Inicio

>

Medio Ambiente

>

Innovación/Medio Ambiente

>

Científicos detectan microbios marinos con “motivo M5” que degradan PET

domingo, 13 de septiembre 2026

Medio Ambiente

Compartir en:

Científicos detectan microbios marinos con “motivo M5” que degradan PET

El motivo M5 revela cómo microbios marinos descomponen plástico PET en 80% de aguas muestreadas.

Agregar Agroconectados en
Agrega Agroconectados como tu fuente favorita de noticias en Google.

Innovación/Medio Ambiente

Por: Yexika Montilla | 01 de noviembre 2025 | 18:35

Científicos detectan microbios marinos con “motivo M5” que degradan PET

Pie de foto: Vista submarina con partículas en suspensión: los microbios transforman residuos en compuestos más simples que vuelven al ciclo natural.

Un equipo internacional liderado por KAUST identificó el motivo M5 en enzimas PETasa de bacterias marinas y lo vinculó con la degradación de PET —el plástico de botellas y fibras— en condiciones oceánicas. El patrón se encontró en más de 400 muestras y apareció en ≈80% de las aguas muestreadas, desde la superficie hasta ~2.000 m, lo que sugiere una respuesta evolutiva a la contaminación plástica. El trabajo, publicado en The ISME Journal (enero de 2025), ofrece un plano molecular para diseñar enzimas de reciclaje más eficientes.

El nuevo estudio describe un “motivo” enzimático —denominado M5— que actúa como huella dactilar para identificar PETasas funcionales, capaces de atacar las cadenas del tere ftalato de polietileno (PET). A diferencia de otras variantes conocidas como pseudo-PETasas, las que exhiben M5 muestran una arquitectura activa para reconocer el polímero y cortarlo en fragmentos que el ecosistema microbiano puede asimilar. La implicancia inmediata es doble: por un lado, revela que la vida marina está adaptándose a un flujo masivo de residuos; por otro, brinda criterios estructurales para seleccionar y optimizar enzimas con aplicaciones industriales. “El motivo M5 actúa como una huella digital que nos dice cuándo una PETasa probablemente es funcional”, sintetizó el ecólogo marino Carlos Duarte al presentar los resultados del consorcio académico que lideró KAUST.

Cómo se hizo: muestras, IA estructural y validación en laboratorio

El equipo analizó >400 muestras de los siete mares mediante metagenómica y buscó firmas de PETasa en comunidades bacterianas desde la superficie hasta ~2.000 metros. Con modelado estructural asistido por IA, comparó docenas de variantes y entrenó un clasificador por motivos para distinguir enzimas funcionales de no funcionales. Las predicciones se contrastaron en ensayos de laboratorio, donde solo las bacterias con el motivo M5 degradaron láminas de PET en condiciones controladas, confirmando que el patrón no es un adorno evolutivo, sino un requisito catalítico. El resultado clave: el motivo M5 permite separar de forma fiable las PETasas que sí actúan sobre PET de las que, pese a su parecido, no muestran actividad detectable o la ejercen sobre otros sustratos.

Qué significa: distribución global y linajes bacterianos

La distribución del motivo fue tan amplia como llamativa. Las firmas M5 aparecieron en ≈80% de las aguas estudiadas, incluida la columna de agua profunda de grandes cuencas donde el carbono orgánico es escaso. Allí, metabolizar carbono sintético podría otorgar una ventaja selectiva, especialmente en partículas y agregados que transportan microplásticos. El análisis de lecturas metagenómicas y genes cercanos sugiere que muchas PETasas marinas están codificadas por Pseudomonadales, un orden célebre por su versatilidad metabólica; y que estas enzimas habrían evolucionado a partir de otras que degradan hidrocarburos, migrando —por presión antropogénica— hacia sustratos artificiales. En términos ecológicos, los autores interpretan el aumento de estas firmas como una respuesta temprana de las comunidades microbianas al cambio del nicho químico impuesto por la contaminación plástica.

Límites: tasas reales vs. volumen de plástico en el mar

Aunque el motivo M5 es una pieza prometedora, sus tasas naturales de degradación no alcanzan, por sí solas, a contrarrestar la magnitud del problema. Estimaciones ampliamente citadas indican que, cada año, en torno a 11 millones de toneladas de plástico entran en los océanos, y que 19–23 millones de toneladas se fugan a ecosistemas acuáticos si se incluyen ríos y lagos. A escala histórica, el cálculo seminal para 2010 estimó entre 4,8 y 12,7 millones de toneladas que pasaron de tierra al océano, lo que dimensiona la brecha entre entrada de residuos y capacidad biótica de procesarlos. En ese contexto, los microbios no “limpian” el mar: apenas amortiguan un flujo que sigue creciendo y que requiere políticas de reducción, captura en fuente y reciclaje efectivo en tierra. 

Aplicaciones: diseño racional de enzimas y reciclaje (blueprint M5)

La mayor promesa del hallazgo está en la biotecnología. Al identificar qué rasgos estructurales distinguen una PETasa activa, el motivo M5 funciona como blueprint para diseñar o evolucionar enzimas más rápidas y estables en condiciones de planta. Ese conocimiento permite filtrar bibliotecas de variantes, guiar mutagénesis dirigida y anticipar combinaciones que resistan pH, salinidad y temperatura propias de corrientes y lodos industriales. El objetivo práctico no es llevar microbios al océano, sino impedir que los residuos lleguen: reactores y plantas de tratamiento que despolimericen PET en monómeros reutilizables con controles de bioseguridad, trazabilidad y economía circular. De este modo, un fenómeno evolutivo observado en el mar se traduce en criterios de selección concretos para acelerar el reciclaje enzimático en la vida real.

Contexto histórico: de Ideonella sakaiensis (2016) al motivo M5 (2025)

La conversación científica sobre PETasas creció tras el hito de 2016, cuando investigadores en Japón aislaron Ideonella sakaiensis 201-F6, una bacteria capaz de usar PET como fuente de carbono mediante dos enzimas, PETasa y MHETasa. Aquella demostración, publicada en Science, probó que el plástico podía asimilarse biológicamente y abrió una década de ingeniería de enzimas. El aporte de 2025 amplía ese marco al océano: en lugar de un microbio de planta de reciclaje, ahora se mapea un motivo que marca a las variantes funcionales en ambientes fríos, oscuros y oligotróficos. La ruta va de un caso puntual a un patrón global y operativo, capaz de guiar decisiones técnicas sin perder de vista el riesgo de extrapolar tasas de laboratorio a la complejidad del mar.

Próximos pasos y preguntas abiertas

Tres frentes concentran la agenda:

  1. Validación in situ: medir tasas y productos de degradación en microcosmos y mesocosmos con matrices oceánicas reales.
  2. Ingeniería: probar bibliotecas de variantes orientadas por M5 para maximizar actividad, estabilidad y reciclabilidad de monómeros, con LCA que compare huella y costos frente a rutas químicas.
  3. Gobernanza: estándares de bioseguridad, reglas de liberación cero y trazabilidad de copolímeros y aditivos para evitar externalidades. 

En paralelo, la mitigación en origen —prohibiciones de plásticos de un solo uso, tarifas al descarte y sistemas de depósito y retorno— seguirá siendo el pilar para reducir la presión selectiva que hoy acelera esta respuesta microbiana.

Fuente: KAUST Discovery, The ISME Journal, UNEP, Science.

Lo Nuevo