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Colibríes y abejas: el estudio que explica cómo evolucionan las flores tropicaleslunes, 14 de septiembre 2026
Colibríes y abejas: el estudio que explica cómo evolucionan las flores tropicales
Flores tropicales: estudio 2026 revela que colibríes transfieren más polen por visita, aunque las abejas siguen presentes en 2 Costus de Costa Rica
Ciencia y Tecnología
Por: Constanza Sanhueza G. | 10 de junio 2026 | 12:48
Pie de foto: Un colibrí visita una flor tubular. La investigación muestra que su eficiencia al transportar polen puede favorecer cambios evolutivos en flores tropicales.
Un estudio publicado en 2026 en New Phytologist y liderado por investigadores vinculados a la Universidad de California en Santa Cruz analizó dos especies de jengibre espiral en Costa Rica para resolver una pregunta evolutiva: por qué algunas flores tropicales cambian de estrategia y pasan de depender de abejas a depender de colibríes. El hallazgo central no fue la ausencia de abejas en los bosques nubosos. Aunque las abejas visitaban más flores, los colibríes dejaban más polen útil en cada visita. Esa mayor eficiencia ayuda a explicar por qué algunas plantas tropicales evolucionaron hacia flores adaptadas a las aves. los colibríes al transportar polen por visita. Esa diferencia, pequeña en apariencia, puede impulsar cambios acumulados en la forma, el color y el aroma de las flores.
La vieja explicación ya no alcanza
Durante décadas, una idea dominó la explicación sobre muchas flores de montaña en América tropical: a mayor altitud, el frío, la humedad y las condiciones cambiantes de los bosques nubosos "reducían la actividad de las abejas", y las plantas terminaban recurriendo a los colibríes como polinizadores principales. La hipótesis era sencilla y parecía lógica. Sin abejas suficientes, las flores con corolas tubulares, colores intensos y abundante néctar habrían encontrado en las aves una salida evolutiva. Pero el nuevo estudio cambia el foco, dejando entre ver lo equivocado de la aseveración. Las abejas no desaparecieron del escenario; seguían presentes, incluso en ambientes montanos. Lo que cambió fue el rendimiento ecológico de cada visita. Los colibríes no iban necesariamente más veces a todas las flores, pero cuando lo hacían dejaban más polen disponible en el lugar correcto. “Los colibríes pueden impulsar esta transición”, explicó Kathleen Kay, autora sénior del trabajo.
Menos visitas no siempre significan menos éxito
La clave del hallazgo está en distinguir frecuencia de eficiencia. Una abeja puede visitar muchas flores en un día, pero eso no significa que todo el polen que toca termine en otra flor compatible. Las abejas recogen polen de forma activa para alimentar a sus crías y suelen limpiarlo de su cuerpo durante el forrajeo. Parte de ese material queda almacenado en estructuras especializadas o acaba fuera del circuito reproductivo de la planta. El colibrí, en cambio, busca néctar. Al introducir el pico y la cabeza en flores tubulares, el polen queda adherido de forma accidental en plumas y zonas de contacto, y permanece más disponible para viajar a la siguiente flor. Por eso el estudio concluye que las plantas polinizadas por abejas recibían más visitas en conjunto, pero las flores adaptadas a colibríes recibían más polen por visita.
Cuando una flor cambia de forma
La transición hacia la polinización por colibríes no es un cambio de visitante; es una remodelación gradual de la flor. Las especies asociadas a abejas suelen ofrecer superficies de apoyo, señales visuales útiles para insectos y aromas que facilitan la localización. Las flores adaptadas a colibríes tienden a otra arquitectura: corolas más estrechas y tubulares, colores intensos, menor dependencia del olor y una oferta de néctar ajustada al modo de alimentación de las aves. Esos rasgos no aparecen de una vez. Se acumulan generación tras generación cuando las plantas que encajan mejor con un polinizador dejan más descendencia. Pedro Juárez, autor principal del estudio, resume el punto evolutivo: las flores adaptadas a distintos polinizadores pueden quedar reproductivamente separadas. En otras palabras, una diferencia en la forma de transportar polen puede convertirse, con el tiempo, en una frontera biológica entre linajes vegetales.
Cómo nacen nuevas especies
Bastó una ventaja funcional: los colibríes eran mejores repartidores de polen en determinadas condiciones. Esa diferencia puede reducir el intercambio reproductivo entre plantas que atraen abejas y plantas que atraen aves. Con el paso de muchas generaciones, esa separación puede favorecer el aislamiento reproductivo, uno de los procesos que abre la puerta a la formación de nuevas especies. La evolución, en este caso, avanza por pequeñas ventajas repetidas. La lección es relevante para comprender la diversidad floral de regiones tropicales: los cambios en color, forma, néctar y aroma pueden estar ligados a interacciones muy concretas entre plantas y animales.
Colibríes, pequeños arquitectos de la biodiversidad
Los colibríes viven exclusivamente en América y suman más de 360 especies reconocidas a escala mundial, con una diversidad especialmente alta en Centroamérica y Sudamérica. Su vuelo estacionario, su capacidad de maniobra y su relación estrecha con flores ricas en néctar los convierten en polinizadores singulares dentro de los ecosistemas tropicales. No son simples visitantes vistosos: en algunos ambientes pueden influir en la dirección evolutiva de las plantas que dependen de ellos. Esa influencia no significa que todas las flores tubulares hayan evolucionado por la misma razón, ni que las abejas hayan perdido protagonismo. De hecho, en Chile también se han observado cambios relevantes en las redes de polinización, especialmente cuando especies invasoras alteran la forma en que las flores interactúan con sus visitantes. El valor del estudio está precisamente en el matiz. Allí donde abejas y colibríes coexisten, la pregunta relevante no es solo cuántos individuos aparecen, sino como cumplen la función reproductiva que las plantas necesitan.
Qué implica para los bosques nubosos
Los bosques nubosos tropicales son ecosistemas de montaña sometidos a presiones particulares. Informes de conservación han señalado que representan una fracción pequeña de los bosques tropicales del mundo, pero concentran una biodiversidad desproporcionada y cumplen funciones importantes en la captura de agua desde las nubes. También son vulnerables a la fragmentación del hábitat y al cambio climático, porque su equilibrio depende de rangos específicos de humedad, temperatura y altitud. En ese contexto, entender las relaciones entre flores y polinizadores no es un detalle académico. Si las condiciones ambientales alteran las rutas, abundancia o comportamiento de los colibríes, algunas plantas especializadas podrían perder eficacia reproductiva. La investigación no predice por sí sola un colapso, pero sí recuerda que conservar un bosque implica proteger de forma natural, sin intervinir en los ecosistemasm, las interacciones invisibles que lo sostienen: polen, néctar, visitas, movimientos y ciclos de floración.
La evolución también depende de pequeños detalles
La imagen final que deja el estudio es poderosa: una flor no cambia solo por un polinizador. Las abejas continuan allí. Los colibríes no llegaron como sustitutos de emergencia, sino como agentes especialmente eficaces en ciertas condiciones de montaña. Lo cual bastó para favorecer flores más tubulares, menos aromáticas y más ajustadas al cuerpo de un ave que entra, bebe néctar y se marcha con polen adherido. La naturaleza suele operar con esa clase de detalles. Un contacto más preciso, una transferencia más efectiva, una visita que deja más granos en el estigma correcto. Con el tiempo, esas pequeñas ventajas pueden moldear paisajes enteros de biodiversidad.
Fuente: University of California, Santa Cruz, New Phytologist.


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