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Chile entra al Top 10 del Índice de Gobierno Digital de la OCDE y lidera en América Latina

lunes, 14 de septiembre 2026

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Chile entra al Top 10 del Índice de Gobierno Digital de la OCDE y lidera en América Latina

Índice de Gobierno Digital OCDE: Chile sube del 32 al 10 en 2025 y lidera en América Latina tras escalar 22 puestos en el ranking.

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Nacional

Por: Yexika Montilla | 17 de febrero 2026 | 10:39

Chile entra al Top 10 del Índice de Gobierno Digital de la OCDE y lidera en América Latina

Pie de foto: El avance al Top 10 del ranking OCDE de Gobierno Digital refleja mejoras en diseño centrado en usuarios, gobernanza de datos e interoperabilidad.

Chile subió al puesto 10 del Índice de Gobierno Digital (DGI) de la OCDE en la medición 2025, tras ubicarse previamente en el puesto 32, según informó el Ministerio de Hacienda. La evaluación usa datos recogidos en el primer semestre de 2025 y considera políticas e iniciativas aplicadas entre 2023 y 2024. Hacienda sostuvo que el avance ubica al país entre los mayores progresos del grupo y como líder entre las naciones latinoamericanas evaluadas. 

Chile escaló 22 posiciones y quedó décimo en el Índice de Gobierno Digital (DGI) de la OCDE, un ranking que compara la madurez de las políticas y la implementación de la transformación digital del Estado. El Ministerio de Hacienda presentó el salto como un hito de modernización pública, asociándolo a mejoras en servicios y capacidades digitales que impactan la relación cotidiana entre las personas y las instituciones. En el comunicado, el ministerio subrayó que el país se ubica “como uno de los países con el mayor progreso”, además de liderar entre los países latinoamericanos incluidos en la evaluación. Ese mensaje instala una lectura doble: desempeño comparado dentro de la OCDE y señal regional para acelerar reformas similares.

Más allá del número, el DGI se interpreta como una foto de “cómo” avanza un gobierno: no solo si digitaliza trámites, sino si lo hace con estándares de experiencia usuaria, datos y coordinación interinstitucional. La OCDE describe el índice como un benchmark de políticas y su implementación desde un enfoque humano y de todo el gobierno, con puntajes entre 0 y 1. Esa definición es clave para entender por qué el puesto 10 no depende de una sola plataforma o un portal, sino de un conjunto de prácticas y reglas que atraviesan ministerios y servicios. En otras palabras: subir en el DGI sugiere progreso en arquitectura, datos y gobernanza, no solo en “más trámites online”.

Cómo se midió: datos 1S 2025 y políticas 2023–2024

El avance divulgado por Hacienda se apoya en un marco temporal específico. Según el ministerio, para construir el DGI se usaron datos recopilados durante el primer semestre de 2025 y se evaluaron políticas e iniciativas desarrolladas entre el 1 de enero de 2023 y el 31 de diciembre de 2024. Esa “ventana” importa porque alinea la medición con decisiones recientes: normas, proyectos, pilotos y despliegues que suelen tardar meses —o años— en reflejarse en servicios concretos. También evita lecturas simplistas basadas en anuncios: el índice busca evidencias de diseño e implementación, no solo planes.

 

Liderazgo regional: qué afirma Hacienda y cómo leerlo

Hacienda afirmó que Chile lidera “entre las naciones latinoamericanas evaluadas”. La frase es potente, pero conviene leerla con precisión: se refiere al conjunto de países de América Latina que la OCDE incluyó en esa medición, no a un censo exhaustivo de toda la región. Aun así, en la lógica de políticas públicas, ese liderazgo funciona como señal reputacional: sube la vara de comparación y puede influir en cooperación técnica, inversiones en interoperabilidad y prioridades de modernización. Dicho en simple: estar arriba en la muestra regional suele volver más visible el modelo de gestión digital que el país está aplicando. 

El punto de fondo es que el DGI no premia un “proyecto estrella”, sino coherencia entre instituciones. Si la lectura regional se sostiene, la pregunta pasa a ser qué prácticas concretas están empujando el salto: gobernanza de datos, estándares de diseño, plataformas compartidas, transparencia y proactividad. Esa conversación importa porque, en América Latina, la digitalización estatal suele avanzar de manera desigual: algunos servicios se modernizan rápido, mientras otros quedan fragmentados. Un ranking que mira “todo el gobierno” empuja justamente a reducir esa brecha. La comparación regional, entonces, puede ser útil si se convierte en aprendizaje replicable y no solo en celebración.

Las seis dimensiones del DGI y por qué importan para la gente

La OCDE indica que el DGI se basa en seis dimensiones del marco de política de gobierno digital: digital by design, data-driven public sector, government as a platform, open by default, user-driven y proactiveness. En conjunto, estas categorías buscan medir si el Estado diseña servicios pensando primero en lo digital (y no como copia del trámite en papel), si usa datos como activo estratégico, si construye plataformas compartidas para evitar “islas” tecnológicas, si abre información por defecto, si centra la experiencia en las personas y si anticipa necesidades en vez de reaccionar tarde.

Lo que dijo el Gobierno: foco en servicios, datos e interoperabilidad

El relato oficial pone el acento en la modernización del Estado y en la calidad de los servicios públicos digitales. La subsecretaria de Hacienda, Heidi Berner, sostuvo que la escalada “subraya el compromiso del Estado con la modernización” y con servicios “centrados” en los requerimientos de las personas. En la misma línea, el comunicado del ministerio vinculó el avance con políticas y estrategias de los últimos años, reforzando la idea de continuidad institucional más que de un hito aislado. En clave política, el mensaje es claro: el resultado se presenta como validación de una agenda de transformación digital.

Berner también destacó el trabajo en “gobernanza e interoperabilidad de los datos” entre organismos públicos. Esa frase, aunque técnica, es una de las más relevantes para explicar saltos en indicadores comparados: si las instituciones comparten información bajo reglas comunes, se reduce la fricción que hoy hace que muchos trámites sean lentos o repetitivos. El desafío, a la vez, es sostener esos avances con estándares y con mediciones de experiencia usuaria que permitan corregir fallas antes de que se vuelvan estructurales. El ranking entrega un impulso reputacional; mantenerlo exige convertirlo en mejoras visibles y consistentes para la población.

 

Fuente: Ministerio de Hacienda, OECD

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