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Casi la mitad del mundo afrontará calor extremo en 2050 si el calentamiento global llega a 2 °Cdomingo, 13 de septiembre 2026
Casi la mitad del mundo afrontará calor extremo en 2050 si el calentamiento global llega a 2 °C
El calentamiento global expondría a 3.790 millones de personas (41%) a calor extremo en 2050.
Cambio Climático
Por: Yexika Montilla | 28 de enero 2026 | 14:34
Pie de foto: Los autores advierten que la exposición a calor extremo crece con rapidez al cruzar 1,5 °C y piden adaptación temprana y descarbonización para evitar picos de riesgo.
Un estudio de la Universidad de Oxford, divulgado en Nature Sustainability, estima que hasta 3.79 mil millones de personas (41% de la población proyectada) podrían vivir calor extremo hacia 2050 si la temperatura media global alcanza +2 °C sobre niveles preindustriales; el equipo advierte impactos tempranos al cruzar 1.5 °C y urge acelerar adaptación y cero emisiones netas.
El nuevo análisis de la Universidad de Oxford calcula que la población expuesta a calor extremo casi se duplicará entre 2010 y 2050 si el planeta llega a +2 °C, al pasar de 1.54 mil millones de personas (23%) a 3.79 mil millones (41%). El trabajo, publicado como recurso en Nature Sustainability con DOI verificado, usa un conjunto global de grados-día de enfriamiento (CDD) para estimar exposición y necesidades térmicas, y sitúa el umbral de “extremo” en >3.000 CDD. El hallazgo central: el grueso del deterioro comienza antes de los 2 °C, con cambios rápidos mientras el mundo supera 1.5 °C, lo que obliga a planificar políticas de salud pública, energía y urbanismo en esta década. La universidad y el programa Oxford Martin difundieron además un comunicado que resume cifras y países de mayor impacto, subrayando la urgencia de actuar.
La conclusión es políticamente sensible porque se encuadra en la hoja de ruta del Acuerdo de París, adoptado en 2015 y en vigor desde el 4 de noviembre de 2016. Ese marco pide mantener el aumento “muy por debajo” de 2 °C y proseguir esfuerzos para limitarlo a 1.5 °C; cada cinco años, los países deben aumentar la ambición de sus planes climáticos (NDC). El estudio de Oxford enlaza con esa arquitectura: si la trayectoria real se aproxima a 2 °C, el volumen de población con estrés térmico se dispara, con efectos en mortalidad, productividad laboral, educación y movilidad humana. Por eso, sus autores piden una combinación de mitigación acelerada y adaptación temprana, evitando que el retraso regulatorio consolide riesgos y costos futuros.
Dónde será peor: países y poblaciones
El análisis ubica los mayores incrementos de temperatura y demanda de enfriamiento en República Centroafricana, Nigeria, Sudán del Sur, Laos y Brasil, medidos por cambios en CDD ponderados por área. En paralelo, los países con más población afectada—por su tamaño demográfico y clima—son India, Nigeria, Indonesia, Bangladesh, Pakistán y Filipinas. Esta doble lectura—intensidad del cambio y volumen poblacional—importa para priorizar inversiones: no es lo mismo una nación que salta de golpe a condiciones de calor extremo que otra donde ya había altas cargas térmicas y mejores infraestructuras de enfriamiento. La base metodológica utiliza un ensamble climático HadAM4 con escenarios a 1.0, 1.5 y 2.0 °C, y construye mapas gridded de HDD/CDD para cada país.
Un punto clave del estudio es la no linealidad de los cambios: entre 1.0 y 1.5 °C el aumento de CDD es más veloz que entre 1.5 y 2.0 °C. Eso implica que las decisiones de adaptación ya llegan tarde en muchas regiones tropicales y subtropicales. Además, los autores remarcan que países fríos también sufrirán, porque su entorno construido—viviendas que maximizan ganancias solares y transporte sin climatización—está diseñado para otro clima. Allí, un aumento “moderado” puede generar impactos severos por falta de preparación. En síntesis, ya sea por magnitud del cambio o por número de personas, el mapa de riesgos se amplía y complejiza, con resultados que demandan planes específicos por región y nivel de ingreso.
Por qué sube el riesgo: umbral de 1.5 °C frente a 2.0 °C
El IPCC ha documentado que cada décima de grado adicional intensifica la frecuencia, duración y severidad de extremos cálidos, y que limitar el calentamiento a 1.5 °C reduce impactos frente a un mundo de 2 °C. En ese escalón adicional, aumentan la mortalidad por olas de calor, las pérdidas de rendimiento agrícola y las restricciones laborales al aire libre. El estudio de Oxford se alinea con esa literatura: los cambios en demanda de enfriamiento se aceleran al cruzar 1.5 °C, lo que encarece y complica la respuesta, sobre todo donde la red eléctrica es frágil y el acceso a soluciones pasivas es bajo. La planificación pública debe asumir que la ventana de adaptación ordenada se está cerrando rápidamente.
