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Biotecnología chilena edita papa Yagana-INIA y reduce el desperdicio de alimentos

domingo, 13 de septiembre 2026

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Biotecnología chilena edita papa Yagana-INIA y reduce el desperdicio de alimentos

Con menor pardeamiento en 24 horas y abre ruta regulatoria caso a caso ante el SAG.

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Ciencia y Tecnología

Por: Yexika Montilla | 17 de febrero 2026 | 12:19

Biotecnología chilena edita papa Yagana-INIA y reduce el desperdicio de alimentos

Pie de foto: Papas que se oscurecen menos: investigadores de INIA reportan líneas de Yagana-INIA editadas en StPPO2 (CRISPR) con oxidación más lenta tras pelado y corte, un rasgo con potencial para reducir desperdicio y mejorar la apariencia del producto.

Un equipo del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) reportó la edición del gen StPPO2 en la papa Yagana-INIA para reducir el pardeamiento postcosecha, un problema que afecta apariencia y valor comercial tras el corte o pelado. El avance, difundido en torno a un estudio en Agronomy (2026), incluye líneas con oxidación más lenta y al menos una variante sin secuencias transgénicas detectables, lo que abre una ruta regulatoria “caso a caso” ante el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).

La escena es simple y repetida: una papa recién cortada, unos minutos al aire y, poco a poco, aparece el tono café. No es peligroso ni “echa a perder” el alimento, pero sí empuja decisiones rápidas: se descarta, se recorta, se esconde en preparaciones donde el color no se note. Ese gesto doméstico se multiplica en ferias, supermercados y plantas de procesamiento, donde la apariencia define ventas, mermas y devoluciones. Por eso el pardeamiento postcosecha se mira hoy como un problema de eficiencia alimentaria, más que como una curiosidad culinaria.

El trabajo liderado desde INIA pone el foco en una variedad con nombre propio en el consumo local: Yagana-INIA, valorada por su versatilidad. Según la síntesis divulgada por ChileBio, el equipo obtuvo líneas editadas que mantienen un color más claro tras el corte, comparadas con el material no editado en una prueba visual a 24 horas de exposición al aire. La lógica es directa: si el tubérculo “aguanta” mejor la etapa en que el consumidor o la industria lo pela y lo corta, disminuye la fricción que termina transformándose en desperdicio.

Qué causa el oscurecimiento: PPO, oxígeno y un gen clave

El pardeamiento en papa ocurre cuando una lesión —corte, golpe o pelado— rompe compartimentos celulares y permite que compuestos fenólicos entren en contacto con oxígeno. En ese escenario actúa la polifenol oxidasa (PPO), una enzima que desencadena reacciones de oxidación y genera pigmentos oscuros. El resultado se percibe como pérdida de “frescura” aunque el alimento siga siendo apto para consumo, de modo que la penalización es, sobre todo, comercial y estética.

Dentro de esa familia enzimática, el estudio se enfocó en StPPO2, descrito como un factor relevante para el oscurecimiento visible del tubérculo. La apuesta científica fue intervenir un punto de control que ya existe en el propio genoma de la papa y modularlo con precisión, sin “mover” el resto del rendimiento o la adaptación agronómica que hacen de Yagana una variedad atractiva para productores y consumidores. Ese enfoque —mejorar un rasgo puntual sin rearmar todo el paquete varietal— es parte del atractivo de la edición genética moderna frente a estrategias de mejoramiento más lentas o impredecibles.

Cómo se hizo: edición CRISPR y verificación de “líneas sin transgenes”

El equipo aplicó una estrategia basada en CRISPR-Cas9 para editar el gen objetivo y luego evaluar el efecto en la oxidación. Se obtuvieron varias líneas candidatas y dos destacaron por reducir el oscurecimiento respecto del control; además, una de ellas (identificada como línea 286 en esa nota) no mostró presencia de secuencias asociadas a la herramienta utilizada —como Cas9— ni del ADN vectorial, un punto descrito como clave para efectos regulatorios. Dicho de otro modo: se reporta una edición que busca terminar en una planta “limpia” de material genético externo detectable, más cercana a un cambio que podría lograrse por variación natural o mejoramiento, pero realizado de forma dirigida.

