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Alerta fitosanitaria en Chillán: humedad y calor elevan riesgo de Botrytis en cerezos

martes, 15 de septiembre 2026

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Alerta fitosanitaria en Chillán: humedad y calor elevan riesgo de Botrytis en cerezos

Botrytis en cerezos preocupa a INIA: humedad alta y calor disparan alerta fitosanitaria en Chillán.

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Frutícola

Por: Yexika Montilla | 21 de octubre 2025 | 21:20

Alerta fitosanitaria en Chillán: humedad y calor elevan riesgo de Botrytis en cerezos

Pie de foto: Inspección en huerto de cerezos del centro-sur: la combinación de alta humedad y calor eleva el riesgo de pudriciones latentes que emergen en poscosecha y afectan la exportación. Alerta técnica emitida por INIA Quilamapu.

Una combinación de alta humedad y temperaturas en ascenso encendió la alerta fitosanitaria en el centro-sur de Chile. La floración del cerezo entra en zona crítica por pudriciones de Botrytis y Alternaria, con riesgo de infecciones latentes que emergen en poscosecha y destino. INIA Quilamapu instó a reforzar monitoreo y coberturas resistentes al lavado, mientras impulsa un sensor de detección precoz y una plataforma predictiva para avellano europeo en Maule y Ñuble.

El 20 de octubre de 2025, INIA Quilamapu difundió una advertencia para productores del centro-sur: el cóctel de humedad relativa alta y temperaturas en aumento durante la recta final de la primavera incrementa la presión de hongos en frutales, con foco en cerezos en plena o reciente floración. La fitopatóloga Daina Grinbergs enfatizó que estas condiciones favorecen Botrytis y Alternaria, por lo que pidió intensificar el seguimiento de pronósticos agrometeorológicos y ajustar programas de fungicidas de alta eficacia que ofrezcan resistencia al lavado, considerando episodios de lluvia. La comunicación situó la alerta en Chillán (Ñuble) y proyectó impactos a nivel regional en huertos de exportación del centro-sur, un corredor clave para la cereza chilena y su logística previa a la temporada alta de envíos. 

Cerezos en floración: una ventana frágil

Durante la floración y el cuajado temprano, los tejidos del cerezo se muestran altamente susceptibles a la colonización de hongos necrotróficos. Botrytis cinerea puede iniciar infecciones en flores y estructuras delicadas, permanecer latente mientras las condiciones son menos favorables, y luego avanzar en verdeo, maduración o poscosecha, donde el microclima del embalaje puede activar el desarrollo del patógeno. La Alternaria también participa en complejos de pudriciones, con especies como A. alternata vinculadas a lesiones y pudriciones poscosecha en carozos y otras frutas, lo que complica el diagnóstico temprano cuando los síntomas son discretos o inexistentes en huerto. El problema no es solo fitosanitario: la sincronía entre humedad, temperatura y fenología define una ventana en la que una jornada de manejo mal calibrada puede abrir la puerta a pérdidas posteriores.

Exportación bajo presión: la amenaza de la latencia

Para la fruta de exportación, el mayor riesgo es no ver a tiempo lo que ya está. La infección latente por Botrytis —iniciada en campo y reactivada en almacenamiento, tránsito refrigerado o maduración— puede disparar nidos de pudrición y comprometer líneas completas en packing o contenedores completos en destino. Este fenómeno está documentado en productos frutícolas sensibles, donde el patógeno coloniza tejidos, queda en reposo y explota cuando confluyen humedad interset, microheridas y temperaturas en rangos de crecimiento. A nivel operativo, el efecto se traduce en rechazos, reclamos de compradores y repacking costoso, además de impactos en reputación y precio. Por eso, el control en floración y pre-cosecha no es accesorio: constituye un seguro de poscosecha que protege la cadena de valor cuando la fruta abandona el huerto y entra a la logística internacional.

Respuesta técnica inmediata: monitoreo, coberturas y tiempos

La recomendación de INIA se sostiene en tres frentes operativos. Primero, monitorear pronósticos agrometeorológicos con foco en humedad relativa, lluvia y eventos de rocío, para alinear las ventanas de protección a los pulsos de infección. Segundo, priorizar fungicidas de probada eficacia y resistentes al lavado cuando se pronostiquen precipitaciones o neblinas persistentes, manteniendo rotaciones que retrasen la resistencia. Tercero, reforzar verificación en packing: inspecciones dirigidas, segregación de lotes con mayor exposición a humedad y temperatura, y manejo de ventilación para evitar condensación. En paralelo, prácticas culturales como manejo de canopia para mejorar ventilación y secado ayudan a reducir el inóculo en momentos críticos. Finalmente, sostener registros por cuartel de fechas de aplicación, condiciones climáticas y hallazgos en poscosecha permite correlacionar eventos y ajustar tácticas en tiempo real durante octubre y noviembre.

