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Chilenos rescatan Sophora únicas para alimentar al picaflor de Juan Fernándezdomingo, 13 de septiembre 2026
Chilenos rescatan Sophora únicas para alimentar al picaflor de Juan Fernández
Sophora fernandeziana y masafuerana, claves para el picaflor de Juan Fernández, se reforestan en islas.
Nacional
Por: Yexika Montilla | 19 de diciembre 2025 | 17:07
Pie de foto: Chilenos rescatan Sophora únicas para alimentar al picaflor de Juan Fernández
Un equipo de la Universidad de Concepción, con apoyo de Conaf, trabaja en el Archipiélago de Juan Fernández para recuperar Sophora fernandeziana y Sophora masafuerana, árboles endémicos cuya floración sostiene al picaflor de Juan Fernández. El plan combina propagación, protección de renovales y uso de microorganismos benéficos del suelo, frente a la presión de conejos, roedores y zarzamora. La meta es restaurar el bosque insular y estabilizar la población de esta ave críticamente amenazada.
A 667 kilómetros al oeste de Valparaíso, el Parque Nacional Archipiélago de Juan Fernández reúne tres islas: Robinson Crusoe, Santa Clara y Alejandro Selkirk. Allí, una misión de agrónomos y biólogos de la Universidad de Concepción (UdeC), junto a profesionales de Conaf, inició en 2025 una campaña para rescatar dos árboles endémicos: Sophora fernandeziana (madera dura) y Sophora masafuerana. La acción prioriza Robinson Crusoe y Alejandro Selkirk, con salidas a terreno, colecta de material, diagnóstico de regeneración y pruebas de protección contra herbivoría. “Estamos a tiempo de rescatarlas antes de que se extingan”, recalca el equipo, que conecta este esfuerzo con experiencias previas en restauración insular y trabajo con leguminosas nativas de Chile.
El foco no es solo botánico: es también faunístico. Las Sophora sostienen parte clave de la dieta del picaflor de Juan Fernández (Sephanoides fernandensis), un colibrí endémico que visita inflorescencias amarillas y usa el sotobosque para resguardo. En Robinson Crusoe, los habitantes reportan más avistamientos “en la ciudad”, donde abundan flores ornamentales, y menos en el bosque nativo, empobrecido por invasoras y herbivoría. Integrar restauración de hábitat y manejo de amenazas es, por tanto, condición para que la reforestación no quede en viveros. Este encadenamiento ecológico es el que guía los nuevos ensayos en suelo y la plantación protegida de plántulas en sectores priorizados por accesibilidad y humedad.
Por qué importa para el picaflor
El picaflor de Juan Fernández está clasificado como En Peligro Crítico por la UICN, con distribución restringida esencialmente a Robinson Crusoe y tendencia decreciente por pérdida de hábitat, depredadores y competencia. La relación planta–polinizador es especialmente sensible en islas oceánicas: menos flores nativas equivale a menos alimento en periodos clave, lo que reduce éxito reproductivo y resiliencia ante eventos extremos. Iniciativas de restauración que devuelven árboles nativos floríferos, como las Sophora, aumentan ventanas de néctar y refugio, y ordenan el mosaico del bosque hacia una estructura más diversa, con capas que amortiguan viento y radiación. Para una especie con población pequeña y presiones múltiples, cada parche de restauración bien manejado puede marcar diferencias medibles en el corto y mediano plazo.
La archipiélago, además, no es un laboratorio abstracto: es un territorio habitado, con memoria y economías locales. Por eso el equipo busca integrar conocimientos de isleños y guardaparques, quienes aportan mapas de floraciones, corredores de picaflores y zonas con mayor presión de roedores. El manejo adaptativo permite ajustar calendarios de plantación a picos de floración y lluvias, y sincronizar el control de invasoras con la fenología de zarzamoras para reducir rebrote. Ese enfoque aumenta las probabilidades de que las Sophora implantadas lleguen a edad reproductiva, reabriendo la “canilla” de néctar para los colibríes y sumando sombra y hojarasca que mejoren humedad del suelo.
Las especies en riesgo: Sophora fernandeziana y S. masafuerana
Sophora fernandeziana es endémica de Robinson Crusoe. Se la conoce como madera dura o leña dura por su antigua aptitud para embarcaciones y carbón, una historia de uso que contribuyó a su rarefacción. Es un árbol pequeño, de hasta cinco metros, con racimos de flores amarillas y vainas que alojan semillas marrones; hoy su regeneración natural es escasa en sectores abiertos donde prolifera la herbivoría. La autoridad ambiental chilena la mantiene listada y con ficha técnica, un insumo clave para orientar sitios de plantación y resguardo. Volver a verla florecer en pendiente nativa es, además, recuperar un componente cultural de la isla.