La distinción importa porque, en la práctica, el debate público suele mezclar “transgénico” con “editado”. En Chile, el propio SAG ha enfatizado que las Nuevas Técnicas de Mejoramiento (NBT) permiten cambios puntuales en el ADN propio sin incorporar genes de otras especies, y que el desafío regulatorio es determinar qué normativa aplica a cada material vegetal desarrollado con estas herramientas. En ese marco, que una línea no presente secuencias transgénicas detectables puede facilitar la discusión técnica, pero no reemplaza el proceso formal que corresponde.

Resultados: menos pardeamiento y menor actividad enzimática

Más allá de la foto comparativa, el valor del trabajo está en conectar el “se ve mejor” con mediciones asociadas al mecanismo. ISAAA —que resume avances de biotecnología agrícola— describe el problema del pardeamiento como un factor que reduce calidad y aceptación, y reporta que el equipo chileno apuntó a genes StPPO en el cultivar tetraploide de élite Yagana-INIA para mejorar apariencia y comercialización. Las líneas editadas se evaluaron con pruebas bioquímicas y visuales, y que el fenotipo se sostuvo en la comparación tras 24 horas, con un comportamiento más estable de las líneas destacadas.

En términos prácticos, el resultado abre una puerta para el sector de papas frescas y para aplicaciones donde el tubérculo se vende ya pelado o cortado, o donde pasa por etapas de manejo intensivo. Cuando el color se oscurece, se disparan pérdidas “invisibles”: rebajas, descartes y retrabajos que consumen energía y tiempo. Por eso, aunque el estudio se centre en una enzima, el impacto potencial se mide en eficiencia: más producto vendible por kilo cosechado y menos descarte por apariencia, sin que eso implique cambiar hábitos del consumidor o añadir insumos químicos para “frenar” la oxidación.

Qué falta para llegar al mercado: el camino regulatorio en el SAG

En Chile, el SAG informó en enero de 2026 una propuesta de resolución para ordenar y transparentar el procedimiento que determina qué normativa se aplica a materiales vegetales desarrollados mediante NBT. En esa comunicación, la ministra de Agricultura señaló que la resolución busca “certeza jurídica” y mayores atribuciones para fiscalizar un proceso ligado a seguridad alimentaria y calidad de producción. En paralelo, el proyecto en consulta pública establece que la solicitud de pronunciamiento es obligatoria para material desarrollado por NBT y detalla plazos y etapas, incluyendo evaluación para determinar si el material se considera o no OGM según el marco aplicable.

Eso significa que una papa editada con este enfoque no “nace” automáticamente como no-OGM por el solo hecho de no portar genes de otra especie: el estatus depende del análisis técnico caso a caso, la información presentada y la resolución que emita el Servicio. Para la innovación, sin embargo, esta hoja de ruta tiene un valor propio: reduce incertidumbre, fija requisitos y acorta la distancia entre un resultado científico y una eventual prueba en condiciones reales. En ese punto, el avance de INIA se vuelve doblemente interesante: por el rasgo postcosecha y por ocurrir justo cuando el país discute reglas más claras para evaluar NBT.

Una señal para la biotecnología local 

La lectura estratégica es que Chile no está mirando la edición genética solo como una promesa abstracta. El director ejecutivo de la entidad, Miguel Ángel Sánchez, lo resume así: “La edición genética es una herramienta de precisión” para responder desafíos productivos y de sostenibilidad vinculados a alimentos básicos como la papa. La frase, breve, apunta a un punto clave: cuando la innovación se enfoca en problemas cotidianos —como el oscurecimiento tras el corte— es más fácil traducirla en valor público, porque el beneficio se entiende sin necesidad de tecnicismos.

 

Fuente: ChileBio, SAG, ISAAA

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