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Agricultura regenerativa: clave para recuperar suelos y reducir el costo de fertilizantes

martes, 15 de septiembre 2026

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Agricultura regenerativa: clave para recuperar suelos y reducir el costo de fertilizantes

La agricultura regenerativa crece por la degradación del suelo, el alza de insumos y la búsqueda de sistemas agrícolas más resilientes.

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Recursos Hídricos y Suelo

Por: Constanza Sanhueza G. | 27 de abril 2026 | 13:51

Agricultura regenerativa: clave para recuperar suelos y reducir el costo de fertilizantes

Pie de foto: La agricultura regenerativa gana terreno en 2026 como respuesta a suelos degradados, fertilizantes más caros y presión climática sobre la producción de alimentos.

La agricultura regenerativa dejó de ser una etiqueta de nicho y entró en el debate agrícola global por una razón concreta: el suelo, la energía y los fertilizantes se volvieron asuntos de seguridad alimentaria. Al 24 de abril de 2026, la crisis de insumos y la degradación de tierras empujan a agricultores, empresas y gobiernos a buscar sistemas menos dependientes de fertilizantes sintéticos y más capaces de resistir sequías, lluvias extremas y volatilidad de precios. Pero el concepto exige precisión: no existe una definición legal universal y sus resultados dependen del clima, el suelo, el cultivo y la calidad del manejo.


La escena se repite en muchas zonas agrícolas: un productor mira el suelo antes de mirar la planta. Lo que antes parecía un detalle técnico —la estructura, la humedad, las raíces, la presencia de materia orgánica— se convirtió en una parte central. La agricultura regenerativa propone justamente ese cambio de foco. No se limita a producir con menos daño; busca que el sistema agrícola mejore con el tiempo, especialmente en el suelo, el agua y la biodiversidad. Esa promesa explica su crecimiento, aunque también obliga a separar la evidencia. La literatura científica advierte que el término se usa de formas distintas, a veces como lista de prácticas y otras como conjunto de resultados esperados.

Qué es realmente la agricultura regenerativa

La agricultura regenerativa es un enfoque de producción que busca restaurar funciones ecológicas dentro del campo. En la práctica, suele combinar mínima labranza, cultivos de cobertura, rotaciones más diversas, integración de animales, compost, reducción de insumos externos y manejo del agua. No es una receta fija. Un viñedo, una explotación cerealera, una huerta intensiva y una pradera ganadera pueden aplicar principios regenerativos de maneras muy diferentes. Lo importante es medir si el sistema mejora: más materia orgánica, mejor infiltración, menor erosión, mayor biodiversidad funcional y menor dependencia de insumos vulnerables. La FAO describe los cultivos de cobertura como una herramienta que protege el suelo, aporta materia orgánica y ayuda a reciclar nutrientes.

Ese matiz es clave porque la palabra “regenerativa” se ha vuelto atractiva para marcas, programas públicos y productores. Puede significar innovación agronómica real. Por eso, la pregunta ya no es solo si una finca usa una práctica concreta, sino qué resultados obtiene y durante cuánto tiempo los sostiene. Un campo puede reducir labranza, pero seguir perdiendo biodiversidad; puede usar cobertura vegetal, pero fracasar si no ajusta el manejo del agua; puede bajar fertilizantes, pero perder rendimiento si lo hace sin diagnóstico. La regeneración no ocurre por declaración: requiere monitoreo, transición técnica y datos comparables según resultados esperados.

Por qué el suelo volvió al centro del debate agrícola

El suelo dejó de ser visto como un soporte inerte. Es una infraestructura viva que regula agua, nutrientes, carbono y biodiversidad. Cuando se compacta, erosiona o pierde materia orgánica, el campo necesita más energía externa para sostener los mismos rendimientos. Ese deterioro no es un problema menor. La edición 2025 de The State of Food and Agriculture de la FAO se centra en la degradación de tierras y en cómo la degradación de cultivos contribuye a escala global brechas de rendimiento. En Europa, la Comisión Europea informó que entre 60% y 70% de los suelos están en estado no saludable y que el costo supera los 50.000 millones de euros anuales.

La agricultura regenerativa gana terreno porque ofrece una respuesta técnica a esa fragilidad. Mantener el suelo cubierto reduce el impacto directo de la lluvia, limita la evaporación y favorece la infiltración. Diversificar raíces permite explorar distintas capas del perfil del suelo. Integrar animales, cuando se hace con planificación y descansos suficientes, puede estimular la recuperación de praderas. El Servicio de Conservación de Recursos Naturales de Estados Unidos advierte que el pastoreo mal manejado daña el sistema, pero que el pastoreo rotativo permite descansar y rebrotar a las plantas. En otras palabras: no se trata de abandonar la agronomía, sino de usarla con lógica ecológica.

Fertilizantes, energía y precios: el nuevo impulso de 2026

La razón económica se volvió más visible en 2026. La producción de fertilizantes nitrogenados depende en gran medida del gas natural: la Agencia Internacional de Energía estima que algo más del 70% de la producción de amoníaco se realiza mediante reformado con gas natural 70% de amoníaco. Esa conexión convierte a los fertilizantes en un punto vulnerable cuando suben la energía, el transporte o el riesgo geopolítico. En marzo de 2026, la FAO advirtió que las interrupciones en el estrecho de Ormuz ya estaban elevando costos para agricultores y que los precios mundiales de fertilizantes podían promediar entre 15% y 20% más en el primer semestre si la crisis persistía.

