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Agricultura chilena debate sobre dependencia de mano de obra extranjera en 2025

lunes, 14 de septiembre 2026

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Agricultura chilena debate sobre dependencia de mano de obra extranjera en 2025

El agro necesita 250.000 temporeros en 2025 y crece debate por formalizar migrantes y reducir informalidad.

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Por: Yexika Montilla | 29 de septiembre 2025 | 08:59

Agricultura chilena debate sobre dependencia de mano de obra extranjera en 2025

Pie de foto: Recolección de fruta en Chile, donde gremios agrícolas piden formalizar a migrantes mientras el Gobierno advierte alta informalidad en el sector.

El presidente de la SNA, Antonio Walker, reabrió el debate sobre regularizar migrantes para enfrentar la escasez de trabajadores en el agro. El Gobierno advirtió de alta informalidad y cifras que sitúan la participación de extranjeros en apenas 6–10% de la fuerza laboral agrícola.

La discusión sobre la mano de obra en la agricultura chilena volvió a instalarse en la agenda pública tras las declaraciones de Antonio Walker, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA) y exministro durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera. Walker planteó que la escasez de trabajadores nacionales es tan aguda que el sector enfrenta dificultades para asegurar la cosecha de productos de exportación, en especial la cereza. Según su estimación, para la temporada 2025 se necesitarán 250.000 temporeros, una cifra que difícilmente podrá cubrirse con la fuerza laboral chilena disponible. El dirigente pidió formalizar a los migrantes que ingresaron con visa de turista y trabajan de manera irregular en el campo. “Ellos son un aporte real y necesitamos incorporarlos al sistema”, señaló en entrevista con El Mercurio.

Postura del gremio agrícola y empresarial

La posición de Walker encontró respaldo en la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), cuyo liderazgo advirtió que la carencia de trabajadores nacionales afecta la competitividad del sector. Susana Jiménez, presidenta de la CPC, defendió la idea de generar mecanismos formales de ingreso y contratación de migrantes para el agro. “Hay ciertos sectores que demandan más mano de obra y que no dan abasto efectivamente con la disposición de trabajadores nacionales”, afirmó tras la Tercera Cumbre Agrícola realizada en Santiago. Para el empresariado, la situación es estructural: cada temporada la agricultura requiere decenas de miles de trabajadores estacionales, en especial en fruticultura, y la oferta interna resulta insuficiente. Además, argumentan que, en países competidores como Perú, España o Estados Unidos, el trabajo agrícola se apoya en gran medida en temporeros extranjeros, lo que normaliza esta dependencia.

Desde el Ejecutivo, la discusión recibió un matiz distinto. El presidente Gabriel Boric fue categórico al señalar durante la 80ª Asamblea General de Naciones Unidas que “Chile no está en condiciones de recibir más migración, en particular migración irregular”. Mientras que la ministra de Agricultura, Ignacia Fernández, profundizó en esa línea al explicar que el agro enfrenta dos problemas clave: envejecimiento de los trabajadores nacionales e informalidad laboral. Según datos de la cartera, cerca del 40% de los trabajadores agrícolas se desempeña sin contrato ni seguridad social, lo que coloca al sector por encima de la media nacional. Fernández aclaró que los migrantes representan solo entre 6% y 7% de la fuerza laboral agrícola, y considerando a quienes están en situación irregular, la cifra llega como máximo al 10%. “Los migrantes cumplen un rol complementario al trabajo nacional, pero el foco debe estar en reducir la informalidad”, indicó la ministra.

La informalidad laboral como problema estructural

El alto nivel de informalidad en la agricultura es uno de los puntos más sensibles del debate. De acuerdo con estadísticas del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la tasa de informalidad general en Chile ronda el 27%, mientras que en el agro supera el 40%. Esto significa que miles de trabajadores realizan labores estacionales sin cotizaciones previsionales ni cobertura en salud, lo que los expone a riesgos económicos y sociales. Para los gremios, la informalidad está asociada en parte a la falta de instrumentos legales que permitan regularizar a quienes ingresan con visa de turista o trabajan de manera temporal. Para el Gobierno, en cambio, la prioridad es fortalecer la fiscalización y modernizar los mecanismos de contratación. Esta tensión revela una paradoja: mientras los agricultores piden más flexibilidad para contratar migrantes, el Estado insiste en que primero debe resolverse la precariedad laboral que afecta a los propios trabajadores nacionales.

Perspectiva del sector privado frutícola

Miguel Canala-Echeverría, gerente general de Frutas de Chile, sostuvo que la fruticultura, motor de las exportaciones agrícolas del país, depende de trabajadores extranjeros al igual que en otras naciones. “Nosotros necesitamos un porcentaje de gente que viene a trabajar todos los años a Chile. Y aquí quisiera precisar, el mecanismo existe: la gente debe ingresar por las vías formales”, declaró.

El ejecutivo destacó que programas de contratación temporal, como los aplicados en Canadá o España, podrían replicarse en Chile para asegurar una fuerza laboral estacional confiable. Al mismo tiempo, advirtió que el aumento de la demanda internacional por frutas chilenas, especialmente cerezas y arándanos, obliga a contar con mano de obra suficiente para no perder mercados. La propuesta del gremio frutícola es que la migración legal sea parte de una política de Estado y no solo una solución coyuntural a la escasez de temporeros.

Reacciones políticas y parlamentarias

En el Congreso, las declaraciones de Walker provocaron reacciones encontradas. La senadora Paulina Núñez (RN) criticó la idea de formalizar a migrantes que ingresaron con visa de turista y calificó sus palabras de “imprudentes e improvisadas”. A su juicio, una medida de tal envergadura no puede justificarse solo por la necesidad de mano de obra agrícola, ya que implica efectos en educación, salud y vivienda, especialmente en regiones como Antofagasta. Allí, el aumento de asentamientos irregulares y la saturación de consultorios y colegios hacen más compleja la recepción de nuevos migrantes. La parlamentaria pidió que cualquier decisión se integre en un plan que considere impactos territoriales y sociales. En contraste, sectores ligados al mundo productivo defendieron la urgencia de dar certezas a los empleadores para evitar pérdidas en la próxima temporada de exportaciones, lo que refleja la distancia entre visiones políticas y empresariales.

Desafíos para la agricultura chilena

El debate sobre la mano de obra extranjera en el agro revela una disyuntiva mayor: cómo equilibrar competitividad productiva, regulación migratoria y protección social. La agricultura es uno de los sectores que más empleo temporal genera en el país, y su éxito exportador depende en gran medida de disponer de fuerza laboral en momentos clave de la temporada. Sin embargo, los datos muestran que la dependencia de migrantes, aunque real, sigue siendo minoritaria frente al volumen total de trabajadores. El verdadero talón de Aquiles parece ser la informalidad, que afecta a cuatro de cada diez empleados rurales. Resolver esa brecha, al mismo tiempo que se establecen vías legales y seguras para la contratación de extranjeros, será uno de los principales desafíos de la política agrícola en los próximos años. El desenlace de este debate probablemente dependerá del clima electoral y de la capacidad de construir acuerdos entre gobierno, gremios y parlamento.

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