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Científicos de la UNAM hallan bacterias del suelo con potencial para biofertilizantes en la Mixteca Altamartes, 15 de septiembre 2026
Científicos de la UNAM hallan bacterias del suelo con potencial para biofertilizantes en la Mixteca Alta
Investigadores hallan bacterias del suelo en Oaxaca con potencial para biofertilizantes que impulsen cultivos y restauren suelos degradados.
Ciencia y Tecnología
Por: Yexika Montilla | 29 de diciembre 2025 | 20:36
Pie de foto: Lama-bordos y terrazas de la Mixteca Alta, modeladas por siglos, crean hábitats donde prosperan bacterias del suelo. La UNAM estudia estos microbiomas para reducir agroquímicos y fortalecer una agricultura sostenible en comunidades rurales.
Un equipo de la UAET Oaxaca (Instituto de Geografía, UNAM) caracterizó, mediante secuenciación genética, comunidades bacterianas en suelos del Geoparque Mundial UNESCO Mixteca Alta (Oaxaca). El hallazgo abre la puerta a biofertilizantes locales y a menor uso de agroquímicos, articulando ciencia genómica y manejo ancestral de lama-bordos y terrazas.
La Dirección General de Comunicación Social de la UNAM informó que investigadores de la Unidad Académica de Estudios Territoriales (UAET) Oaxaca identificaron poblaciones bacterianas con funciones clave para la fertilidad del suelo, la supresión de patógenos y la restauración ecológica. El muestreo se realizó en tres agroecosistemas tradicionales —lama-bordos, terrazas y valles— dentro del Geoparque Mundial UNESCO Mixteca Alta, en el noroeste de Oaxaca. El grupo, encabezado por Mario Alberto Martínez Núñez, aplicó análisis genómicos para perfilar la composición microbiana y predecir rutas metabólicas relacionadas con el ciclado de nutrientes. La Mixteca Alta, reconocida por la UNESCO, es un laboratorio a cielo abierto donde la convivencia entre geología compleja y agricultura tradicional ha modelado suelos ricos en materia orgánica, idóneos para estos consorcios microbianos.
Cómo funcionan estas bacterias en el suelo
Los resultados señalan que en los suelos del Geoparque dominan filos como Proteobacteria, Actinobacteria, Acidobacteria y Chloroflexi, además de familias como Solibacteraceae y Sphingomonadaceae. Estos grupos intervienen en la descomposición de materia orgánica, la formación de agregados, la disponibilidad de carbono y nitrógeno y la protección contra patógenos vegetales. La caracterización se sustentó en secuenciación del gen 16S rRNA y análisis bioinformático para predecir funciones metabólicas. Una publicación académica previa, firmada por Martínez-Núñez y Orozco-Ramírez, describió en detalle estos agroecosistemas milenarios y corroboró diferencias funcionales entre lama-bordos, terrazas y valles, reforzando la base científica del hallazgo con métricas de diversidad y vías metabólicas diferenciales.
Ciencia + tradición: manejo ancestral en la Mixteca Alta
El estudio reconoce el papel de prácticas agrícolas comunitarias con más de 3.400 años —lama-bordos, terrazas y manejo de valles— que han configurado condiciones edáficas estables y materia orgánica persistente. En la Mixteca Alta, la agricultura de ladera y las terrazas mitigan erosión y favorecen microclimas que sostienen microbiomas complejos. La UNESCO describe al Geoparque como un paisaje singular donde múltiples geositios testimonian la interacción prolongada entre comunidades indígenas y sistemas productivos en terrazas. Esa herencia, ahora interpretada con herramientas genómicas, sugiere que la biodiversidad microbiana es un activo cultural-ecológico: no es casualidad, sino consecuencia del conocimiento local transmitido por generaciones que optimizó suelos y agua en una región de geodiversidad notable.
Aplicaciones: biofertilizantes locales y menos agroquímicos
Con la información genética y funcional, la UAET plantea desarrollar bioinsumos —biofertilizantes y bioestimulantes— ajustados al contexto edafoclimático local. La lógica es pragmática: consorcios microbianos nativos pueden mejorar la eficiencia en uso de nutrientes, reducir la incidencia de enfermedades y, por tanto, bajar la dependencia de insumos industriales expuestos a la volatilidad internacional. En México, el mercado de agroquímicos ronda miles de millones de dólares y su dinámica está condicionada por importaciones y ciclos de precios; disminuir esa exposición mediante bioinsumos locales es una vía de resiliencia económica para pequeños productores. La UNAM subraya que estos consorcios pueden convertirse en herramientas para restaurar suelos degradados y fortalecer la sostenibilidad productiva sin replicar la lógica intensiva de insumos de alto costo.
Impacto esperado en México y fuera
El potencial trasciende Oaxaca. México enfrenta retos de productividad y degradación edáfica heterogénea; análisis recientes de productividad terrestre estiman condición degradada del rendimiento en 53,2% de la superficie nacional, con variaciones regionales según clima y uso del suelo. En ese contexto, bioinsumos diseñados a partir de microbiomas locales ofrecen una solución que combina ciencia, pertinencia territorial y escalabilidad progresiva: primero parcelas piloto, luego adopción comunitaria y, más tarde, integración a políticas de extensionismo. La experiencia de la Mixteca Alta, al articular genómica y saberes tradicionales, podría inspirar programas en regiones con suelos frágiles y alta dependencia de insumos importados, aportando a la seguridad alimentaria y a metas de adaptación climática en América Latina.
Próximos pasos y validación científica
Para convertir el hallazgo en productos consistentes, la ruta técnica exige ensayos de campo controlados por cultivo (maíz, frijol u hortalizas), dosis y calendarios, métricas comparables (rendimiento, materia orgánica, N disponible, supresión de patógenos) y evaluación de persistencia de efectos por ciclo agrícola. También se requiere un marco regulatorio claro para bioinsumos y protocolos de transferencia tecnológica con laboratorios regionales y redes de productores. La evidencia base —comunicado institucional y artículo revisado por pares— robustecen la plausibilidad, pero el equipo reconoce que “potencial” no equivale a disponibilidad comercial inmediata: falta demostrar eficacia y costo-beneficio en parcelas reales y documentar impactos socioambientales en horizontes de 12–36 meses.
Fuente: UNAM, UNESCO, Martínez-Núñez & Orozco-Ramírez,


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