: transformar un recurso marino abundante en una fuente proteica de mayor aprovechamiento, con potencial de impacto en seguridad alimentaria y sostenibilidad para los próximos años, tanto en Chile como en mercados con interés en proteínas alternativas.
Cómo funciona la fermentación fúngica aplicada al cochayuyo
El equipo aplicó un proceso biotecnológico de fermentación con hongos que “pre-digiere” la matriz del alga, rompe barreras a la biodisponibilidad y potencia el perfil de aminoácidos. Para medir de manera comparable el efecto de la intervención, utilizaron un modelo de digestión gastrointestinal in vitro, que reproduce etapas gástricas e intestinales con control de pH, sales biliares y enzimas, permitiendo estimar liberación y absorción potencial de nutrientes bajo condiciones de laboratorio. En ese protocolo se evaluaron dos algas pardas (Durvillaea y Macrocystis pyrifera), una verde (Ulva) y la micoproteína obtenida del propio cochayuyo chileno. La estandarización no es trivial: reduce sesgos entre muestras, aísla el efecto de la fermentación y habilita comparaciones directas entre algas sin procesar y el ingrediente resultante, hoy registrado como MycoSeaweed®.
Resultados: digestibilidad y calidad proteica
El hallazgo clave es la digestibilidad: la micoproteína derivada de cochayuyo se acercó al 100% en el modelo in vitro, mientras que las algas sin intervención quedaron por debajo del 60% en la misma evaluación. Esa diferencia no solo importa para el laboratorio; sugiere que, a igual porción ingerida, podría liberarse una mayor fracción de aminoácidos aprovechables, con impacto directo en calidad proteica. No todo es proteína: el ingrediente conservó fibra dietaria y compuestos fenólicos con potencial antioxidante, un plus para formulaciones que busquen salud intestinal y capacidad antioxidante. Aunque la validación in vivo y los ensayos sensoriales serán el siguiente paso, la señal técnica es clara: el proceso fúngico mejora la fracción utilizable de proteínas frente a la matriz algal original bajo condiciones controladas.
De la bancada a MycoSeaweed®: el ingrediente y su camino al mercado
Tras los resultados, la línea de trabajo avanzó hacia MycoSeaweed®, una micoproteína en polvo pensada como ingrediente que puede incorporarse a preparaciones diversas (desde bebidas y sopas hasta masas o análogos cárnicos). La formulación objetivo reúne cerca de 35% de proteínas, aminoácidos esenciales, ~40% de fibra dietaria y polifenoles, con estabilidad y funcionalidad compatibles con mezclas secas. El paso a desarrollo implica asegurar repetibilidad del proceso, trazabilidad del sustrato marino y control microbiológico; también, diseñar especificaciones para industria y etiquetado conforme a normativa chilena y a estándares de exportación. El vector de innovación, además, crea un puente entre ciencia universitaria y emprendimiento tecnológico en alimentos, con un relato de origen local y vocación de escalamiento regional.
Huella ambiental: lo que dice la evidencia comparativa
¿Por qué pensar en micoproteínas? La literatura de ciclo de vida (LCA) para micoproteína industrial —como la basada en Fusarium venenatum— ha mostrado órdenes de magnitud menores en uso de tierra y agua frente a carne vacuna, junto con huellas de carbono más bajas: análisis revisados por pares reportan reducciones cercanas o superiores a 10 veces en tierra y agua respecto de carne molida de vacuno, y menores emisiones frente a vacuno y, en varios casos, también frente a ciertas proteínas vegetales procesadas. La extrapolación al caso chileno exige prudencia (sustratos, energía y logística importan), pero marca una tendencia robusta en proteínas fúngicas cultivadas por fermentación. Para MycoSeaweed®, documentar su propio LCA será decisivo si aspira a etiquetas de bajo impacto y mercados exigentes en sostenibilidad.
Un reconocimiento nacional y el impulso para 2026
El 12 de diciembre de 2025, la Universidad de Chile informó que el desarrollo liderado por la profesora Landeta obtuvo el primer lugar nacional en la categoría “Alimentos para una Vida Saludable” del Premio Nacional de Innovación Alimentaria del Programa Estratégico Transforma Alimentos (Corfo). Resúmenes externos y listados de ganadores corroboran el resultado de la edición 2025, validando la visibilidad del proyecto en el ecosistema de I+D alimentaria chilena. Con ese impulso, 2026 se perfila como año de consolidación: escalamiento de lotes piloto, alianzas con productores de macroalgas, evaluación sensorial y estudios de estabilidad, además de la hoja de ruta regulatoria para etiquetado y eventuales declaraciones nutricionales en mercados objetivo.
¿Qué falta demostrar? Seguridad, regulación y adopción
Convertir un resultado prometedor en un alimento real exige cerrar varios frentes:
Primero, seguridad alimentaria: demostrar inocuidad del proceso, ausencia de metabolitos indeseados y cumplir límites microbiológicos.
Segundo, regulación: ajustar el encuadre como ingrediente novedoso si corresponde, con dossier de composición, alérgenos y trazabilidad del sustrato marino.
Tercero, adopción: lograr perfiles sensoriales y funcionales que permitan reemplazos parciales de proteínas tradicionales en recetas industriales.
Por último, sostenibilidad propia: someter MycoSeaweed® a un LCA completo con datos primarios chilenos (energía, agua, transporte, rendimiento), para sostener con evidencia sus promesas ambientales en etiquetas y en conversaciones con compradores B2B.
Por qué importa para Chile (y no solo para Chile)
Chile combina litoral rico en macroalgas, una red de investigación universitaria competitiva y un mercado que demanda ingredientes con trazabilidad, nutrición verificable y menor huella. Si MycoSeaweed® confirma digestibilidad elevada y cierra bien su LCA, podría integrarse a programas de alimentación saludable y a formulaciones de exportación con una historia de origen diferenciada. A nivel global, las micoproteínas crecen como “tercera vía” junto a proteínas vegetales y animales, ofreciendo consistencia, procesos escalables y menor exposición a la variabilidad de suelos y clima. Para el cochayuyo —tradicional en mesas chilenas— la biotecnología abre un nuevo capítulo: del guiso costero al ingrediente con estándar internacional, sin perder identidad territorial.
Fuente: U. de Chile, Royal Society of Chemistry, PMC, CENEM


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