I+D que llega al campo: sensor de detección precoz (IA)

A la par de las recomendaciones inmediatas, INIA Quilamapu impulsa con la investigadora en inteligencia artificial Paula Vargas el desarrollo de un sensor de detección precoz orientado a identificar arándanos y cerezos con riesgo por Botrytis y Alternaria. La promesa es trasladar capacidades analíticas al huerto y al packing, filtrando tempranamente la fruta sospechosa para evitar que lotes latentemente infectados avancen a cámara o a contenedor. La tecnología —en proceso de I+D— busca robustecer la trazabilidad sanitaria a escala de bandeja o pallet, un punto crítico donde decisiones en minutos evitan quebrantos mayores en destino. Al detectar señales asociadas a infección antes de la expresión visible, el sistema podría reducir costos de repacking y reclamos, y ofrecer un respaldo objetivo en auditorías de calidad. Medios regionales reseñaron el enfoque y su orientación a operación.

Plataforma predictiva para avellano europeo (Maule y Ñuble)

En paralelo, un proyecto apoyado por FIA desarrolla una plataforma de alerta y manejo oportuno para enfermedades fungosas del avellano europeo en Maule y Ñuble, liderado por INIA Quilamapu. El sistema integrará variables meteorológicas y datos de vuelo de esporas para emitir alertas móviles y orientar el momento óptimo de podas, aplicaciones o medidas preventivas, con énfasis en ventanas de infección y umbrales operativos. La hoja de ruta contempla su plena operatividad hacia fines de 2028, aportando analítica aplicada a decisiones diarias del productor. Este tipo de herramientas —cuando se alimentan con datos locales y calibraciones por cultivar— mejora la eficiencia de insumos y reduce exposición innecesaria, un atributo clave ante costos volátiles y estándares crecientes en sostenibilidad y residuos. La articulación público-privada pretende escalar aprendizajes a otros frutales del corredor centro-sur.

Tras las lluvias: hongos de la madera y daños diferidos

Las recientes lluvias abren otro flanco: los hongos de la madera. Géneros como Cytospora/Leucostoma/Valsa y Chondrostereum aprovechan heridas de poda, granizo, insolación o cosecha como puertas de entrada, colonizan cambium y xilema, y en temporadas siguientes degradan vigor, reducen calibre y, en casos severos, causan mortalidad. La epidemiología muestra que el riesgo aumenta en bloques debilitados y con gestión de heridas deficiente, donde los cancros pueden expandirse durante varios años hasta comprometer ramas mayores. La medida más costo-efectiva es prevenir la infección: programar podas en condiciones secas, desinfectar herramientas, aplicar sellantes o pinturas protectoras y remover madera claramente necrosada. Guías técnicas regionales insisten en intervenir pronto sobre síntomas iniciales y evitar retrasos tras episodios de lluvia o niebla que elevan la presión de inóculo.

Próximos pasos: checklist inmediato para productores

En las próximas dos semanas, los huertos con floración reciente o cuaja temprana deberían: (a) revisar pronóstico local de HR/lluvia para decidir coberturas antes de pulsos de infección; (b) verificar mezclas y volúmenes de aplicación en función de canopia y estado fenológico; (c) calibrar rotaciones y respetar carencias; (d) reforzar ventilación en cuarteles densos y eliminar focos de inóculo; (e) en packing, aplicar inspección dirigida a lotes húmedos o con rocío tardío, segregar y ventilar; (f) tras lluvias, sellar heridas y desinfectar herramientas para reducir riesgo de cancros; (g) documentar hallazgos y resultados para retroalimentar decisiones. Este enfoque de gestión por eventos prioriza ventanas críticas y reduce exposición; además, alinea la prevención en campo con el control de poscosecha, cerrando brechas por donde se cuelan las infecciones latentes que tanto cuestan en destino. 

Fuente: INIA, FIA, UC IPM

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