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Bacteria del cáncer del tomate muestra señales de resistencia al cobre en O’Higgins y Maule, según estudiodomingo, 13 de septiembre 2026
Bacteria del cáncer del tomate muestra señales de resistencia al cobre en O’Higgins y Maule, según estudio
Cáncer del tomate es sistémico y puede secar plantas completas: estudio 2026 advierte riesgo por uso reiterado de cobre en Chile.
Ciencia y Tecnología
Por: Yexika Montilla | 03 de marzo 2026 | 10:04
Pie de foto: El cáncer bacteriano del tomate puede diseminarse durante labores como poda y conducción. Un estudio con cinco cepas chilenas detectó determinantes de resistencia al cobre en aislamientos de O’Higgins y Maule.
Un artículo científico publicado en Pest Management Science analizó cinco cepas chilenas de Clavibacter michiganensis y encontró determinantes genéticos vinculados a resistencia al cobre en muestras recolectadas en O’Higgins y Maule. La fitopatóloga Miryam Valenzuela (CEAF, Rengo) advierte que depender de un solo método de control puede perder eficacia y acelerar el problema, por lo que llama a reforzar un manejo integrado con prevención, higiene y alternancia de herramientas.
En los invernaderos y predios tomateros del centro de Chile, una noticia científica encendió alertas: la bacteria Clavibacter michiganensis, causante del cáncer bacteriano del tomate, está mostrando señales de resistencia a aplicaciones de cobre, uno de los controles más usados en la práctica agrícola. El hallazgo proviene de un estudio que secuenció el genoma completo de cinco cepas chilenas y vinculó determinantes genéticos con esa tolerancia, en especial en aislamientos recolectados en O’Higgins y Maule. Para la doctora Miryam Valenzuela, jefa del Laboratorio de Fitopatología del Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF), el punto de fondo es doble: la presión por “subir dosis” puede seleccionar bacterias más resistentes y, a la vez, aumentar impactos ambientales por el uso sostenido de metales en el campo.
Un genoma que explica por qué el cobre puede fallar
El trabajo —publicado “online ahead of print” — comparó cinco cepas chilenas de Clavibacter michiganensis y describió determinantes genéticos asociados a resistencia al cobre. En términos simples, la bacteria no “se acostumbra” por arte de magia: acumula ventajas biológicas que le permiten sobrevivir cuando el control químico se vuelve rutinario. En la divulgación institucional del CEAF, el equipo destaca que dos cepas recolectadas en O’Higgins y Maule incorporaron un gen adicional relacionado con la tolerancia al cobre, un rasgo que podría expandirse si el ambiente sigue favoreciendo a los linajes más resistentes. Valenzuela lo resume con una idea inquietante: no se trata solo de que el producto funcione menos, sino de que la estrategia puede empujar a la población bacteriana hacia variantes más difíciles de controlar.
Una bacteria “sistémica” y fácil de trasladar con las manos
El cáncer bacteriano del tomate es temido por su comportamiento “sistémico”: la bacteria puede ingresar y avanzar por el sistema vascular, interfiriendo la circulación de agua y nutrientes. En el cultivo, eso se traduce en amarillamiento, debilitamiento progresivo y, en escenarios severos, plantas que terminan secándose, con pérdidas que pueden comprometer sectores completos de un invernadero. A ese daño directo se suma una ventaja epidemiológica: la diseminación puede ocurrir durante labores normales como poda o conducción, cuando el contacto —y herramientas mal sanitizadas— llevan el patógeno de una planta a otra. Valenzuela lo plantea sin dramatismos: “solo hace falta tocar una planta infectada” para abrir una cadena de contagio si no hay protocolos estrictos. Esa combinación explica por qué la prevención pesa tanto como la reacción.
Cobre: eficacia preventiva, pero también costo acumulativo
El cobre se ha usado por décadas en agricultura por su efecto antimicrobiano, especialmente como herramienta preventiva. El problema aparece cuando se convierte en la respuesta casi automática: además de favorecer la selección de poblaciones resistentes, el uso sostenido puede contribuir a la acumulación de cobre en suelos agrícolas y a presiones sobre comunidades microbianas beneficiosas. La evidencia científica internacional ha descrito que concentraciones elevadas de cobre pueden asociarse a pérdida de funcionalidad del suelo y cambios selectivos en microorganismos, un efecto relevante para la salud del agroecosistema a largo plazo. Esto no significa que el cobre “no se use”, sino que su rol debe ser cuidadosamente evaluado y enmarcado en una estrategia que no dependa de un único mecanismo de control. En otras palabras: si el cobre se vuelve muleta, la muleta también se gasta.
Manejo integrado: la lista corta que cambia el resultado
Frente al escenario descrito, la recomendación central de Valenzuela es aplicar manejo integrado de enfermedades: un paquete de decisiones que prioriza prevención, higiene y alternancia de herramientas antes de “cargar” el cultivo con más aplicaciones. En la práctica, esto parte por ingresar al sistema con plantas sanas y trazables, monitorear síntomas tempranos y eliminar focos cuando aún son acotados. Luego viene lo que suele fallar por apuro: sanitización rigurosa de herramientas, manos y superficies, más un diseño de labores que reduzca el tránsito entre plantas sospechosas y sanas. Y, si se requiere intervenir con productos, la clave es alternar estrategias —incluidos agentes biológicos o extractos vegetales validados— en vez de repetir cobre como única respuesta. “Usar una batería de productos distintos”, dijo Valenzuela, “no solamente cobre”.
La brecha entre el laboratorio y el predio: urgencia y tiempos reales
El CEAF sostiene que lleva más de una década trabajando en alternativas, pero reconoce un cuello de botella: validar, registrar y escalar soluciones toma tiempo, y el campo suele necesitar respuestas en la misma temporada. Allí aparece un riesgo comunicacional: confundir “hay avances” con “hay reemplazo inmediato”. Lo responsable —y útil para productores— es asumir que la transición será gradual y que, mientras tanto, el mejor retorno está en medidas de contención y prevención que ya son aplicables: higiene, eliminación temprana, orden de labores, trazabilidad de plantines y evaluación técnica caso a caso. El hallazgo genómico no busca alarmar por sí mismo; busca anticipar un escenario probable si se mantiene una dependencia excesiva del cobre. En un cultivo estratégico para el consumo fresco e industrial, la resiliencia se construye antes de que el problema se desborde.
Preguntas Frecuentes
Fuente: PubMed, Wiley Online Library, ScienceDirect, CEAF


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