Otra dimensión es la humedad. Diversas investigaciones y el propio IPCC enfatizan que el estrés térmico no depende solo de la temperatura, sino de su combinación con humedad (p. ej., índices WBGT/HI). A igual temperatura, una atmósfera más húmeda disipa peor el calor corporal, elevando el riesgo para salud y productividad. En regiones monzónicas o costeras, este factor puede adelantar la incompatibilidad de actividades al aire libre durante más horas del día. Integrar esta variable en alertas tempranas, protocolos laborales y diseño urbano—sombra, ventilación cruzada, vegetación—reduce daños sin depender exclusivamente de aparatos de aire acondicionado, que además cargan las redes en picos críticos.
Qué recomiendan los autores: adaptación y refrigeración
La autora Radhika Khosla advirtió que los hallazgos “deberían ser una llamada de atención”, porque la exposición crecerá antes de alcanzar 2 °C, mientras el mundo cruza 1.5 °C. El coautor Jesús Lizana subrayó que muchos hogares requerirán climatización en pocos años, pero sin eficiencia y redimensionamiento de redes, la huella energética y de refrigerantes disparará emisiones y picos eléctricos. Ambos insisten en que cero emisiones netas sigue siendo la única vía estabilizada para revertir tendencias, y que la adaptación debe empezar ya con medidas de bajo costo: sombreados, estándares de construcción, aislamiento, ventilación, materiales fríos y techos reflectivos, además de planes de refugios climáticos y alerta temprana en ciudades.
La IEA estima que, sin políticas, el consumo energético para enfriamiento de espacios podría más que duplicarse hacia 2050 y que la eficiencia de los equipos vendidos hoy está muy por debajo del potencial disponible. En su escenario de Enfriamiento Eficiente, duplicar la eficiencia media recorta el consumo de cooling en torno a 45%. Además, proyecciones regionales muestran que la propiedad de aires acondicionados crecerá de forma explosiva en economías emergentes, cambiando la estacionalidad de la demanda y exigiendo gestión de picos, tarifas inteligentes y generación renovable distribuida para evitar apagones y efectos de rebote.
Mitigación: sector construcción y cero neto
Lograr cero emisiones netas a 2050 exige descarbonizar el sector de la edificación—responsable de cerca de un tercio del consumo energético y de las emisiones relacionadas—con códigos de eficiencia, electrificación con calor-bombas, envolventes de alto desempeño y materiales de bajo carbono. El GlobalABC/UNEP reporta que, aunque hubo mejoras puntuales desde 2023, el sector aún no está en trayectoria compatible con París, por lo que los países deben acelerar financiación, estándares y soluciones pasivas que reduzcan cooling sin aumentar la carga eléctrica. El estudio de Oxford aporta una métrica operativa (HDD/CDD) para orientar prioridades país por país e integrar la variable térmica en diseño urbano y planes energéticos.
El segundo frente es limitar la demanda mediante ciudades que mitiguen islas de calor: arbolado, superficies reflectivas, corredores de viento y planificación compacta con acceso a sombra y agua. Donde el AC sea inevitable, conviene acelerar normas MEPS más estrictas, etiquetado claro y refrigerantes con muy bajo PCA. La combinación de medidas pasivas + equipos eficientes + redes limpias reduce el costo total del sistema y protege a hogares vulnerables ante facturas impagables. Esa mezcla también mejora la salud y la productividad, y evita que el remedio (más cooling ineficiente) agrave la causa (más emisiones).
Próximos pasos y verificación de cifras
En términos de política pública, las prioridades inmediatas incluyen:
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Actualizar códigos de construcción.
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Financiar adaptación urbana en barrios calurosos.
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Desplegar redes de refugios y alertas por calor húmedo.
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Alinear NDC/planes de largo plazo con la ruta de 1.5–2.0 °C.
Dado que el Acuerdo de París funciona por ciclos de mayor ambición, este año y el próximo son ventanas clave para que los gobiernos eleven estándares y aceleren inversiones. La evidencia del IPCC y de Oxford sugiere que retrasar decisiones encarece la transición y aumenta pérdidas humanas y económicas, especialmente en regiones de bajo ingreso donde la capacidad de adaptación es menor.
Fuente: Nature Sustainability, Universidad de Oxford, IPCC, IEA, UNEP, UNFCCC


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