Inicio

>

Actualidad

>

Internacional

>

Cable submarino Chile–China Express genera alerta por riesgos de datos y soberanía digital

domingo, 13 de septiembre 2026

Actualidad

Compartir en:

Cable submarino Chile–China Express genera alerta por riesgos de datos y soberanía digital

El proyecto Chile–China Express despierta dudas sobre transparencia y posibles riesgos de ciberseguridad.

Agregar Agroconectados en
Agrega Agroconectados como tu fuente favorita de noticias en Google.

Internacional

Por: Yexika Montilla | 01 de octubre 2025 | 20:46

Cable submarino Chile–China Express genera alerta por riesgos de datos y soberanía digital

Pie de foto: El proyecto Chile–China Express busca unir las costas chilenas con Asia a través de un cable submarino, pero expertos alertan por la falta de transparencia y posibles implicancias en el control de datos.

El plan de un cable submarino entre Chile y Hong Kong, impulsado por Inchcape/ISS, avanza con poca transparencia. Expertos alertan que la legislación china podría comprometer la privacidad y el control de datos en varios países de la región.

La propuesta denominada Chile–China Express aparece en registros internacionales como un cable submarino en desarrollo bajo la gestión de Inchcape/ISS. El objetivo: conectar directamente las costas chilenas con Hong Kong. Sin embargo, hasta ahora no se han revelado los detalles básicos de su financiamiento, consorcio empresarial ni calendario de ejecución. A diferencia de otros planes en la región, el proyecto se mantiene bajo un manto de confidencialidad que genera inquietud en sectores políticos y tecnológicos. Mientras tanto, informes especializados apuntan a que la compañía operadora ha tenido experiencias previas en el ámbito marítimo, pero carece de un historial amplio en telecomunicaciones a gran escala, lo que refuerza las dudas sobre su capacidad para liderar un plan de esta magnitud y trascendencia regional.

Diferencias con el cable Humboldt de Google y Desarrollo País

El contraste con el cable Humboldt resulta inevitable. Este último fue anunciado en 2020 por Google junto a la empresa estatal Desarrollo País y la Oficina de Correos y Telecomunicaciones de la Polinesia Francesa. Desde su origen se presentó con un cronograma público, inversión definida y ruta establecida entre Valparaíso y Sídney, pasando por Tahití. Ese nivel de transparencia permitió a autoridades y especialistas evaluar de manera anticipada su impacto económico y tecnológico. En cambio, el Chile–China Express carece de comunicados oficiales sobre financiamiento o condiciones contractuales, lo que genera un terreno fértil para la especulación. Analistas coinciden en que la falta de información no solo dificulta la fiscalización local, sino que también plantea interrogantes sobre la soberanía digital de la región si el control quedara en manos de actores externos sin contrapesos regulatorios.

Riesgos legales por las normas chinas de ciberseguridad

Las preocupaciones se centran en el marco normativo vigente en China. La Ley de Ciberseguridad de 2017 obliga a operadores de infraestructura crítica a almacenar datos de manera local y a cooperar con las autoridades en caso de requerimientos. A ello se suma la Ley de Inteligencia Nacional, que establece que empresas y ciudadanos, dentro y fuera de China, deben colaborar con los servicios de inteligencia. En este escenario, la posibilidad de que el tráfico de información sudamericano termine pasando por un cable bajo jurisdicción indirecta de Pekín despierta temores de acceso forzado o vigilancia encubierta. “El riesgo no es hipotético, sino normativo”, advirtió un especialista en telecomunicaciones citado por Infobae. La sola eventualidad de que datos financieros, gubernamentales o personales queden sujetos a esas leyes ha intensificado el debate en Chile y en países vecinos.

Posibles efectos en el tráfico regional de internet

Más allá de la infraestructura local, el alcance del proyecto podría extenderse a toda Sudamérica. Debido a la geografía de las redes de fibra óptica, parte del tráfico de Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Perú y Ecuador podría enrutarse a través de este nuevo cable. Esto implicaría que datos estratégicos de millones de usuarios y de empresas multinacionales pasarían por un sistema potencialmente alineado con la legislación china. Especialistas advierten que la concentración de flujos de información en un solo corredor dominado por un actor sin transparencia suficiente puede debilitar la resiliencia digital regional. Si bien no se conocen estudios de impacto técnico, la comparación con otros cables gestionados por consorcios occidentales sugiere que la gobernanza compartida y los estándares de neutralidad tecnológica son factores clave para reducir riesgos de monopolio o filtración de datos.

Precedentes de falta de transparencia en acuerdos chinos

La inquietud por la falta de claridad en el Chile–China Express no surge en el vacío. Experiencias previas en América Latina y África muestran que contratos de infraestructura firmados con instituciones chinas suelen incluir cláusulas de confidencialidad y condiciones poco habituales en estándares occidentales. Reportes de prensa argentina han señalado que estos patrones se repiten en áreas como energía, minería y deuda soberana, lo que incrementa la percepción de riesgo. En la práctica, la opacidad dificulta la fiscalización de compromisos financieros y deja a los países receptores en posiciones de vulnerabilidad si surgen conflictos. En este sentido, la comparación con proyectos transparentes como el Humboldt no solo resalta las diferencias técnicas, sino también la importancia de un marco institucional que garantice información abierta y control público.

Reacciones de analistas y ONGs internacionales

La preocupación también ha llegado a organizaciones internacionales. La ONG europea Safeguard Defenders documentó la existencia de más de 50 estaciones de policía” chinas en el extranjero, algunas de ellas en América Latina, que habrían operado como mecanismos de vigilancia sobre comunidades migrantes. Si bien el gobierno chino ha negado tales acusaciones, el precedente refuerza la percepción de que las infraestructuras ligadas a Pekín pueden tener usos duales. Analistas consultados por medios de la región subrayan que el cable no debe evaluarse únicamente desde un prisma tecnológico, sino también de seguridad nacional y geopolítica. Para varios expertos, la convergencia entre telecomunicaciones y ciberseguridad convierte al Chile–China Express en un tema estratégico que trasciende fronteras y merece debate parlamentario en cada país afectado.

Contexto económico y promesas incumplidas de inversión

El panorama se complica con el historial de proyectos chinos suspendidos en Chile. Iniciativas anunciadas con entusiasmo, como las plantas de Sinovac, BYD o Tsingshan, han sido canceladas o postergadas en los últimos tres años. En paralelo, proyectos impulsados con socios occidentales han mostrado mayor avance y niveles de transparencia pública. Este contraste alimenta la percepción de que las promesas de inversión china no siempre se traducen en resultados tangibles. Para economistas locales, la lección es clara: sin garantías de cumplimiento y transparencia contractual, la región corre el riesgo de quedar atrapada en proyectos estratégicos que, en lugar de fortalecer la conectividad, generen dependencia tecnológica y dudas sobre la protección de datos de millones de ciudadanos.

Próximos pasos y escenarios abiertos

A falta de información oficial, el Chile–China Express se mueve en un terreno de especulaciones y debates cruzados. Por un lado, podría representar una oportunidad de diversificación en la conectividad internacional de Chile. Por otro, si se confirman los temores sobre falta de transparencia y alineamiento con la normativa china, el cable podría convertirse en un factor de vulnerabilidad regional. Lo cierto es que la discusión recién comienza y, a medida que avance la presión mediática, será clave que las autoridades chilenas y sudamericanas definan si apoyan, regulan o rechazan el proyecto. La transparencia, la seguridad jurídica y el control democrático de la infraestructura digital se perfilan como los criterios esenciales para tomar decisiones en los próximos meses.

 

Lo Nuevo