Sophora masafuerana está restringida a Alejandro Selkirk (la antigua Más Afuera). En quebradas interiores—como Las Casas, Las Vacas o El Sándalo—sobrevive como arbusto o arbolito de tres metros, con poblaciones históricamente pequeñas y vulnerables a cabras y roedores. Documentos de clasificación reciente estiman escasos sitios con individuos maduros y reclutamiento casi nulo sin protección. Mantener colecciones vivas en jardines botánicos y recuperar hábitat con control de invasoras figura entre las recomendaciones oficiales. Su floración, aunque menos visible para el turismo que la de Robinson Crusoe, también aporta néctar y paisaje a la isla más occidental del archipiélago.
Amenazas: herbívoros y plantas invasoras
En islas oceánicas, pocos invasores hacen mucho daño. En Juan Fernández, tres roedores—Mus musculus, Rattus norvegicus y R. rattus—consumen semillas y renovales; conejos, gatos y cabras completan la presión sobre el bosque. Estudios periodísticos y técnicos han documentado que los roedores pueden comerse más del 40% de semillas en ciertos contextos, y que la zarzamora (Rubus ulmifolius) ocupa claros y provee refugio a mamíferos invasores, cerrando el paso a plántulas nativas. Sin jaulas, mangas o protectores, la plantación de Sophora es, en muchos sitios, una invitación al fracaso. Por eso el control integrado—con extracción de matorrales, manejo de herbívoros y barreras físicas—se vuelve parte del silvicultivo de restauración.
La presión no es pareja. En laderas expuestas, el viento deshidrata plántulas; en fondos de quebrada, la sombra alivia, pero la zarzamora cierra paso y trepa sobre todo. La experiencia acumulada en el parque muestra que, después del despeje, se necesita mantenimiento por al menos dos temporadas para evitar que el banco de semillas de invasoras recupere el terreno. Solo así la luz y la humedad alcanzan niveles que permiten la nodulación eficiente de leguminosas y el arraigo de árboles nativos, paso previo a que los colibríes vuelvan a usar el bosque como comedor y no solo los jardines del poblado de San Juan Bautista.
Qué están haciendo: rescate y microbiología del suelo
El equipo UdeC–Conaf trabaja con microorganismos simbiontes—especialmente rizobios—para inocular Sophora y mejorar su fijación de nitrógeno. La estrategia, probada en otras leguminosas, eleva vigor y supervivencia temprana cuando el suelo ha perdido su microbiota asociada. Las salidas a Robinson Crusoe y Alejandro Selkirk incluyen búsqueda de nódulos, aislamiento de cepas en laboratorio y ensayos de compatibilidad, además de plantación con protectores contra herbivoría. “Hay que plantarlas y protegerlas”, sintetiza la líder del laboratorio, alineando ciencia básica y restauración aplicada. El proyecto se financia con fondos de bosque nativo y articula viveros, jardines botánicos y residentes que apoyan riego y monitoreo de plántulas.
La elección de sitios no es al azar. Se privilegian microhábitats húmedos, sombreados y con baja densidad de invasoras, donde la inoculación tenga más retorno. El aprendizaje viene en parte de Rapa Nui, donde intentos fallidos con toromiro enseñaron que sin la bacteria correcta el árbol no prospera; con cepas compatibles, en cambio, las plántulas despegan. Esa lección—ecología de microbios, no solo de plantas—hoy se aplica a Sophora en Juan Fernández. Para el picaflor, cada racimo de flores de un árbol restituido es energía; para el bosque, cada Sophora adulta es un nodo de nitrógeno que alimenta la sucesión nativa.
Lecciones desde Rapa Nui: el caso del toromiro
Durante 2024 y 2025, UdeC y colaboradores reactivaron la reintroducción del toromiro (Sophora toromiro), extinto en estado silvestre. El hallazgo de rizobios compatibles y la inoculación de plántulas aumentaron su desempeño en vivero y en sitios piloto, al punto de registrar floración en un ejemplar joven. La experiencia, liderada por la Dra. Macarena Gerding con apoyo de especialistas como el ingeniero forestal Jaime Espejo, subraya que la restauración arbórea en islas exige entender la “pareja microbiana” de cada especie antes de pensar en grandes escalas de plantación. Esa “caja de herramientas” se replica ahora en Sophora de Juan Fernández.
Próximos pasos y cómo colaborar
La hoja de ruta combina:
- Ampliar bancos de semillas.
- Producir plántulas inoculadas.
- Instalar protectores.
- Despejar zarzamora y monitorear supervivencia a 12 y 24 meses.
Conaf y la comunidad local pueden canalizar voluntariado para mantención y riego estival; los jardines botánicos suman respaldo ex situ. A escala de política pública, la continuidad de fondos de bosque nativo acorta brechas entre ciencia y terreno. Para los residentes, reportar floraciones y avistamientos de picaflor ayuda a ajustar calendarios de plantación; para visitantes, respetar cierres y senderos reduce dispersión de semillas invasoras en botas y mochilas. Restaurar un bosque insular es maratón, no esprint, y cada temporada bien planificada acerca un poco más el zumbido rojizo del picaflor al corazón del bosque.
Fuente: UDEC, CONAF, MMA, The Guardian, Mongabay, MDPI, BirdLife


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