El impacto no se queda en la fábrica de fertilizantes. En abril de 2026, la FAO informó que el índice mundial de precios de alimentos subió en marzo por segundo mes consecutivo, en parte por el alza energética asociada al conflicto en Oriente Próximo 128,5 puntos. Su economista jefe, Máximo Torero, habló de un “doble shock de costos”: fertilizantes más caros y combustibles más caros en riego, transporte y cadena agrícola doble shock. La agricultura regenerativa no elimina por completo esa exposición, pero puede reducirla cuando aumenta la fertilidad biológica, mejora el uso de nutrientes y baja la necesidad de aplicaciones externas mal ajustadas.

Qué prácticas cambian el manejo del campo

El primer cambio es dejar de pensar el suelo como algo que se corrige solo con insumos. Los cultivos de cobertura, los residuos vegetales y el compost buscan alimentar el sistema, no solo el cultivo de la temporada. La mínima labranza intenta proteger agregados, hongos, raíces y poros que permiten circular aire y agua. Las rotaciones rompen ciclos de plagas y ayudan a distribuir mejor la demanda de nutrientes. En ganadería, el pastoreo planificado mueve animales para evitar sobrepastoreo y permitir recuperación vegetal. En agricultura intensiva, la transición suele incorporar análisis de suelo, bioinsumos, corredores de biodiversidad, riego más eficiente y maquinaria de menor impacto en la materia orgánica.

La evidencia reciente apunta en una dirección favorable, pero no automática. Un estudio de 2025 en sistemas agrícolas de largo plazo encontró que prácticas regenerativas diseñadas como sistema completo pueden mejorar biodiversidad y salud del suelo manteniendo productividad sostenible biodiversidad y suelo. En ganadería, un artículo de Nature Food publicado en marzo de 2026 mostró que, en predios ovinos australianos, ciertos manejos regenerativos podían mejorar productividad y rentabilidad, aunque los resultados variaban según lluvia, carbono orgánico inicial y manejo del pastoreo. La conclusión periodística es clara: hay potencial, pero no hay garantía universal.

Rentabilidad: promesa, evidencia y límites

Durante años, la crítica más repetida fue que la agricultura regenerativa era ambientalmente atractiva, pero productivamente débil. La discusión ya no es tan simple. En muchos predios, la rentabilidad no depende solo de toneladas por hectárea, sino del margen: cuánto cuesta producir cada tonelada, qué riesgo asume el agricultor y cuánto pierde cuando el clima se vuelve extremo. Un sistema con menor rendimiento inicial puede ser más rentable si reduce fertilizantes, fitosanitarios, combustible o pérdidas por estrés hídrico. Pero también puede fracasar si la transición se hace sin capital, asistencia técnica o mercado dispuesto a reconocer el cambio en el margen agrícola.

La transición es el punto más delicado. Bajar insumos antes de recuperar funciones del suelo puede provocar pérdidas. Cambiar rotaciones sin acceso a maquinaria o compradores puede complicar el flujo de caja. Integrar animales requiere infraestructura, cercos, agua y conocimiento. Por eso, la agricultura regenerativa avanza cuando se combina con medición, crédito, seguros, asistencia técnica y políticas públicas. La evidencia sobre fertilizantes también refuerza esa lectura: un análisis de Nature Food de 2025 calculó que 1.800 millones de personas dependen de fertilizantes importados o de fertilizantes producidos con gas importado. La resiliencia, entonces, no es una idea abstracta: es una forma de reducir exposición.

Chile y América Latina: transición con apoyo público y presión climática

En América Latina, la conversación tiene un peso especial porque la región es una exportadora neta de alimentos y al mismo tiempo enfrenta sequías, erosión, degradación y presión sobre el agua. La FAO, en el lanzamiento de la estrategia agropecuaria de CAF para la región, destacó que existen prácticas sostenibles, regenerativas y resilientes capaces de reducir impactos climáticos, proteger biodiversidad y conservar agua y suelos agua y suelos. En Chile, INDAP mantiene el Programa de Transición a la Agricultura Sostenible, presente en las 16 regiones, con asesorías, capacitaciones e incentivos económicos para productores que adopten manejos sustentables.

Ese dato local importa porque la regeneración no se masifica solo con discursos. Requiere instrumentos que reduzcan el riesgo del productor. En el caso chileno, INDAP también ha difundido experiencias de ganadería regenerativa en la agricultura familiar campesina, con manejo espacial y temporal del pastoreo, recuperación de praderas y capacitación técnica. No todos esos programas equivalen automáticamente a agricultura regenerativa certificada, pero muestran que la agenda pública se mueve hacia suelos, biodiversidad, agua y adaptación. Para productores pequeños, la pregunta central será si la transición mejora ingresos y estabilidad sin imponer costos imposibles.

Por qué ya no basta con llamarla “sostenible”

La agricultura regenerativa va a más porque responde a varias crisis a la vez: degradación de tierras, volatilidad energética, fertilizantes caros, presión climática y demanda de cadenas alimentarias con menor impacto. También crece porque grandes empresas comenzaron a invertir en programas asociados al término. Esa escala confirma interés empresarial, pero también aumenta la necesidad de estándares, auditoría y transparencia.

La clave para 2026 respecto a la agricultura regenerativa está en cambiar la pregunta: no solo cuánto produce un campo este año, sino qué tan capaz será de producir dentro de diez años, con mejor manejo de agua disponible, costos energéticos, eventos extremos y suelos más exigidos. Cuando mejora el suelo, el agricultor gana margen de maniobra. Cuando depende menos de insumos volátiles, reduce vulnerabilidad. Cuando mide resultados, puede defender mejor su modelo ante mercados. La agricultura regenerativa es producir alimentos entendiendo que el suelo también es uno de los capitales productivos más importantes y que merece mayor cuidado y protección.

Preguntas Frecuentes

Fuente: Frontiers in Sustainable Food Systems, FAO, Nature Food.

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